5 octubre 2026
Diálogo interculturalNuevos Musulmanes

Las relaciones de los musulmanes con los miembros de las otras religiones

Abdul Karim Mullor

Las relaciones de los musulmanes con los miembros de las otras religiones

Más allá de esos cartelitos, que no se sabe muy bien a qué vienen, sobre eso de no celebrar la Navidad ni esa noche de los monstruos que llaman Hallowen, o de no felicitar a los cristianos o miembros de otras religiones en sus fiestas, quiero hacer una breve exposición, lo más clara y concisa posible sobre cuál ha de ser nuestra actitud, por un lado ante la creencia de los no musulmanes, y, por otro lado con respecto a la convivencia con ellos en la vida cotidiana.

Pero, dejemos de lado hoy, la actitud de ciertos musulmanes de cabeza dura con respecto a estos temas religiosos que ellos sacan de quicio adrede para crear enfrentamiento.

En cuanto a las relaciones sociales

El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – tenía un vecino judío que, para fastidiarle, le depositaba la basura en su puerta. En una ocasión, el judío cayó enfermo. Entonces el Profeta fue a visitarle como si nada hubiera ocurrido.

Al ver en su casa preocupándose por él, a aquél a quien había agraviado en sucesivas ocasiones, el judío quedó avergonzado. Es así que reconoció la profecía de Muḥammad y se islamizó.

Si el Profeta le hubiera devuelto la basura o se hubiera vengado de manera legítima con otro acto, hubiera entrado en el juego que el judío le estaba proponiendo y nunca hubiera terminado la enemistad. De esta manera tan sabia, Muḥammad le venció y le ganó para la religión de Allâh.

Yo no digo que debamos hacer otro tanto en una época como esta en la que tantísima gente está falta de sensibilidad y llena de animadversión, porque si no seríamos el hazmerreír del pueblo o de la ciudad; pero ante actos así, siempre hay una salida honrosa, y este es el mensaje.

Cierto, es y hay que estar ciego para no verlo, que el Islâm está mal visto por los no musulmanes. Esto es, por un lado, debido a la propaganda de los medios de información financiados por el Sionismo, que, por cierto, son casi todos. Por otro lado, los mismos que financian estos medios son los que probablemente actúan en la creación de grupos radicales islámicos, a fin de decir: “Esto es el Islam” ¡Odiadle!” ¿Pero, qué Islam ni que nada? ¡Si sois vosotros, sionistas, disfrazados con gorro y turbante! Ignorante hay que ser para no darse cuenta, sinceramente.

En cuanto a las relaciones de buena vecindad, de compañerismo, en el trabajo, en las organizaciones sociales, los musulmanes no tenemos derecho alguno a priorizar a los nuestros sobre los otros.

En lo que nos concierne a nosotros los conversos, está claro que, salvo en honrosas excepciones, somos y/o hemos sido carne de cañón. ¿Somos vistos como traidores a la causa? Eso parece. Lo que no sabemos muy bien es a qué causa. Porque lo que se ha dado en llamar hoy “cultura española” o “cultura occidental” resultan ser marcos en los que no navega un concepto integral de la vida y en los que las consignas se encuentran desprovistas de algo que pueda llegar a llamarse, ni de lejos, “intelectualidad”.

No conozco a ningún español convertido al Islâm que no haya sido menospreciado en el trabajo y que no haya podido prosperar más en el mundo laboral a causa de ese odio añejo que se tiene al Islâm. Si a esto le sumamos el racismo de los musulmanes árabes con respecto a los conversos, el resultado de la ecuación resulta ser poco ilusionante. Estamos en medio del Estrecho esperando que nos llegue el Poniente o el Levante. Pero el viento siempre lo llevamos de cara.

Resumiendo, los musulmanes podemos y debemos trabajar con otros por una causa común, ya sea en la consecución de un trabajo con fines dignos, o bien en organizaciones sociales o sindicales.

En cuanto al tema religioso

El Islâm es la Verdad de Dios. Desde esta plataforma y desde este convencimiento expresado en sucesivas ocasiones en el Corán y en la Sunna, nos está taxativamente prohibido decir que los otros disponen de un camino válido para llegar a Allâh.

Decir que Dios tiene tres personas no es un camino para llegar a Dios. No reconocer a Jesús y a Muhammad como hacen los judíos, no es un camino para llegar a Dios.

Nosotros reconocemos a todos los profetas; pero los cristianos y los judíos no reconocen a Muḥammad. ¿Cómo no reconocer a Muḥammad puede ser un camino válido para llegar a Dios?

¿Cómo un musulmán puede decir eso, sabiendo que el Corán y la Sunna dicen lo contrario?

Otros, como los hindúes, astutamente, reconocen “verbalmente” la profecía de Muḥammad, pero no siguen lo que él dice procedente de Allâh. Esto es una hipocresía “de facto”, ya que, tanto Muḥammad como el Corán dice que su mensaje es para toda la Humanidad. Forma astuta de los hindúes de protegerse contra le influencia del ‘Islâm. Sonreír al enemigo y estrecharle la mano para desactivarle. Pero donde hay un listo, hay un inteligente que descubre su juego.

Y este ser “para toda la Humanidad” indica que hay que seguirle pues Allâh envía un profeta para que sea seguido, y no como una “recomendación”. Allâh no recomienda, Allâh ordena. Nosotros somos los siervos, no El. Aunque, bien es sabido, que algunos quieren hacer de El partícipe y servidor de sus deseos.

Que las otras religiones, después de la venida del Profeta, no sean caminos para llegar a Allâh, no impide que Allâh juzgue a las personas una por una según el interés que se hayan dado en sus vidas por seguirle a Él.

Esto indica que todos seremos juzgados con respecto a nuestra intención y sinceridad. Ahora bien, aquel que conozca el Mensaje del Islam y sepa que Allâh indica que es la única religión válida en estos tiempos desde que se reveló el Corán, y no lo siga; ese tendrá que dar explicaciones cuando llegue a su juicio, y, en verdad, a nadie nos gustaría estar en su lugar.

Los hipócritas

Hay un grupo de susodichos musulmanes que dicen que todas las religiones son caminos para llegar a Allâh. Estos, los conocemos bien, lo dicen para ganar la aceptación de los políticos y de los poderosos.

Uno de ellos, que dice venir de una Tariqa sufí, y miente, ya que no es nadie ni nunca fue nadie en el mundo del Sufismo, montó una empresa de cítricos en Tánger, vendiendo las zawiyas que tenían en Europa. Zawiyas estas que fueron construidas con el dinero de los adeptos. Por supuesto, los beneficios de esa empresa se lo repartieron entre cuatro.

Este personaje, hoy, tiene prohibido hablar y actuar en Marruecos en nombre de esa tariqa que él dice encabezar.

Es curioso, como algunos pierden la vida por ganar dinero y falsa fama.

Lo dice el Corán

El Corán dice que no tomemos amistad íntima con las Gentes del Libro porque ellos se regocijan con nuestra pérdida y se entristecen con nuestra ganancia.

¿Y todavía no nos ha quedado claro?

¡Dignidad, hermanos/as; dignidad!

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