18 junio 2024
Fiqh y jurisprudenciaNuevos Musulmanes

Las mezquitas hoy

Las mezquitas hoy

Existen numerosos hadices que aluden a la excelencia de frecuentar la mezquita y de realizar el rezo en comunidad (tres o más personas). Pero hoy no vamos a prodigar en estas palabras proféticas. Antes bien vamos a analizar qué es lo que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – entendía por una “mezquita”, y comparar con aquello que hoy se tiene por tal.

¿Es la mezquita un conjunto de paredes, un techo y un suelo bendito por el mero hecho de haberlo llamado tal?

¿Acaso es el lugar en el que los fieles se congregan para rezar? ¿Es obligado o muy recomendable acudir a ellas con independencia de quién las dirija o quiénes se hayan erigido como sus “representantes»?

¿Qué es indispensable para que un determinado lugar pueda ser considerado como mezquita?

¿Qué es una mezquita para el Profeta?

Primeramente, veamos que es una mezquita para el Profeta, a fin de comprender mejor el mensaje de los hadices que él enunció al respecto:

En la época de la primera mezquita de Madina, aquél templo erigido por los primeros musulmanes era el lugar desde donde Muḥammad se dirigía al pueblo impartiendo las enseñanzas que le llegaban por medio de la Revelación. De la misma manera, él enseñaba con sus hadices. Estos podían tratarse de explicaciones de los versículos del Corán o de las inspiraciones divinas que él recibía de Allâh como profeta que era.

Después de dirigir cada plegaria él daba un sermón al pueblo. Luego, seguidamente las gentes dejaban el lugar y marchaban a sus casas, a sus trabajos o a sus asuntos.

En la mezquita él mismo daba enseñanza particular a grupos aislados como eran los “Ahlu-ṣ-Ṣufa” (gentes del banco). Ellos acudían en su tiempo libre al lugar de la mezquita que era colindante con las habitaciones de ˤAiša – que Allâh esté satisfecho de ella -.

En toda evidencia, muchos hadices que incitan y recomiendan fuertemente a los fieles musulmanes acudir a las mezquitas, eran dichos porque una mezquita que se preciara y que mereciera tal nombre, habría que emular a ese templo primigenio del Islâm. Y aunque el Profeta, ya fallecido, no podría estar en ella, si permanecían en dichos templos sus actividades y enseñanzas.

Y esto fue así durante unos siglos. De ahí la proliferación de mezquitas-escuelas, o de mezquitas-universidades en todo el universo musulmán.

La degeneración progresiva

El tiempo fue pasando; las costumbres y la fe de las gentes en general fueron disminuyendo paulatinamente. Esta pérdida era producto del paso del tiempo.El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – aseguró que no vendría generación que no fuera peor que la siguiente.

Así pues, entraba dentro de una lógica religiosa que el espíritu del Islâm se fuera relajando de manera paulatina. Ya en la época de Al Andalus se decía que existían fuertes disputas entre las gentes por motivo de interpretaciones religiosas. Esto iba hasta el extremo en el que se llegó a literalmente “tener una mezquita en cada esquina”.

Llegamos así al siglo XVIII en el cual Inglaterra declara una guerra sin cuartel al Imperio Otomano. Esta guerra, aunque no fuera una lucha armada directa, estaba encabezada por la Masonería y encaminada a debilitar el Islâm. Debilitando a éste se podría acceder con facilidad mayor a los recursos materiales que se iban buscando. Con dichos recursos se pretendía terminar por ejercer el poder sobre la región y sobre sus gentes.

La compra de mercenarios espirituales

Inglaterra intentó comprar voluntades de sabios musulmanes ya al principio del siglo XVIII. El primer mercenario al servicio de la Corona resultó ser Muḥammad Ibn ˤAbdi-l-Wahhab. Apoyado en la familia Saˤud, se vendió sin dilación a la voluntad de su “graciosa” (con perdón) majestad.

