Las Sabidurías de Musa
Abdul Karim Mullor
Las Sabidurías de Musa
No es por casualidad que he nombrado a este escrito con la palabra « sabidurías”. Si hay alguien que ilustra de manera clara la diferencia entre los diferentes niveles de sabiduría que se pueden obtener con la práctica del ‘Islâm, ese es sayyidinâ Mûsâ – sobre él la paz -. Pues su historia, relatada en el Corán, es un ejemplo de las etapas que se han de pasar en la obtención del Conocimiento.
Se olvida comúnmente que el primer maestro de este profeta fue sayyidinâ Šwayb – sobre ambos la paz –. Se suele estar de acuerdo en que este Šwayb era aquél profeta cuya historia relata el Corán.
Dijo: Quiero casarte con una de mis hijas a cambio de que trabajes para mí durante ocho años, aunque si culminas hasta diez será cosa tuya, no quiero hacértelo difícil; si Allah quiere encontrarás que soy justo.
Dijo: Esto es algo entre tú y yo; y cualquiera de los dos plazos que cumplas no me causará ningún perjuicio.
Allah es Garante de lo que decimos. (28 – 27 y 28)
Se tiende a ignorar que este contrato de ocho o diez años, más que un arreglo de matrimonio o de una dote, significa el tiempo necesario para que Mûsâ recibiera la enseñanza de Šwayb.
Se puede debatir o investigar qué nivel alcanzaba esta enseñanza, pero no el hecho de que se tratara de un estrecho vínculo de carácter religioso. Es en la estancia de Šwayb que Mûsâ encontró ese bastón que iba a acompañarle durante toda su vida. Esa pieza misteriosa que realizó tantos prodigios con el permiso de Allâh.
Ese bastón lo conservaba Šwayb junto a otros parecidos. Le dio a escoger a Mûsâ cuál de ellos tomaba como cayado. Mûsâ no supo escoger, y entonces el bastón vino volando hacia él.
Cuando terminó ese tiempo, él partió con su esposa y encontró aquella zarza que ardía. Debido a la enseñanza del padre de su esposa y maestro, ya estaba preparado para recibir el Mensaje de Allâh. Esos diez años le habían curtido para ser capaz de recibir las sagradas enseñanzas.
El Imam Bujari recordó que Saˤid Ibn Ŷubair dijo: “Un judío del pueblo de Hirah me preguntó: ‘¿Cuál de los dos términos completó Musa?’. Le dije: ‘No lo sé. Pero déjame acudir al erudito de los árabes y preguntarle’. Así que fui donde Ibn ‘Abbas y le pregunté, él dijo: ‘Él completó el más largo y mejor para ellos, porque cuando un Mensajero de Allah decía que iba a hacer algo, lo hacía de la mejor manera’”.
En el monte Sinaí, Allâh revistió a Mûsâ con la profecía.
Allâh le exigió retirar sus sandalias para presentarse ante El. Y ello al igual que El exige a Sus amados renunciar a su nafs para acercarse a Su santa presencia.
Este fuego que Mûsâ encontró en la ladera del monte cumple dos funciones: una purificadora, pues todo se purifica o se consume en contacto con él. Siendo la otra la de la Luz. “Allâh es la Luz de los cielos y de la tierra” que otorga sabiduría y discernimiento.
Cuando Allâh le otorga la profecía y le ordena dirigirse al Faraón (su padre adoptivo), él argumenta que se trata de un personaje poderoso, y sobretodo orgulloso, e incide en esto último pensando que sería muy difícil hacerle desistir de su comportamiento tiránico.
Faraón es un nafs desbocada; totalmente ennegrecida por sus pasiones y su ceguera. Un nafs capaz de todo, incluso de matar, por conseguir sus deseos y ver sus planes realizados.
Es entonces que él pide de Allâh que le refuerce con la presencia de su hermano Harun, cosa que Allâh le concedió.
No obstante, y aun a pesar que Allâh concedió a Mûsâ su petición de que le asistiera su hermano Harun para apoyarle frente al Faraón, Harun asimismo realizó una función profética en auxilio de su hermano al tener que bregar con un pueblo increíblemente difícil como era el de los Banu Israˤil.
Y le concedimos por Nuestra Misericordia a su hermano Harún como profeta. (19-53)
He aquí pues que Mûsâ triunfa. Salva al pueblo de Israel de las garras del Faraón. Posteriormente, el pueblo se le revela, olvidando el bien que hizo con ellos y le pide que les haga volver a Egipto para poder plantar verduras, hartos ya de maná y de codornices.
Esto explica el carácter duro y desagradecido de un pueblo que le hizo sufrir sobremanera. No olvidemos el episodio de la vaca, que fue utilizada para descubrir a un criminal. Los judíos, aun a pesar de que él dijo que debían sacrificar una vaca, sin más; le sometieron a un verdadero interrogatorio para que Allâh les especificara qué animal debía ser.
Esto último ilustra la falta de respeto que hubo de sufrir sayyidinâ Mûsâ de los gerifaltes de su propio pueblo.
Retornando a lo que se refiere al conocimiento de este profeta, hemos de decir que, aún a pesar de todos los prodigios que hubo de realizar en su misión encomendada por Allâh, Mûsâ no alcanzaba a dominar todas las ciencias, concretamente las superiores.
Es así que cuando fue interrogado por Allâh sobre quién era el más sabio de la tierra, Mûsâ respondió que él, porque era el profeta de Allâh.
Pero Allâh le contradijo y le indicó que había alguien cuyo nivel de Sabiduría era superior al suyo.
Así pues, hubo de viajar miles de kilómetros para encontrarse con el Jadir, que, a la sazón, debió convertirse en su segundo y último maestro.
Mûsâ no mostró la paciencia debida con al Jadir, aunque no obstante aprendió su Ciencia y obtuvo completa sabiduría.
Todas estas ciencias, sin duda alguna, se encuentran reunidas y mejoradas en nuestro profeta Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – que traspasando el Azufaifo del Confín, estuvo a dos tiros de arco de la Presencia de Allâh y contempló de los signos de El, los más grandes.