13 abril 2024
Nuevos Musulmanes

Las mezquitas del Bien – las mezquitas del mal

Assalamu ‘alaykum

Numerosos son los hadices que nos indican que el rezo comunitario, comúnmente en las mezquitas, es ampliamente más recompensado que el rezo en solitario. En realidad, el rezo en comunidad se computa a partir de tres personas, es decir, si rezan tres personas juntas es considerado y recompensado como un rezo comunitario.

“Las mezquitas de Dios deben ser mantenidas por aquellos que creen en Él, en el Día del Juicio, practican la oración prescrita, pagan el Zakât, y no temen sino a Allah. Ciertamente éstos son quienes verdaderamente siguen la guía” (At-Táwbah, 9:18). 

Es cierto pues que se nos anima a acudir al rezo en las mezquitas, si podemos hacerlo, a su vez que asimismo se nos recomienda dejar algunas de nuestras oraciones para realizarlas en nuestra casa a fin de que ellas no se vuelvan un cementerio. Hay diversos hadices que tratan ampliamente sobre este asunto. Pero hoy no serán el objeto de nuestro análisis, ya que él se concentrará como veréis en definir lo que es una mezquita y lo que no.

Ahora bien ¿qué ocurre cuando quienes construyen la mezquita no lo hacen para el bien, sino para extender una doctrina que aporta la corrupción y la rebeldía contra el Islam? Dice el Corán:

“Hay quienes han erigido una mezquita para el mal, para el rechazo a Allah, para dividir a los musulmanes y como lugar de acecho al servicio de quienes combaten a Allah y a su Mensajero. Juran con seguridad: “No queremos sino el bien”. Allah da fe de que mienten. No permanezcas nunca en ella, pues verdaderamente una mezquita cimentada sobre el Temor a Allah desde el primer día es más digna de que permanezcas en ella. Ahí hay hombres que aman purificarse y Allah ama a los que se purifican. ¿Quién es mejor, quien funda su edificio sobre el Temor a Allah y su Satisfacción o quien lo cimenta al borde de una pendiente, a punto de desplomarse, y es arrastrado por ello al Fuego de Yahánnam? Allah no guía a los injustos. El edifico que han construido no dejará de ser una duda en sus corazones a menos que se rompan. Allah es Conocedor y Sabio.

Hoy, las mezquitas del mal existen, y se han extendido por toda la geografía terrestre. Templos destinados a separar a los musulmanes de las legítimas fuentes de la Revelación; para someterlos a una doctrina inventada, destinada a servir a otras causas que a la del bien y la unidad entre los musulmanes. Una doctrina convertida en templos desde donde se desune a los musulmanes, se les llama desviados o simplemente se les dice con maldad que han salido del Islam. Una plataforma de ambición desmedida. Sus patentadores, como Abu Amir el monje, utilizan la palabra “mezquita”, y la plaza que ha ocupado este lugar sagrado en los corazones de los musulmanes, para enclavar en ella la semilla de la rebelión, de la ambición, de la envidia, en resumen, del mal.

Muchos hermanos y hermanas, cuando llegan a estos templos, son presionados por los que allí se encuentran, argumentando con los hadices que animan a rezar en las mezquitas; aprovechando que muchos de ellos no conocen que la mezquita del Mal no es una mezquita propiamente dicha, sino un templo elevado para aprovecharse de la buena voluntad y de la candidez de los creyentes.

Hace muchos años, en nuestros primeros años de Islam, ya apercibimos este hecho. Con buen criterio entrábamos en las mezquitas, rezábamos y salíamos inmediatamente, porque en las puertas de entrada y de salida ya se apostaban adoctrinadores. Gracias a Allah habíamos estudiado mucho, habíamos aprendido todo cuanta había que aprender con respecto a las doctrinas del Islam para poder discernir entre lo verdadero y lo falso. Pero, hoy en día, la mayoría de los hermanos no tienen esta preparación; porque las mezquitas del mal han proliferado, han llegado a todos los rincones. En ellas los hermanos y hermanas son presionados para que creen que en esos templos se encuentra y enseña el verdadero Islam, cuando en verdad no se muestran sino mentiras e historias inventadas contadas con un aire de afectación convenientemente entrenado y practicado entre bambalinas.

Hermanos/as, no es obligatorio ir a rezar a semejantes lugares; ni tan siquiera es recomendable, ya que el peligro para vosotros acecha en sus puertas, en sus habitaciones, en sus establecimientos. Hay que ser muy fuerte, muy íntegro, para entrar en un tal lugar y salir indemne, sin rasguño ni herida.

¿Queréis rezar en grupo? Reuniros en las casas. Nosotros, casi desde el principio de nuestro periplo como musulmanes, nos reuníamos en las casas, nos invitábamos unos a otros y rezábamos en comunidad. Pero éramos fuertes. Yo mismo he acudido a templos como estos en Madrid para encontrar a hermanos que, por la distancia no podíamos encontrar en parte alguna, y allí éramos conocidos por nuestra independencia y claridad de visión. Nadie se atrevía a catequizarnos, pues sabían que nada podían hacer con nosotros. E incluso, si alguien se atrevía a recriminarnos en algo, inmediatamente les decíamos que ese templo había sido levantado con el dinero de los pozos de petróleo para enseñar a los musulmanes un Islam absolutamente ajeno al Corán y a la Sunna; un Islam en el que ambos eran convidados de piedra a fin de aprovecharse de su santo nombre para obtener poder sobre las almas y bienes materiales.

Ya os he relatado a algunos cómo cuando quisimos abrir el cementerio musulmán de Griñón, en Madrid, nadie nos ayudó. Acudimos a las dos grandes mezquitas y en ninguna quisieron hacer nada. Hasta que al final, el Cónsul de Marruecos se comprometió, y gracias a nuestro tesón y a la voluntad de dicho cónsul, hoy, dicho cementerio se encuentra activo.

Decidme ¿pueden contar como mezquitas templos desde los que se niega lo más elemental a los musulmanes? ¿Verdad que no?

Hermanos/as, templos como esos no cuentan como una mezquita. Tenedlo bien en cuenta. O edificáis una mezquita con vuestras propias manos, o hacéis de vuestras casas mezquitas, es decir: lugares donde uno se postra en cuerpo y alma en obediencia y adoración a un Dios Soberano y Eterno que es el descanso y la luz de los corazones.

Abdul Karim Mullor – Islam en español