Libro de los secretos del Ayuno I
Abu Hamid Gazali – Traducido y comentado por Abdessalam Ortiz
LIBRO DE LOS SECRETOS DEL AYUNO I [1]
He traducido el Libro de los secretos del ayuno, escrito por Abu Hamid al Gazali, quien ha sido conocido desde su tiempo como Huyya-l-Islam (La prueba del islam), indicando que se trata de una gran referencia en todas las parcelas de la religión.
Este capítulo forma parte de «La revivificación de las ciencias de la Religión (Ilhya ‘Ulumuddin)» que es, puede ser, la obra más conocida suya.
Gazali (nacido en Tus- Iran) estuvo impartiendo clases de jurisprudencia en la Universidad Nizamiyya, hasta que su hermano le aconsejó aprender el Sufismo. Acogió el consejo de su hermano y estuvo viajando durante 10 años en los que se convirtió en uno de los más grandes maestros sufis de todos los tiempos.
Es así que cuando escribió «La Revivificación de las ciencias de la Religión», lo hizo teniendo en cuenta de que toda prescripción del Islam tiene una vertiente interior que la reviste de una altitud y una proyección elevada.
En cuanto al escrito que presentamos se trata ciertamente de las prescripciones del ayuno y de la importancia de éste como motor de gran parte de las prácticas religiosas, lo mismo que como refuerzo de la moral personal y social.
En el Nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso
Las alabanzas sean para Dios, quien ha engrandecido su favor hacia sus siervos, protegiéndoles de las estratagemas y de las artes de Satanás, ha rechazado su esperanza y le ha desilusionado, al hacer del ayuno una fortaleza y protección para sus íntimos y les ha abierto las puertas del paraíso y les ha hecho saber que el medio camino de Satanás para llegar a sus corazones son las pasiones sometidas y que, ciertamente, reprimiéndolas, el alma se convierte en un alma apaciguada, espinosa, para romper a su rival, y de fuerte robustez. Y que la gracia de Dios sea sobre Muhammad, el guía de la creación, quien allana la Sunna, y sobres su familia y sus compañeros, los de vista penetrante e intelectos que inclinan la balanza, y que le conceda mucha paz. Y después:
Ciertamente, el ayuno es un cuarto de la fe[2], según el dicho del Profeta: “El ayuno es la mitad de la paciencia”, y según su otro dicho: “La paciencia es la mitad de la fe”. Además, está distinguido por la particularidad de la relación con Dios[3], el Altísimo, de entre los demás pilares, en tanto en cuanto que Dios, el Altísimo, ha dicho, según lo que de Él ha contado su Profeta: “Toda buena acción será recompensada desde diez veces a setecientas veces, excepto el ayuno, pues, ciertamente, él es para Mí, y Yo recompenso por él”. Y Dios, el Altísimo, ha dicho: «Los pacientes recibirán una recompensa ilimitada[4]»[5].
El ayuno es la mitad de la paciencia y su retribución sobrepasa la ley de la estimación evaluación y del cálculo. Basta decir, para conocer su favor, su dicho del Profeta: “Por Aquel en Cuya mano está mi alma, ciertamente el (mal) olor de la boca del ayunante es más perfumado, para Dios, que el olor del almizcle. Dice Dios: ‘Ciertamente, esparce deja su deseo pasión, apetitos, su comida y su bebida por mí. Así pues, el ayuno es para mí y Yo recompenso por él’”. Y dijo el Profeta: “El Paraíso tiene una puerta, llamada al-Raiyyan por la que no entran más que los ayunantes. Es una promesa de encuentro con Dios, por una parte de su ayuno”. Y dijo: “El ayunante tiene dos alegrías: una, cuando rompe su ayuno; y otra, cuando se encuentra con su Señor”. Y dijo: “Todas las cosas tiene una puerta. La puerta de la adoración es el ayuno”. Y dijo: “El sueño del ayunante es adoración”.
