27 mayo 2024
Editorial

Las dos plagas – La peste y el predicador

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

Se cuenta que hubo un periodo en Siria durante el que se instaló la peste, golpeando sobre todo en Damasco y el Valle del Jordán.

En aquella época existía un predicador, con fama de mala persona, a quienes las gentes tenían por una calamidad del cielo.

Un día, Allâh tuvo a bien dar por terminada la plaga de peste que asolaba el país. Habiéndose cerciorado de que ella había partido completamente, el jatib (predicador) convocó al pueblo en la mezquita para dar gracias a Allâh.

«Demos gracias a Allâh – dijo el jatib – por haber alejado de nosotros esa plaga de peste que nos ha asolado durante tanto tiempo«.

Uno de los asistentes dijo: «Ciertamente, hay que dar gracias a Allâh, pues si soportar una plaga ya es duro y difícil, soportar dos, como soportábamos antes, era superior a nuestras fuerzas. Durante un largo periodo de tiempo te hemos soportado a ti y a la peste; ahora al menos solo nos queda soportarte a ti.«

Hoy, el lugar de la asamblea es Internet, y tales y cuales mezquitas; y muchos de los predicadores son la lacra que hay que soportar. Lo peor de todo es cuando esta gente calamitosa cuenta en su “poder” con cuantiosas divisas y jugosas mensualidades concedidas para predicar el mal.

Si ya el hadiz nos dice:

Quien no tiene pudor no tiene fe

O bien, como este otro dice:

Queda en los dichos de los antiguos: “No tengas pudor y ya, haz lo que quieras”.

Si ya vivimos en una época en las que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo que los ignorantes se subirían a los púlpitos para extraviar a otros ignorantes; escuchar lo que dicen es una penalidad añadida, por soportar la cual, estamos convencidos, podremos ganar hasta dos veces el Paraíso. Porque se puede ser mártir de oído cuando escuchas a alguien vestirse de “šayj” y contar la primera pamplina que se le venga en mente. Y decimos pamplina por pecar de suaves, cuando no se trata de aleyas alteradas del Corán y hadices traficados.

Aunque estemos en modo jocoso, el asunto es serio. ¿Dónde se encuentra el pudor de aquellos que se auto demominan šayj o que dejan que se lo llamen? Es más, utilizan este término con una falta encomiable de pudor a fin de llamar la atención como cualquier compañía de venta de electrodomésticos lo hace.

Ya sea en Valencia, en Granada, en Barranquilla, en México DC, USA o UK, Alemani, Egipto, Qatar, Arabia Saudita, Iran, los chayjes, los estudiosos del Corán, los expertos en Islam, los licenciados islámicos te hablan de cuatro cosas para que te las creas.

¡Pero si esto parece una pasarela de modistos!

Entonces, nosotros, que llevamos 42 años inmersos en el estudio y práctica de absolutamente todas las ciencias del Islam ¿qué somos? Somos ˤibadu-l-Lâh, siervos de Allâh. Para ellos los títulos y la ignorancia; para nosotros la sabiduría y la servidumbre.

El problema, hermanos/as es que muchos de vosotros no os tomáis suficiente trabajo para saber distinguir la mentira de la Verdad. Bien podría ser dicho que algunos de vosotros acabáis de hacer šahada y sois engañados por este o por el otro; es cierto, tenéis razón. Ahora bien, no tenéis razón del todo, puesto que antes de dar vuestra confianza a alguien hay que trabajar, hay que inspeccionar y estar seguros que tales o cuales personajes merecen que les deis confianza, ya que, por otra parte, ofrecérsela es responsabilidad vuestra.

Algunos me diréis que es imposible saber distinguir quien dice o no la verdad; y, desde aquí os decimos que no, que no es imposible; el mismo Corán lo explica diciendo:

No desesperan del Favor de Allâh sino los incrédulos”.

Queremos decir con esto que cuando una persona se confía en Allâh no puede estar mal guiado; puede experimentar confusión, ser engañado por palabras, estar desorientado. Ahora bien, si pone de su parte lo suficiente, al final, aunque tarde, se desembarazará de los embaucadores y mentirosos.

Es así, entonces, que los predicadores calamitosos no tendrán más influencia sobre él; y al apartarse de ellos adquirirá sabiduría, tanto, que un día podrá ver y evaluar lo bajo de su condición, lo miserable del estado ególatra en el que se encuentran estas criaturas ignorantes cuyo ego les engaña a ellos y a otros.

Eso ocurre, hermanos/as, por acomodarse y aprender el Islam por videos, audios o escuchando jutbas de predicadores calamitosos. ¿No consideráis que el estudio de la religión merezca más esfuerzo, más dedicación? Se trabaja para tener una bella casa y un buen coche, pero para aprender se miran videos y escuchan audios. ¿Cómo se podría avanzar de esta manera en el conocimiento del Islam? ¿Cómo reclamar a Allâh conocimiento sino trabajamos para obtenerlo? ¿Cómo estar bien guiado si escuchamos al primer vendedor de champú que nos cuenta historias huecas en un video?

Vivimos en un mundo injusto, hostil con las personas honradas, donde no cabe ni la sinceridad ni la bondad para abrirse paso, y luego mortificamos nuestra vista y oídos con predicadores calamitosos y cuenta historias para niños. Al menos, salgamos de esto últimos, que si podemos, y como el protagonista de nuestra historia, mandemos a paseo a estos maniquís de pasarela. Merecemos mejor que eso después de que dejamos nuestras anteriores vidas para seguir el Islam.

¿No os parece?