13 abril 2024
CeutaDiálogo intercultural

Las 1001 caras de la Islamofobia

Abdul Karim Mullor

Las 1001 caras de la Islamofobia

Sara, la hija de nuestro amado Mehdi Flores – que Allâh le tenga en Su Misericordia – acaba de terminar la tesis de su licenciatura, constituyendo el tema de ésta, “La Islamofobia”.

Antes de introducirme en los detalles y el planteamiento de su tesis, la cual su fallecido padre la estaba ayudando a preparar, he de decir que el presente artículo que me encuentro escribiendo no constituye su presentación. Llegado el día la invitaremos a que lo relate ella misma. Tampoco trato de presentar su elaborado escrito de ninguna de las maneras.

Simplemente este hecho, que me ha sido notificado hoy mismo, me ha inspirado la idea de escribir unas líneas, escuetas, pero bien estructuradas, sobre este tema tan de actualidad.

Y no voy a tratar en mi exposición de presentar al Islam como un imputado al que hay que inocentar. Esta sería una postura muy débil para un musulmán sufí como yo, ya que el Islam nada ha hecho para pasar por  imputado de acusación alguna.

Claro que, la Islamofobia existe, y ésta es producto, sobre y ante todo, de un desconocimiento generalizado del Islam de parte de los islamófobos. Pero hay más…; porque se puede ser islamófobo por ignorancia, pero también se puede serlo por interés.

¿Cuáles son entonces las causas de la Islamofobia en lo que se ha dado en llamar “cultura occidental”? Veamos.

La verdad es mayor cuando se la expone a la luz del Sol.

El orgullo supremacista intelectual de Occidente

Nadie nos puede acusar de faltar a la verdad cuando decimos que la “cultura occidental” se presenta, pagada de sí misma, como la superior, la más afortunada, en resumidas cuentas, la referencia obligada de toda la Humanidad.

Ella se auto valora como solución a todos los males que asolan la tierra, siendo irónicamente, en la mayoría de los casos, la principal causante de dichas desgracias. Desgracias como son el hambre y la desigualdad entre otras.

Su “ciencia”, convenientemente “sacralizada” es expuesta de la misma manera en el que los cristianos presentan la Biblia. Sus científicos son los ángeles que trabajan por “amor a la Humanidad”. Sus mecenas (es ahí donde se encuentra el problema) siendo como son los adinerados que controlan el mundo, son como los santos que ponen a los fieles en contacto con Dios. Santos, que según Jesús – la paz con él – “es más difícil que entren en el Reino de los Cielos, que lo haga un camello por el ojo de una aguja”.

El dinero de los mecenas compra científicos y paradigmas. Sus postulados son ley. Y son ley de tal manera, que aunque ahora no exista la Inquisición ni el potro de tortura, quienes los nieguen serán parias en una sociedad que pretende, al menos eso dice, erradicar la existencia de castas.

De esta manera, La Laicidad es la última religión revelada por…En su seno guarda a dios, sus profetas y sus santos como acabamos de ver.

No es de extrañar entonces que los próceres y fieles de esta religión odien al Islâm, sabiendo que él es la única doctrina que puede dejar en evidencia la suya, derrotarla en el discurso y en las demostraciones. El Islam es, por lo tanto, el enemigo, el opositor, y hay que estigmatizarlo mediante el discurso de los medios informativos, divulgativos y económicos.

El que paga, manda. Esta sí es una ley universal.

Se trata pues, en este caso, de una Islamofobia de conveniencia.

Las doctrinas masonizadas que se hacen pasar por islámicas

Sabiendo esto último que acabamos de expresar, los representantes de estas doctrinas laicas occidentales, han designado re planificar las islámicas a fin de afearlas y presentarlas al gran público como doctrinas propias de fanáticos.

Efectivamente, la historia reciente demuestra cómo, principalmente Inglaterra, sirviéndose de la Masonería, ha adquirido clientes árabes, a guisa de mercenarios intelectuales. Su fin es el de cambiar las doctrinas del Islam y presentar las contrahechas como si del Islam se tratara.

Personajes como Mr. Hempher, Laurence de Arabia y otros lores ingleses, masones todos ellos, llegaron a contratar mercenarios árabes como: Muhammad Ibn Abdil Wahhab, Nasiruddin Albani, Kamal Ataturk, Badiuzzaman Said Nursi, Hassan Banna, Yamaluddin Afgani… y modernamente a otros como Tariq Ramadan. Falsos sufís como  Habib Yifri, Nazim Haqqani…, así como todos los religiosos sauditas, de Qatar, buena parte de los egipcios y algún que otro sirio.

