17 junio 2024
Hadiz

Las consecuencias del individualismo y el agujero del lagarto

Abdul Karim Mullor

Las consecuencias del individualismo y el agujero del lagarto

Llamamos individualismo al espíritu egoísta e interesado de aquellos que buscan encontrarse a toda costa por encima de otros.

El individualista persigue siempre la ventaja personal en toda circunstancia, tratando de obtener beneficio de todo cuanto aparece a su paso. Para ello, sabe, y es consciente de que para conseguir sus fines, debe practicar la injusticia en cualquiera de sus manifestaciones y aplicaciones.

Frente al espíritu individualista se encuentra el de la solidaridad o de la misericordia social.

Una de las formas más usadas al aplicar el individualismo es, bajo excusa de pretender el bien común, utilizar el entramado social a fin de obtener provecho de las gentes sin parar en mientes si se causa perjuicio a todo quien “se pone por delante”.

Lo peor de todo esto, es que las consignas educativas y de organización social excitan y promueven que los más despiadados, los que menos escrúpulos presentan en sus acciones, son los que van a gozar de puestos de responsabilidad.

 Se trata de un “bulling” organizado por aquellos que pregonan justicia, actuando en cambio como verdaderos depredadores sociales. Las víctimas de este bulling son aquellos cuyos corazones no les permiten abusar de otros.

Los codiciosos, por supuesto, utilizarán su privilegiada posición para ensalzarse a sí mismos y a los suyos,  humillando al resto.

La hipocresía del individualista llega hasta el punto de que él se empeñe en justificar su postura predicando actuar por el “bien común”.

En nuestra Sunna podemos leer que uno de los signos del Fin de los Tiempos es que los puestos de gobierno serán dados a aquellos que son incapaces para ejercerlos.

Esto es debido a que los poderes fácticos utilizan a inútiles a fin de parapetarse y tratar de pasar desapercibidos. Para llegar a esto habrá que haber fortalecido la lucha individualista desde la más tierna infancia, a fin de que todos entren en conflicto con todos, haciendo de la codicia el único medio de triunfar en la vida.

Nosotros, los musulmanes, no estamos exentos de esta plaga. De hecho, estamos siguiendo, paso a paso, todo cuanto hicieron nuestros predecesores, lo que nos lleva, sin duda alguna, al agujero del escorpión o del lagarto, que, al fin y al cabo, lo mismo dá.

El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

“Ciertamente, seguiréis la vía de quienes os precedieron y os pareceréis a ellos tal y como se asemejan las plumas de las flechas, hasta el punto de que si ellos entraran en el agujero del lagarto, vosotros también lo haréis” – “Mensajero de -Allâh le dijeron – ¿estás hablando de los judíos y de los cristianos?” – El respondió: “¿de quiénes sino?”

Bujari y Muslim

Es así, el Profeta lo dijo y no hay más que decir.

Hemos llegado a esa situación. Es penoso y triste constatar como la solidaridad y la misericordia que debería darse entre aquellos que, por religión, se llaman hermanos, han sido abolidas por una realidad consistente en que los unos disputen con los otros por el puesto y por el dinero.

Hemos visto a gentes en Meca darse codazos para llegar a besar esa piedra negra, que con estas actitudes se ha convertido en más ídolo que piedra. Fuimos testigos de como unos traicionan a otros para obtener un puesto cutre en una cadena de Tv no menos cutre, a decir verdad.

Hemos visto a algunos «listillos» pretender dar clases del Islam para ganar dinero o hacerse famosos. Utilizan para esto, la mentira, la descalificación, en resumidas cuentas, la traición.

Todos quieren de todo sin pararse a considerar cual es el verdadero lugar que ocupan en la Umma. Se ha copiado literalmente de las tácticas de los trepas de la política y del mundo laboral.

Pretendiendo que otros hacen shirk, ellos se postran ante sus jefes, que son los que les dan el dinero. Te llames Said, o Hicham, o Tawfiq, o Vicente, o Karami, sigues siendo eso, un ignorante para quien lo último es su religión

Si para ello deben adulterar el Libro, algunos lo hacen, como el tal García. Si es necesario mentir sobre la religión, y con ello extraviar a otros, lo hacen sin pestañear. Todo esto hasta el punto que, como en Carnaval, algunos se suben a los púlpitos con sus orejas de burro dejando ver su falta de escrúpulos y su amor por el poder. Poder éste que buscarán a toda costa, caiga quien caiga.

Se llama como se llame tu grupo: Haqqani, o Muhammadi; ya estés en Chipre, en USA o en Manchester… vas a por eso, a por el dinero, la fama, utilizando la mentira sin pudor. En realidad ¿qué eres? Eres un taxista que pasas la lectura del contador a tus clientes y que te equivocas adrede de trayecto para que el marcador del taxímetro suba la cifra.

¿Quiénes son las víctimas de todo esto? Los musulmanes, siempre ellos.

Pero la astucia de Allâh es mayor. El que hace al mal lo verá; y tú no serás una excepción. Allâh te humillará ante el mismo público en el que pretendiste consagrarte. Te consagrarás, sí; En la mentira y el engaño.

ˤAbdu-l-Lâh Ibn ‘Amri Ibn al ‘As – que Allâh esté satisfecho de él – relató que el Profeta de Allâh – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

Allâh no retira de una sola vez el conocimiento que dio a las gentes. Lo sustraerá retirando a los sabios con su conocimiento. Quedarán solo personas ignorantes, que cuando se les consulte, darán veredictos sin ciencia alguna; se perderán y perderán a otros.

Esta es, sin duda, la situación actual. A imagen y semejanza de todo cuanto de injusto podemos ver en el mundo, en la Umma musulmana, gentes sin escrúpulos, que gobiernan países, potencian a los codiciosos a fin de dominar los corazones de todos los fieles. Cual diablos, apostados en el camino, apartan, uno a uno de la verdadera guía, arruinan su religión, y por tanto sus vidas.

Vemos organizaciones salidas de la cueva del diablo que pretenden representar al Islam. En realidad, hoy, el sabio calla y los asnos hablan.

Gentes inmisericordes dominan los actos de los musulmanes, se ríen de su ignorancia, sin pararse en mientes a analizar la suya. Todo esto excitando el individualismo y la codicia de gentes que darán sus vidas por pavonearse en la pasarela y tener un nombre reconocido.

Vivimos en una época en la que el rucio se hace pasar por šayj; en la que el mono saltimbanqui hace sus malabarismos en público; en el que la cabra se sube por la escalera, al son de la trompeta del festivalero de turno.

Pero

Quien no es misericordioso no recibirá misericordia.

Quien nos engaña no es de los nuestros.

Y triunfará quien la purifique