Las siete rosas

Las siete rosas

1 / Contra la retórica utilizamos la verdad y la sinceridad.

2 / Combatimos la envidia con la generosidad y el desprendimiento ayudando al prójimo sin esperar recompensa.

3 / Olvidamos la soberbia comprendiendo que no somos nadie sin Allâh, que somos débiles y necesitados y que en cualquier momento pueden sobrevenirnos dificultades que abrumen nuestro ánimo.

4 / Nos controlamos cuando comprendemos que somos tomados por la ira, nos calmamos y vemos las cosas en perspectiva y tranquilidad.

5 / Obedecemos a Allâh, al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – así como los buenos consejos de los creyentes, pues toda la Creación es portadora, de una manera u otra del Mensaje del Todo Misericordioso.

6 / La medicina contra el odio es el amor, la compasión y la misericordia. El odio es una enfermedad corrosiva que se combate haciendo el bien y amando el bien de nuestros semejantes.

7 / La lujuria se combate con la continencia, conformándose a lo que Allâh ha hecho lícito y convirtiéndolo en una segunda naturaleza.

Son estas siete rosas, que cuando se le echan contra el chaytan se convierten en siete piedras que le hacen desaparecer.

Decimos que en estos días antes del ˤAid es bueno realizar actos de devoción; pero hermanos/as, ¿qué mejores actos que estos siete con los que apedreamos al enemigo y nos adornamos a nosotros mismos? ¿Qué sería de nuestro ayuno, nuestras invocaciones, nuestro recuerdo de Allâh, sino los acompañamos de estas acciones nobles y elevadas?

Ya, tomar consciencia de que un nuevo día constituye una nueva vida, es difícil para nosotros, pues no somos capaces de hacer parar el tiempo y contemplar intentando encontrarnos a nosotros mismos en medio de esos acontecimientos que se disparan y suceden uno detrás de otro sin descanso ni demora. ¿Cómo entonces poder comprender cuál ha de ser nuestra postura, nuestro obrar, en esos primeros días de este mes sagrado?

Negros nubarrones quieren separarnos de la Luz de nuestro Señor, pero la luz de nuestros corazones emergerá, y con su fragancia iluminará nuestro entorno y calmará otros corazones necesitados de sosiego y de paz. La bandera victoriosa de la luz y de la Verdad emergerá de nuestros pechos. Sus colores, los tres mejores, su escudo, una rosa fragante y bella, anunciando la victoria del Amor, de la Generosidad, de la Bondad, de la Paz.

Llevaremos el estandarte hasta la victoria, lo plantaremos en la cima más elevada, y ondeará para que todos lo puedan mirar con satisfacción.

Venceremos, sí, venceremos; y nuestra victoria será leyenda. Llenaremos el mundo de Justicia y equidad, de compasión y de bondad, ya que es eso lo que exhala de nuestros corazones. Somos aquellos que saliendo de la nada llegamos a todas partes; aquellos que exhaustos cobramos fuerzas y las dispensamos en el Camino de la Luz.

Nuestros batallones están listos; nuestro ejército está compuesto de siete alas:

La Verdad – La Generosidad – La Humildad – La Calma y la paz – La Sumisión al Señor – El Amor – La Fortaleza.

Y con este ejército comandado por el mejor de los generales, el Santo profeta Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – , avanzaremos por praderas y montañas, por ríos y mares y nos apropiaremos de la Luz, y la extenderemos, y la proclamaremos, y la enseñaremos, a grandes y pequeños, hombres y mujeres.

Es esto lo que se esconde detrás de estos días benditos: una victoria maravillosa, y a la vez humillante para el enemigo de Allâh y sus aliados.

Si supiéramos la Luz que se esconde detrás de la Existencia, lo que Allâh nos ha velado, correríamos sin parar para ir a buscar uno solo de sus rayos.

Hoy, hermanos/as, es un gran día, si solamente fueras consciente de ello.

Da, hermano/a; pues en dar hay escondido un gran secreto; cuanto más das más tienes; si das, entonces vacías y dejas hueco para llenar. Abre tu mano, que no sepa tu izquierda lo que tu derecha dio. Da y serás feliz, da y te encontrarás a ti mismo y es entonces cuando podrás ver la luz. Tenlo muy en cuenta.