Transmitió Abu Hurayra – que Dios esté satisfecho con él – que el Profeta dijo: “Cuando entra el mes de ramadán, se abren las puertas del paraíso, las puertas del fuego se cierran, los demonios son encadenados y alguien llama: ‘¡Oh, tú, que deseabas el bien, ven (rápido)!’. Y: ‘¡Oh, tú, que deseabas el mal, abstente (de pasar, renuncia)’!”. Y dijo Waqiˤ[6], acerca de la aleya: «¡Comed y bebed en paz el fruto de lo que hicisteis en días pasados!»[7], que «los días pasados» son los días de ayuno, durante los cuales han dejado de comer y de beber.
El Profeta coloca al mismo nivel, de orgullo, a la ascesis y al ayuno, pues dice: “Dios, Altísimo, se enorgullece, ante sus ángeles, del joven devoto, y le dice: ‘Oh, joven, que has dejado tu deseo por mí, que has sacrificado tu juventud por Mí. Tú eres para mí como algunos de mis ángeles’”. Y dijo el Profeta, acerca del ayunante: “Dios, Exaltado sea, dice: ‘¡Oh, mis ángeles! Mirad a mi siervo. Ha dejado su deseo, su placer, su comida y su bebida por Mí‘”. Y se dice, acerca de la aleya: «Ningún alma sabe la alegría reservada a ellos, en retribución a sus obras.»[8], se dice: Sus obras eran el ayuno, porque Él ha dicho: «Los pacientes recibirán una recompensa ilimitada».
Pues al ayunante se le descarga su recompensa en bloque, sin estar incluido en una ilusión o en una estimación, y es capaz de ser así, porque el ayuno ciertamente era para Él y era honorable, por su relación con Él, aunque sean todos los actos de adoración para Él, como ennobleció la Casa por la relación consigo mismo y toda la tierra es para Él, por dos significados de dos maneras:
- La primera: es que el ayuno es abstención y renuncia. Y, en sí mismo, es un secreto, en el que no hay acción visible. Pues todos los actos de obediencia son contemplados y vistos por las criaturas, pero el ayuno no lo ve más que Dios. Es una acción en el interior, por la pura mera paciencia.
- La segunda: es que es un fastidio para el enemigo de Dios, pues, ciertamente, el medio instrumento de Satanás, que Dios le maldiga, es las pasiones. Y solamente las pasiones se refuerzan por la comida y por la bebida. Y por ello dijo el Profeta: ”Ciertamente Satanás corre por las venas del ser humano. Estrechadle el camino mediante el ayuno”. Por ello le dijo a ˤAiša: “Toca siempre la puerta del Paraíso”; “¿Con qué?”, preguntó ella. Respondió: “Con el hambre”. Los favores del ayuno vendrán en un libro: su mal, la comida – y su tratamiento de la estancia de las cosas que llevan a la destrucción. Puesto que el ayuno es, sobre todo, represión (doma) para Satanás, barrera en su camino y estrechamiento en su curso, merece ser dedicado (reservado) a Dios[9] puesto que en la represión del enemigo de Dios hay una ayuda para Dios.
- Y a quien ayuda a Dios le está reservada la ayuda. dice Dios: «Si auxiliáis a Dios, Él os, auxiliará y afirmará vuestros pasos»[10]. El comienzo, el esfuerzo, es de parte del siervo. Y la recompensa, la guía, es de Dios. Por ello, Dice: «A quienes se hayan esforzado por Nosotros, hemos de guiarles por Nuestros caminos»[11]. Y Dice también: «Dios no cambiará la condición de un pueblo mientras éste no cambie lo que en sí tiene.»[12]. Y ciertamente el cambio es un aumento de las pasiones, pues estas son dehesa y pasto de los demonios: mientras que no dejan de ser fértiles, no dejan de frecuentarlas. Y mientras que no dejen de frecuentarlas no se le descubrirá al siervo la Majestad de Dios, estando velado ante Su encuentro. Y dijo el Profeta: “si no fuera porque los demonios rondan en torno a los corazones de los seres humanos, habrían mirado estos la realeza de los cielos (el Reino de los Cielos)”.
