Los brotes verdes del árbol de la Umma

La paz sobre vosotros

Dice el Libro de Allâh:

¡Ay de aquéllos que escriben la Escritura con sus manos y luego dicen: «Esto viene de Alâh», para, luego, malvenderlo! ¡Ay de ellos por lo que sus manos han escrito! ¡Ay de ellos por lo que han cometido! (2-79)

Y los hay que tomaron una mezquita como perjuicio, incredulidad, división entre los creyentes y lugar de acecho al servicio de quien anteriormente había hecho la guerra a Allâh y a Su mensajero. Jurarán con seguridad: «No queríamos sino el bien». Allâh atestigua que son mentirosos.
No permanezcas nunca en ella, pues verdaderamente una mezquita cimentada sobre el temor desde el primer día, es más digna de que permanezcas en ella.
Allí hay hombres que aman purificarse y Allah ama a los que se purifican.
¿Quién es mejor, quien cimienta su edificio sobre el temor de Allah y Su beneplácito o quien lo cimienta al borde de una pendiente, a punto de desplomarse, y es arrastrado por ello al fuego de Yahannam?
Allah no guía a la gente injusta.
El edificio que han construido, no dejará de ser una duda en sus corazones a menos que éstos se rompan. Allah es Conocedor y Sabio.
Es cierto que Allah les ha comprado a los creyentes sus personas y bienes a cambio de tener el Jardín, combaten en el camino de Allah, matan y mueren.
Es una promesa verdadera que Él asumió en la Torá, en el Inyil y en el Corán.
¿Y quién cumple su pacto mejor que Allah?
Así pues regocijaos por el pacto que habéis estipulado.
Este es el gran triunfo
.(107-111)

Hermanos/as:

Estas aleyas del Corán hablan de una misma cosa. De un mismo tipo de gente, de un mismo grupo de personajes.

Aquellos que modifican el Libro de Allâh son como los que podemos leer en la primera aleya. Más aún, además de pertenecer a aquellos a quienes Allâh amenaza, lo hacen asimismo, por definición, al segundo grupo, es decir, los herederos legítimos de las maldades de aquel Abu Amir el monje, de quien habla el Corán en los 5 versículos que presentamos de la Surat A-t-Tawba. Y esto es fácil de deducir desde el momento en el que la profanación, la adulteración que han ejercido sobre el Libro de Allâh, les sirve para construir una mezquita del mal desde la cual propagan las ideas las cuales quieren inculcar mediante su adulteración.

Nosotros no podemos quitar la venda de los ojos a los ciegos diciendo esto; provisto que la mayor parte de las cegueras en materia de Din son queridas y consentidas por los propios aquejados.

Sí podemos exponer el mal allá donde quiera que se presente, para que todos reciban el testimonio y, llegado el día, nadie pueda decir que no fue advertido.

Nosotros advertimos, pues, como seguidores del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – estamos obligados a hacerlo; pero asimismo no somos responsables de las reacciones personales.

Si a algunos no les importa que se haya adulterado el Libro de Allâh por gente malvada, quienes como roedores quieran derribar el Islam por dentro, a nosotros su suerte tampoco la tenemos en cuenta, ni sufrimos por ella, desde el momento en el que los vemos como aquellos que llegaban a Meca y tapaban sus oídos para no escuchar al Profeta, aleccionados por el Qurayš.

Y a fe que no podemos ver la diferencia, si es que la hubiera, entre el Qurayš que negó al Profeta y entre las gentes que aprovechan la excusa de una pretendida traducción para adulterar el Corán.

Por otro lado, ¿qué consideración podrían tener para nosotros aquellos a quienes no les importe que alguien juegue con el Corán y por tanto con la religión?

Volviendo a la falsificación fraudulenta llevada a cabo por García, Asad y otros, ¿acaso no es de esa manera que actuaron ˤAbdu-l-Lâh Ibn Ubay y Abu Amir el monje? ¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde está la diferencia con los que cambiaron la Torá y el Inŷil, los cuales son mencionados en la primera de las aleyas que hemos presentado?

Estamos en una época en la que cada uno debe sopesar muy bien su estatus en la religión. En la que uno ha de aferrarse a Allâh con confianza y denuedo, en la que uno ha de tomar su propio asunto con las dos manos, con firmeza y claridad de ideas. Pues si no lo hacemos de esta manera sucumbiremos a los engaños de aquellos que gozan con el extravío y la ignorancia de otros.

Observamos con tristeza como muchos caen presa de manipulaciones de gentes sin escrúpulos; somos testigos de cómo cándidamente muchos se dejan convencer con amables palabras y sonrisas; de cómo muchos entregan su confianza a gentes que como el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – decía gastan palabras angelicales siendo sus corazones como el de los lobos.

Observamos con estupor cómo, y a pesar de que el Profeta dijo que en estos tiempos los ignorantes y los malvados se subirían a los estrados para engañar a otros, se les sigue, se les escucha, pensando, al contrario de lo que dijo Muhammad, que la cantidad de seguidores es marchamo de autenticidad.

¡No! ¡Al contrario! Más gente sigue a alguien, más se constata su ignorancia o maldad. Dice el Profeta una cosa ¿y hacemos nosotros otra? ¡Por Allâh, no se puede estar más ciego!

Hay que tener respeto por el Din, pero también por nosotros mismos; por el ser que Allâh nos ha dado para seguir el camino de la Verdad y no jugar con él, perdiendo con ello el respeto al Don divino que Allâh nos ha dado regalándonos nuestro ser, siguiendo a gente corrupta. ¿Es aceptable en el Islam seguir a gente a la que el Profeta comparó el pueblo de Ad; a gente que vende su alma por un puñado de dinero, por las migajas que caen del plato de los opíparos comensales de la mesa de los faraones de la época?

Hemos llegado al límite; hemos sobrepasado todas las líneas rojas que nos han sido marcadas en la Religión. Se ha pasado de ser los testigos del bien para ser los que aplauden el mal. Se ha perdido el honor, el sentido de la justicia, la generosidad, la sinceridad, el amor y la perspicacia interior, para cambiarlo por la indolencia, la holgazanería, , el orgullo, la avaricia, la falta de conocimiento de tal manera que ya no se sabe distinguir la mano derecha de la izquierda. Hasta tal punto que ya no se sabe si se marcha hacia adelante o hacia atrás.

Es el fin; el fin que se había anunciado; una situación tal que precisa de alguien de Allâh que venga con Su Poder para restaurar la religión; para recoger lo que otros tiraron; para recomponer lo que otros derribaron; para explicar de nuevo el Islam comenzando por el Alif y la Ba, viendo el estado generalizado de ignorancia e indolencia en el que se encuentra la Umma. Estamos esperando la Gracia de Allâh, Quien sin duda enviará a alguien para renovar y revivificar el Islam.

Un brote verde del Arbol de la Verdad que puede repoblar toda la Umma con la ayuda del Altísimo.

¡Que Allâh nos ampare! ¡Que Él nos haga de los defensores de Su religión; adalides de la Verdad; portavoces de lo bueno y testigos de Su Palabra, la cual llena nuestros corazones de Fé, abruma nuestras consciencias de estupor y trae la Paz y la Felicidad a nuestros corazones!

Amin.