27 mayo 2024
Nuevos Musulmanes

Las buenas acciones y sus fines – La recompensa

Las acciones y sus fines – La recompensa

Siempre que nos disponemos a escribir, casi dispensamos más tiempo en decidir sobre qué tema o temas vamos a hacerlo que el en el acto mismo de escribir.

A veces debemos despejar confusiones que son muy elementales; otras, debemos entrar en un asunto y explicarlo de todas las diferentes maneras susceptibles de hacerlo, pues, por cualquier motivo hay conceptos que originan confusión, salvo que se les contemple de la manera debida y se les exponga con claridad y minuciosidad, tal y como nos disponemos a hacer en estos momentos.

Las acciones

A estas precisas horas, las cigüeñas que pueblan esta localidad del Norte de África vuelven a su lugar de descanso; ello después de haber laboriosamente buscado su comida y las de sus crías.

En la naturaleza encontramos por la mañana los signos de una frenética actividad, siendo que por la noche casi todos los seres se reposan.

Allâh ha creado al Ser humano para actuar. Corporalmente disponemos de un cerebro para pensar, unas manos para trabajar, unos pies para dirigirlos en las buenas obras, así como los elementos de resistencia al desgaste, terminando por los de la procreación. Podemos decir que estamos hechos a conciencia, formados de manera natural, como los actores de los episodios que modelarán nuestra personalidad, carácter y capacidad.

Allâh no ha creado todo esto en vano, como dice el Corán. El, en Su Sabiduría Infinita ha dispuesto para nosotros un camino repleto de actos posibles; un camino en el que solamente podremos avanzar si disponemos del pasaporte adecuado que son las buenas obras.

Las buenas obras son pues, no una causa de obtención de recompensas, sino una manera de ejercer la jilafa Divina; es decir, una manera de ser un legítimo representante de Allâh en la Tierra. Si las valoramos en ellas mismas vemos que ellas reflejan el Ẓahir (Exterior de Allâh), formando parte de la Belleza por ellas mismas, sin necesidad de estar avocadas a la obtención de frutos determinados.

En virtud de la Predestinación, es decir, de aquello que Allâh ha decidido que vamos a obrar en nuestras vidas, podremos ejecutar buenas o malas obras. Ahora bien, aunque Allâh lo haya así dispuesto de antemano, sería blasfemo acusar a Allâh de injusticia argumentando que Él ha sido el causante del mal que hacemos en función de lo que nuestros diminutos cerebros entienden que es la Predestinación. Y es que jugar a ser Dios no está hecho para los seres humanos; porque la Ciencia que estos poseen es limitada al horizonte de visión de cada cual.

Sentarnos y decir que Allâh ha predestinado nuestros actos es no saber nada sobre la Predestinación. Pues, para aquel cuyos ojos han despertado del letargo, dicha Predestinación es un todo que comprende los actos, el perdón, la recompensa o el castigo. Todo se encuentra de una sola vez ocupando el mismo espacio, engarzados los elementos entre sí con un arte que solamente Allâh puede tener.

Vemos pues que las buenas acciones son por ellas mismas una expresión de la Belleza divina, de su manifestación externa.

Quien crea que las buenas acciones son únicamente productoras del pago de una mercancía llamada recompensa está perdiendo los buenos modales para con Allâh.

No obstante, dichas obras puras que menciona una y otra vez el Libro de Allâh producen una causa-efecto que forma parte asimismo de la Voluntad y del Diseño divino.

Trabajo – Buena obra – Mejora de carácter – Más capacidad para hacer buenas obras – Recompensa.

Si leemos bien, el primer término de esta cadena es el Trabajo, o el esfuerzo, como lo queramos llamar. Este es una condición sine qua non para que la cadena de causas efectos se pueda poner en marcha.

La finalidad buscada con las buenas acciones

Uno puede realizar buenas acciones con la intención de ser recompensado por Allâh, y esto es legítimo, ya que Allâh anima a ello y ha prometido el Paraíso para quienes eso hacen.

Asimismo uno puede buscar el Perdón de Allâh a través de las buenas obras, porque se tiene conciencia de la propia debilidad e indigencia de carácter. A este efecto, las obras buenas anulan las malas.