- De esta manera, el ayuno pasa a ser puerta de la adoración y pasa a ser protección. En tanto en cuando se engrandece su excelencia a este extremo, hay que aclarar sus condiciones (surut), tanto externas como internas, mencionando sus pilares, sus sunan y sus condiciones internas. Esto lo aclaramos en tres secciones.
SECCIÓN PRIMERA
Acerca de sus obligaciones y de sus sunan exteriores y lo que hay que hacer en caso de que se eche a perder.
Las obligaciones exteriores son seis:
- Primero: Vigilar el comienzo del mes de ramadán. Ello se hace viendo el creciente. Si el cielo estuviera cubierto (de nubes), se completarán treinta días del mes de ša’ban. Por “ver” (el creciente) queremos decir “conocer” (que se ha visto). Y ello ocurre cuando lo dice un sólo testigo digno de confianza. (La visión) del creciente de šawwal sólo se produce si lo dicen dos testigos de confianza, como salvaguardia del acto de adoración (que supone el ayuno de ramadán). Quien oye a un testigo de confianza, confía en lo que dice, y cree que dice la verdad, entonces, debe ayunar, aunque el juez no haya decidido a este respecto, y que cada siervo siga, en su adoración, lo que crea. Cuando se vea el creciente en una población, pero no se vea en otra, y entre ambas haya menos de dos jornadas [de distancia][13], ambas deben ayunar. Si [la distancia] fuera mayor, entonces que cada población sigue su juicio, sin que se transgreda la obligatoriedad.
- Segundo: La intención. Es necesario que cada noche se haga la intención, por la noche, de una manera concreta y absolutamente cierta. Si uno hace la intención, de ayunar el mes de ramadán, de una sola vez, no es suficiente. Es lo que queríamos decir al decir “cada noche”. Y si hiciera la intención por el día, no le bastaría el ayuno de ramadán, ni ningún ayuno obligatorio. Sólo el voluntario. Es lo que queríamos decir al decir “por la noche”. Y si hiciera la intención de ayunar en general, o el (ayuno) obligatorio, en general, no le bastaría, hasta que no hiciera la intención de (ayunar) el precepto de Dios del ayuno de ramadán. Si hace la intención, en la noche de la duda[14] de ayunar a la mañana siguiente si fuera ramadán, no le bastaría, puesto que no sería una (intención) absolutamente cierta. A no ser que base su intención en la palabra de un testigo de confianza. La probabilidad de que el testigo cierto se equivoque, o mienta, no invalida su certeza absoluta (yazm). O que se base en una presunción legal (istishab al-hal)[15], como la duda en la última noche de ramadán. Ello no impide la certeza absoluta de la intención. O que se base en un esfuerzo personal, como aquel que está encarcelado en una prisión subterránea. Si cree que es probable que haya comenzado ramadán, y lo duda, ello no le aparta (la corrección de ) su intención. Pero, cualquiera que sea la forma que tenga de dudar en la noche de la duda, no le sirve la certeza absoluta de su intención con la lengua, pues el lugar de la intención es el corazón. Y no se concibe en él la certeza absoluta del propósito, junto con la duda. Como si dijera, en mitad de ramadán: ‘ayunaré mañana, si es ramadán’ esto no le perjudica, puesto que es repetir lo dicho, y en el lugar de la intención no se concibe vaivén, sino que es tajante (definitivo), porque es ramadán. Y quien haga la intención por la noche y, luego, coma, su intención no se echa a perder. Si una mujer hace la intención, menstruando, y, luego, se purifica, antes del amanecer[16], su ayuno es correcto.