La pérfida Albión (Inglaterra) siguió comprando voluntades a medida que, en apariencia, abandonaba los territorios ocupados:

La Deobandi en India; la Ŷamaˤ-t-Tabligh en Pakistán; Mustafa Kemal Ataturk en Turquía; los Hermanos Musulmanes en Egipto. Inventó el Salafismo y lo estableció primeramente en Arabia Saudita para exportarlo por todas partes por medio del nefasto Nasiruddin Albani. Creó un falso Sufismo como el de la “Risalat annur”. Asimismo inventó falsas cofradías como la Naqsbandi Haqqani, nacida de lo más granado de la aristocracia anglosajona y de sus corresponsales de ultramar.

El asalto a los templos a la búsqueda del poder

No se puede extender una doctrina sectaria gritando en las plazas y abordando a las gentes por las calles. Se necesitan templos, lugares físicos a los que se pueda acudir y desde los que se pueda operar.

¿Y qué tal si a estos lugares los llamamos mezquitas y, aprovechando los hadices del Profeta, gritamos a las gentes que ese centro es la casa de Allâh. Decimos además qué es obligatorio acudir a él, so pena de verse apartado o erradicado de la comunidad musulmana? Y bien, es esto lo que está sucediendo en nuestros días.

Para que un lugar cuente como mezquita junto a Allâh – Altísimo – debe estar fundado sobre el temor de Allâh, como dice el Corán. Si se construye y se utiliza para desviar a los musulmanes del camino, ello no puede ser considerado ni como mezquita ni como casa de Allâh. Eso sí, pasa de manera automática a ser lo que el Libro de Allâh llama “La mezquita del mal”.

Hay quienes han erigido una mezquita para el mal, para el rechazo a Allâh, para dividir a los musulmanes y como lugar de acecho al servicio de quienes combaten a Allâh y a su Mensajero. Juran con seguridad: “No queremos sino el bien”. Allâh da fe de que mienten. No permanezcas nunca en ella, pues verdaderamente una mezquita cimentada sobre el Temor a Allâh desde el primer día es más digna de que permanezcas en ella. Ahí hay hombres que aman purificarse y Allâh ama a los que se purifican.

¿Quién es mejor, quien funda su edificio sobre el Temor a Allâh y su Satisfacción o quien lo cimenta al borde de una pendiente, a punto de desplomarse, y es arrastrado por ello al Fuego de Yahannam? Allâh no guía a los injustos. El edificio que han construido no dejará de ser una duda en sus corazones a menos que se rompan. Allâh es Conocedor y Sabio” (surat Tawba; 108 a111)

Así pues, la casa de la secta nunca puede ser la casa de Allâh, sino la mezquita del mal.

En la foto templo ahmadiya en Israel; ejemplo de mezquita del mal.

Por eso, ya ˤAbdu-l-Lâh, el hijo de Amr, y compañero del Profeta dijo:

Llegará el tiempo en que las gentes se asambleen en las mezquitas en grandes cantidades, y dentro de ellas no habrá musulmanes.

Esto ocurre porque, hoy por hoy, en la casi totalidad de las mezquitas que se han construido en los países occidentales, o se busca el dinero, o se busca satisfacer la política determinada de un país, o de una secta o de un grupo financiero. Pero como dice el Corán:

Juran con seguridad: “No queremos sino el bien”. Allâh da fe de que mienten

Es asombrosa la cantidad de dinero que se invierte en semejantes centros. Centros desde los cuales se reparten pasquines a todo color para engañar a los musulmanes ignorantes diciéndoles que si no sigues sus postulados serás pasto de las llamas del Infierno. Nunca se prometió el Infierno con tanta insistencia; nunca se hizo tanto mal a quienes, con toda la buena intención del mundo, querían aprender la religión.

Hemos llegado al tiempo señalado por ˤAbdu-l-Lâh Ibn ‘Amr; sin duda alguna. Ha llegado el momento de esperar a aquél quien, con el Permiso y el Poder de Allâh regenerará el Dîn y erradicará la injusticia religiosa y social.

Porque la astucia de los malvados es grande; pero la de Allâh es mucho mayor.

Y Allâh es el más Fuerte; el más Poderoso; el más Inteligente. Él puede con todo y con todos.

¡Que Allâh proteja al Islâm y a los musulmanes!