O bien, y esto entra en el dominio de la excelencia, uno puede obrar bien porque es bello hacerlo, sin buscar otra cosa que la Faz de su Señor que se muestra a El de diferentes maneras cuando realiza dichos actos.

Los diferentes tipos de recompensas

Como acabamos de ver nadie tiene derecho a criticar a otro que actúe para tener recompensa, pues, se quiera o no, quien busca el pago de sus obras mantiene de Allâh la buena idea de que Él es Rico y Generoso; este servidor está realizando en él mismo el Recuerdo de esos Nombres Divinos con sus propios actos.

Aquel quien no lleva cuenta de sus actos y no obra por recompensa alguna es más creyente, más inteligente y posee una mejor idea de Allâh. Pues esta persona (hombre o mujer) actúa porque sabe que a Allâh le agrada esa obra y él o ella quieren agradar a su Señor.

En función de esto existen dos tipos de recompensas:

Las que es servidor busca

Las que Allâh quiera dar.

Porque el servidor que actúa sin amor a la recompensa, la recibe, quiera él o no. Allâh quiere darlas por Su Voluntad porque Le agrada ver a Su servidor satisfecho de Sus dones.

Sayyidina Ayub – sobre él la paz – fue encontrado una vez danzando mientas que saltamontes de oro le caían del cielo. Cuando fue increpado de alegrarse de las riquezas de este mundo, él respondió:

¿Cómo podría no estar contento de cualquier cosa que Allâh me dé y menospreciar así el Favor de mi Señor? Yo no los pedí, Allâh me los envió”

Las aleyas que hablan de la recompensa divina son cuantiosas, he aquí algunas de ellas:

Wa mâ tuqaddimu li ‘anfusikum min jayrin tayiduhu ‘inda-l-Lâhi huwa jayran, wa ‘azama ayran ‘inna-l-Lâha gafurun rahîm.

Y lo que adelantéis de bien lo encontraréis junto a Allâh. Eso es mejor y tiene más recompensa. Ciertamente, Allâh es Perdonador y Misericordioso. (73-20)

Cuando Mis siervos te pregunten por Mí, estoy cerca y respondo a la oración de quien invoca cuando Me invoca. 7 -55

Los que creen y practican las acciones de bien, tendrán jardines por cuyo suelo corren los ríos. Ese es el gran triunfo. 85-11

Excepto los que creen y llevan a cabo las acciones de bien, porque ellos tendrán una recompensa que no cesa. 95-6

Los que se niegan a creer tendrán un durísimo castigo; pero los que creen y practican las acciones de bien tendrán perdón y una gran recompensa. 35-7

Y a aquéllos que hayan seguido la guía, el Misericordioso los incrementará en ella. Y las palabras y acciones perdurables y rectas son mejor ante tu Señor en recompensa y en resultado. 19-76

Realmente a los que creen y practican las acciones de rectitud, el Misericordioso les dará amor. 19-96

Quien se haya vuelto de sus faltas, haya creído y haya obrado con bien podrá ser de los que tengan éxito. 28-67

Pero no es así para los que tienen paciencia y llevan a cabo las acciones de bien. Esos tienen perdón y una gran recompensa. 11-11

Para recompensar a los que hayan creído y practicado las acciones de bien. Esos tendrán perdón y una provisión generosa. 34-4

El que haya cometido maldad sólo recibirá el pago equivalente a ella, pero quien haya obrado rectitud, sea varón o hembra, y sea creyente, ésos entrarán en el Jardín donde se les proveerá sin limitación. 40-40

No son iguales el ciego y el que ve, como no lo son tampoco los que creen y practican las acciones de bien y los que hacen el mal; poco es lo que recapacitan. 40-58

Conclusiones

La Predestinación abarca todo, incluso la vida y la muerte. Pero las obras puras pertenecen al Ẓahir de Allâh, y es por ello que por ellas mismas poseen un valor incalculable. Jamás Allâh ha alimentado la indolencia y la dejadez, y aunque El haya dado graciosamente Su manutención a buenos y malos, las buenas obras son el signo de los buenos y viceversa. La recompensa Divina siempre es producto de las buenas obras, Allâh la otorga en la cuantía que El desea. Alguien que no pena, que no quiere trabajar no recibirá el sustento, salvo que Allâh le quiera castigar en la Otra Vida haciéndole vivir en la opulencia en ésta.