- Tercero: Abstenerse de hacer llegar nada al interior, de manera intencionada, al tiempo que se recuerda el ayuno. Echa a perder su ayuno con comida, bebida, inhalación (por la nariz) o lavativa. No lo echa perder por causa de sangría, ventosas, por emplear kuhl (antimonio), o por introducir una sonda en el oído o en la uretra, a no ser que instile a través de ella algo que llegue a la vejiga urinaria. Y el polvo del camino, que llega sin intención, o una mosca que llega al interior, o lo que llega al interior al enjuagarse la boca, no anula el ayuno, a no ser que exagere al enjuagarse, en cuyo caso anula el ayuno por ser negligente. Este es a quien nos referíamos, al decir: “de manera intencionada”. En cuanto a lo de “recordar el ayuno”, lo decíamos por precaución respecto de aquel quien olvida que está ayunando, pues este no anula su ayuno. En cuanto a quien come, intencionadamente, durante el día, y le parece que ha comido de día, con toda seguridad, debe satisfacerlo después (qada). Pero, si permanece en su juicio, según lo que cree y por su esfuerzo personal, no hay compensación, pero no debe comer durante el día, más que por un estudio detallado y por un esfuerzo personal.
- Cuarto: Abstenerse de mantener relaciones sexuales. Su límite es el ocultamiento del glande. Si mantiene relaciones sexuales por olvido, no se anula su ayuno. Si mantiene relaciones sexuales por la noche o tiene poluciones nocturnas y amanece en estado de impureza (yunub), no se anula su ayuno. Si amanece y está manteniendo relaciones sexuales, si cesa en el acto, su ayuno es correcto. Pero, si persiste, su ayuno no es válido y debe [pagar] una expiación (kaffara).
- Quinto: abstenerse de masturbarse, es decir, provocar, a propósito, la salida del semen, mediante coito o sin coito. Esto anula el ayuno. No lo anula el besar a la esposa ni el acostarse[17] con ella, siempre que no eyacule. Pero, ello es detestable (makruh), a no ser que sea anciano o que pueda contenerse[18]. Y tampoco si es capaz de besar o de no hacerlo. Si teme eyacular a causa del beso, la besa y eyacula, anula su ayuno, debido a su negligencia.
- Sexto: abstenerse de vomitar, puesto que el provocar el vómito anula el ayuno. Pero, si el vómito no es provocado[19], no se anula su ayuno. Si tragara una mucosidad (flema) proveniente de su garganta o de su pecho, no anularía su ayuno, como licencia, (porque sería demasiado difícil). A no ser que lo trague después de que haya llegado a la boca. En ese caso, anularía el ayuno.
En cuanto a las cosas obligatorias que hay que hacer en caso de que se anule el ayuno, estas son cuatro:
al-qada’ (satisfacción), al-kaffara (expiación), al-fidya (rescate) y el ayunar o que quede del día, imitando a los ayunantes.
- En cuanto a al-qada’, es de obligatoriedad general, para todo musulmán mukallaf[20], que haya dejado de ayunar con dispensa o sin ella. Así, la mujer menstruante debe satisfacer el ayuno, así como el apóstata. En cuanto al incrédulo, al niño y al loco, no deben satisfacer el ayuno. Tampoco es condición que la satisfacción del [ayuno] de ramadán se haga de manera consecutiva, sino que lo satisface como quiera, en días sueltos o agrupados.
- En cuanto a la al-kaffara, sólo es obligatoria por haber mantenido relaciones sexuales. Así, la masturbación, el comer y el beber, y todo aquello que no sean relaciones sexuales no obligan a al-kaffara. La al-kaffara consiste en liberar a un esclavo. Si no se puede, se deberá ayunar dos meses seguidos. Si no es capaz, deberá dar de comer a sesenta pobres un mudd a cada uno. [21]
- En cuanto a ayunar lo que quede del día, es obligatorio si llega la tarde sin ayunar o anuló el ayuno por negligente. No es obligatorio para la mujer menstruante, cuando se purifica, el ayunar lo que quede del día. Ni tampoco para el viajero, cuando llega, sin ayunar, de un viaje de [al menos] dos jornadas. Debe ayunar si ve el creciente un testigo de confianza, en el día de la duda. Ayunar durante el viaje es mejor que no hacerlo, a no ser que, no se tengan fuerzas. No deja de ayunar el día de su partida, si comenzó el día siendo residente[22]. Tampoco deja de ayunar el día de la llegada, si llegó ayunando.
