Las dos doctrinas del Islam: Ashariyya y Maturidi

La paz sobre vosotros

La aparición de la doctrina muˤtazilla en el ‘Islâm, así como los errores conceptuales de sus seguidores mostraron la necesidad de fijar la doctrina de creencia de los musulmanes.

Si bien la clasificación de la doctrina islámica en cuatro escuelas jurídicas (Maliki, Hanifi, Hanbali y Šafi’i) obedecía a  la perentoria necesidad de fijar la práctica válida en el Islâm, hay que comprender que debido a la extensión geográfica del Islâm, tanto en Asia como en Africa y Al Andalus, había que dejar cierto margen sin que ello incidiera en diferencias insalvables en las escuelas a fin de conceder un cierto margen coincidente con las costumbres de cada región. En realidad, las diferencias entre ellas son muy escasas y no tocan a nada de lo esencial.

En cuanto a la doctrina se refiere, podemos decir que la secta Muˤtazilla y su doctrina se encontraban fuera del Corán y de la Sunna. Ella no era aceptable, y por tanto se hacía necesario fijar la doctrina musulmana a fin de que nadie encontrara un medio de extraviar a las gentes y evitar que el Islâm se convirtiera en algo diferente a lo que fue revelado.

Los Muˤtazilla negaban el Decreto y supeditaban éste a las acciones de los hombres. Además, manifestaban que el Corán era creado, lo que significaba que no era la Palabra de Allâh. Esto significaba separar a Allâh de los creyentes, así como otorgar una total libertad para explicar el Corán según sus intereses, e incluso llegar a modificarlo.

La virulencia con la que estos muˤtazillies quisieron extender su doctrina hubo de sentirla el Imâm Ibn Hanbal cuando fue metido en prisión y torturado hasta casi llegar a provocarle la muerte.

Abu-l-Ḥassan Ašari, en principio seguidor de esta secta, se separó de ella y se dispuso a fijar y establecer una doctrina de mínimos del Islâm a fin de que nadie pudiera salirse de ella sin prevaricar.

Esta doctrina hablaba de las aplicaciones del Tawhid en la vida de los musulmanes, y fijaba los límites en los que éstos debían pensar y actuar sin que se deformara la idea de Allâh, del Qur’an y de la Sunna.

Trataba de la Ilahiyya de Allâh, es decir del ser Divinidad de Allâh separándola de todo lo creado y aislándola de toda semejanza. En cuanto a la Rabbaniyya, es decir, el aspecto de Señor de Allâh con respecto a la Creación, fijaba las reglas del Decreto divino.

Al ‘Ašari, basándose en el Qur’an y en la Sunna, afirmaba que el Decreto siempre se imponía sobre toda otra circunstancia, incluso sobre el libre albedrío. Este último no es negado, sino que se le reconoce el papel propio que le corresponde en el mundo en el cual actúa y es protagonista de nuestros actos. No podemos hacer lo que Allâh no quiere; pero en Su Querer soberano El nos ha dado la libertad para escoger entre el Bien y el Mal, entre el Bien y la Excelencia; y en función de esta intención de obrar somos recompensados o castigados; o incluso, corregidos para no tener que ser castigados. De esta última manera, Allâh se reserva ser Justo con aquellos quienes, habiéndoseles dado la facultad de escoger, lo han hecho de manera errónea.

La escuela Ašarita entonces afirma que el Qur’an es la Palabra increada de Allâh, que no toma forma sino que se presenta al ser humano de una manera asequible para él, sin dejar de ser increada y Eterna.

Utiliza el Kalam, es decir, la búsqueda teológica, tratando de explicar los principios de la fe, defenderla, y establecer su alcance de acción en el mundo del ser humano.

La fe aumenta o disminuye según asegura el hadiz.

En cuanto a Maturidi, escuela iniciada por Abul Mansur al Maturidi, contiene algunas diferencias con respecto a la Ašari; estas diferencias son fundamentalmente:

No es la fe que aumenta o disminuye sino el Taqwa.

El Qur’an es la Palabra increada de Allâh pero toma forma.

Los actos pueden contribuir de alguna manera a modificar el Decreto.

Si queremos decirlo así, ambas escuelas son ortodoxas y aceptadas en el Islâm, si bien la primera (la Ašarita) es la más extendida en el mundo islámico. Además de ser la más extendida es asimismo la más correcta, ya que la doctrina Maturidi afirma cosas que no puede llegar a explicar, tal y como el tomar forma del Qur’an y en qué medida puede el libre albedrío condicionar el Decreto, que es de Allâh y establecido antes de la creación del Tiempo.

Asimismo es cierto que la doctrina Maturidi peca de ser más mental, intentando reducir los conceptos al alcance limitado del pensamiento humano, mientras que la doctrina Ašarita trata de elevar el pensamiento a las realidades que le sobrepasan por naturaleza misma.

En cuanto a la idea de Allâh ambas, la Ašarita y la Maturidi coinciden en la incapacidad de establecer una idea sobre la Divinidad que se base en concreciones de tipo humano. Y esto porque Él se encuentra por encima de lo creado de una forma independiente, sin que nada pueda afectarle o condicionarle. Él es Allâh y se le define de una manera, aunque sea muy vaga y difusa, negándole la posesión de cualquier cualidad de los seres creados.