18 abril 2024
Corán

Las traducciones del Corán – los retoques de Ibliss

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

Este es solamente un prólogo de lo que vamos a ir publicando como denuncia a los agentes anti musulmanes quienes, de una manera u otra, se dedican a desnaturalizar el mensaje de Allâh en el Corán, traduciéndolo mal, adulterándolo, en dos palabras: saboteándolo.

Decimos que un asunto es surrealista cuando, por ejemplo, sobrepasando las leyes de la lógica y vulnerando cualquier norma o principio de los que reglan el buen vivir, se instala como un virus dentro de una comunidad que tiene por costumbre no admitir cosas semejantes, llegando a vivir como un engendro parásito a base de atenazar las señales de alarma que esa misma comunidad emite contra una invasión de esa naturaleza.

Es el arte del shaytan, buscar cualquier resquicio para someter al ser humano con sus planteamientos. Y es que, el chaytan conoce nuestras debilidades, pero nosotros no conocemos las suyas; por eso él se da arte, para mezclando el bien y el mal, sacar el mayor rédito posible de sus argucias.

Alguien intentó en alguna ocasión cambiar una palabra del Corán en árabe. Como era de esperar, aquello duró dos días y ese hombre quedó marcado de por vida. Es normal, el Corán es la Revelación de Allâh, y ni una sola letra debe ser cambiada; ni tampoco entran en el texto revelado, como es de rigor paréntesis alguno donde el listillo de la imprenta del turno completa a Allâh lo que él crea que la gente no entiende. Eso sería algo tan feo, tan monstruoso, tan blasfemo que no creo que una imprenta tal volviera a vender ni a editar nada una sola vez.

Ahora resulta que, cuando la lengua cambia y el mensaje es el mismo al resultado se le llama traducción. Claro, para que una traducción sea válida, lo expresado en un idioma ha de ser exactamente equivalente a lo expresado en otra lengua, sino no podría tratarse de una “traducción”.

Si Allâh no hubiera enviado un Mensaje mediante el lenguaje ¿de qué entonces serviría este? El Mensaje es el núcleo, el significado del texto original, y al ser mantenido, sea a la lengua que fuere, guarda indefectiblemente el carácter sagrado, porque viene de Allâh.

Él es Quien ha hecho descender sobre ti el Libro, en el que hay signos (aleyas) precisos que son la madre del Libro y otros ambiguos.
Los que tienen una desviación en el corazón siguen lo ambiguo, con ánimo de discordia y con pretensión de interpretarlo, pero su interpretación sólo Allah la conoce.
Y los arraigados en el conocimiento dicen: Creemos, en él, todo procede de nuestro Señor.
Pero sólo recapacitan los que saben reconocer lo esencial.
(3-7)

La manera de expresión Divina no tiene parangón con ninguna otra. Pues Allâh está haciendo llegar un Mensaje de un mundo amplio y Universal a uno limitado como el nuestro. Es así que, siguiendo esa peculiar, rotunda, poderosa, convincente, asombrosa y fuera de valoración forma de expresarse es la única manera en la que un día podamos trascender al mundo de las verdades superiores al que se nos llama, una aleya tras otra.

Ocurre lo mismo en español o en cualquier otra lengua en la que el estilo ha de ser conservado, pues sin estilo Divino no puede haber Mensaje Divino.

¿Qué extraña enfermedad mental ha podido llevar a pretendidos traductores a poner explicaciones entre paréntesis, adiciones de lo que Allâh dice, si ya por un lado el Corán mismo prohíbe su interpretación, y por otro lado sabemos el sacrilegio enorme de cambiar el texto sagrado? ¿Hay alguien que pueda tener tanta maldad en el corazón como para defender que esas palabras entre paréntesis inventadas no alteran el texto? Pues sí, sí que los hay, hay gente para quienes eso no es otra cosa que la punta del iceberg por donde, saliendo los cuernos del diablo, se adivina quién es el traductor, cuan viejo es y cuan conocedor de las debilidades humanas.

Corán traducido por “Ibliss

Porque Ibliss sabe lo poco íntegro que es el ser humano y lo poco entero para combatir a quienes estén haciendo el mal, y que además, con toda la falta de pudor, si les recriminas, te dirán que no es de musulmanes hablar mal de otros. Adulterar el Corán si es de musulmanes, defenderlo no. Y así, por el qué dirán, los musulmanes se irán tragando, una tras otra, todas las espinas que les pongan en el camino hasta que su interior quede desgarrado por no haber sido firmes contra los aliados del chaytan.

Siguiendo esa lógica pueril Allâh hubiera permitido al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – hacer ŷanaza sobre el hipócrita Abdullah Ibn Ubay, y hubiera permitido a Abu Amir construir la mezquita del mal; o hubieran dejado tranquilo a Musayllima el impostor. Todo bajo la excusa ñoña de que un musulmán no puede estar enemistado más de tres días con otro. Y así, en 30 años la Umma habría acabado.

Y con esa excusa ñoña, cuatro listos, cuatro estómagos bien poblados de manjares, vientres insaciables, van un día y otro destruyendo hoja a hoja el Libro de Allâh ante la pasividad de casi todos.

Pero no, hermano, ¡que criticar es malo!; ¡déjales que hagan su trabajo que entre los musulmanes nos tenemos que llevar “bien”!.

Cuando haces un pago, !ay de ti! si te falla uno de los 14 o 18 números de la tarjeta; no podrás pagar; la transacción no funciona. ¿Y tú quieres entender el Corán con las notas entre paréntesis que te pone García de los Palotes o el listillo de turno? ¿Comprarías un auto con tres ruedas y te pondrías a viajar con él?

Pues peor que todo eso es lo que haces cuando lees una traducción del Corán con cosas entre paréntesis. Del Haram no puede salir nada bueno.