- En cuanto a al-fidya, es obligatoria para la mujer embarazada y la lactante, si han dejado de ayunar, temiendo por sus hijos. Por cada día [sin ayunar deben dar] un almud de trigo a un pobre, además de satisfacer (al-qada’) el ayuno. El anciano, si no ayuna, debe dar, en limosna, un almud, por cada día.
En cuanto a las sunan, son seis: retrasar el sahur[23]; darse prisa en terminar el ayuno, con dátiles o agua, antes de la oración; no usar el siwak después del mediodía; la generosidad, durante el mes de ramadán, por lo que ya hemos hablado anteriormente de las virtudes que hay en el azaque; estudiar en grupo el Corán; el permanecer en la mezquita, en concreto los diez últimos días, puesto que es costumbre del Profeta: “cuando llegaban los diez últimos días doblaba el colchón, estiraba la sábana, se esforzaba y hacía que su familia se esforzara”, es decir, prolongaban el esfuerzo en la adoración, por cuanto que en esos días se encuentra la “noche del Destino”.
Lo más seguro es que sea una de las noches impares y lo más semejante a las impares son la noche del uno (21), del tres (23), del cinco (25) y del siete (27). y es mejor que se permanezca en la mezquita de manera consecutiva. Si ha hecho el voto a Dios de permanecer en la mezquita de manera consecutiva o ha hecho la intención [de que así sea], deja de considerarse “de manera consecutiva” si sale sin causa de necesidad, como salir por un motivo de adoración, o para dar un testimonio, o por un entierro, o por una visita[24], o para renovar la ablución.
Y si sale para hacer sus necesidades, tampoco se considera que se haya interrumpido la “manera consecutiva”. Debe hacer las abluciones en la casa. No es conveniente que se entregue a otra ocupación. “El Profeta no salía más que en caso de humana necesidad y no preguntaba por el enfermo, más que de paso”. La sucesión[25] se interrumpe por el coito, pero no por besar.
No hay inconveniente en emplear perfume en la mezquita, o formalizar un contrato de matrimonio, o comer, o dormir, o lavarse las manos en una palangana. Pues todo esto puede que lo necesite durante el tiempo de estancia consecutiva. No deja de estar de manera consecutiva si sale [de la mezquita sólo] una parte del cuerpo: “El Profeta acercaba la cabeza para que ˤA’iša le peinara, estando ella en su habitación”.
Siempre que la persona que permanece en la mezquita sale para sus necesidades, es conveniente que reanude la intención, a no ser que haya hecho la intención al principio de los diez días, por ejemplo. Lo mejor, a pesar de ello, es que la renueve.
[1] pp. 273-283
[2] Iman.
[3] Por el hecho de que se relaciona directamente con Dios.
[4] Literalmente: “sin cálculo”
[5] zumar, 10.
[6] Waqi Ibn al-Yarrah, recoge su riwaya de al-Tawri.
[7] Corán 69, 24
[8] Corán, 32, 17.
[9] Por su relación con Dios.
[10] Corán 47, 7.
[11] Corán 29, 69.
[12] Corán 13, 11.
[13] +- 80 kilómetros
[14] Cuando aún no se sabe si a día siguiente será ramadán o no.
[15] La presunción de que un estado de cosas, conocido en el pasado permanece como tal hasta que no se demuestre lo contrario.
[16] Al Faŷr
[17] Mejor que “yacer”.
[18] “que sea dueño de su miembro”
[19] “Le vence el vómito”.
[20] En plena posesión de sus facultades mentales y que haya llegado a la pubertad.
[21] La palabra mudd significa “almud”. Pero, aquí, se refiere, más bien, a dar de comer en cantidad suficiente.
[22] Muqim.
[23] La comida de antes del amanecer.
[24] Seguramente, a un enfermo.
[25] La manera consecutiva.