Esto dio lugar a las doctrinas: wahabita, salafista, Hermanos Musulmanes, tabliguis, ahmadíes, coranistas, falsos sufís masonizados…, por poner algunos ejemplos.

Evidentemente, todas estas no representan a las verdaderas doctrinas del Islam. Ahora bien, el poder económico que detentan sus actuales mecenas, ha proporcionado de alguna manera que la visión que se tiene en Occidente sobre el Islam sea tan pobre como el de estas desnaturalizaciones que acabamos de enumerar.

La mayoría de los musulmanes actuales en sus comportamientos sociales no representan el Islam

Es una realidad a voces. Muchos musulmanes, cuando llegan a vivir en países occidentales muestran un comportamiento individual y social que deja mucho que desear.

Muchos buscan vivir de las ayudas sociales; se agrupan en guetos porque no saben tratar con la gente. Piensan de esta manera protegerse contra su influencia. Al no trabajar, el ejemplo deplorable que dan a sus familias es incontestable. Viven en su mundo, y ese mundo en el que viven no es el universo del Islam.

Antes bien, el verdadero musulmán debe ofrecer un ejemplo impecable. Él debe trabajar, debe integrarse en la vida económica y social del país en al que han ido a habitar. Porque los seres humanos debemos estar para ayudarnos los unos a los otros. Debemos brindar un ejemplo intachable, ya que hay que saber que no solamente estamos dando una imagen particular de nosotros mismos. Estamos brindando una imagen de la Religión del Islâm.

Digo esto por si alguno ha llegado a olvidarlo.

Un pasado revuelto

Que no se nos olvide que algunos países europeos llegaron a tener sometidos a países musulmanes del Norte de África. Esto ha generado un espíritu de profundo malestar que se va disipando con el paso de unas generaciones a otras.

No me extenderé más sobre este asunto, pues para eso podemos consultar la Historia con facilidad y extraer nuestras propias conclusiones. No estoy yo aquí para hacerlo por vosotros.

Solamente debemos decir, en honor a la verdad, que la integración que se les pide hoy a los musulmanes en los países europeos no tuvo su correspondencia en la época de la ocupación.

Es decir, los europeos nunca se “integraron” en los países que ellos ocuparon. Por eso, esta “integración” que se les exige hoy a los musulmanes no deja de tener tintes irónicos de por ella misma. ¿Y eso no es fanatismo?

La rivalidad entre la Iglesia y el Islam

El lugar preponderante que, durante siglos, ha disfrutado la Iglesia Católica, así como la protestante, en el mundo occidental ha contribuido asimismo a fomentar la Islamofobia. Digámoslo, como sistema de auto protección contra una doctrina tan sabia como la del Islam que puede rivalizar con la de la Iglesia en cualquier circunstancia y en cualquier debate. Es así que ese lugar “preponderante” ha sido utilizado por el Cristianismo abusando de las mínimas normas de convivencia, relegando así a los musulmanes, a veces de manera nada ejemplar.

Ningún musulmán, por el hecho de serlo, puede rivalizar con un no musulmán en el mundo laboral en igualdad de condiciones

Este es un hecho que yo mismo he padecido y que padecen muchos correligionarios en la actualidad. Uno se pregunta si en nuestros días un musulmán es percibido como un marciano, un ser de otro planeta o un enemigo indefinido procedente de una galaxia lejana no descubierta en la actualidad.

Con la excusa de ser musulmanes muchos no pudimos ascender de grado según nuestras competencias. Y ello, al menos, hasta que, después de un buen tiempo, llegamos a convencer del hecho de que éramos uno más en el marco laboral. Muchos, con malas artes, utilizaron nuestra religión para competir contra nosotros por el puesto en situación ventajosa para ellos. Pero al final, la verdad se impone.

Este tiempo perdido en demostrar que somos iguales nos pasó factura. Y es que la ignorancia crea monstruos que no existen. Curiosa ignorancia esta la de una covilización que se vanagloria de ser sabia y elegida.

La violencia

Quería pasar por alto este capítulo. Poco hay que decir sobre ello, y pocas explicaciones merecen ser dadas. Los grupos violentos no son musulmanes ni representan al Islam. No representan ni respetan ninguno de los principios de nuestra religión. Antes bien, no sabemos quiénes los han formado, y dudamos sinceramente que la totalidad de sus formadores y financiadores deban de ser precisamente árabes o musulmanes.

Como decir mi opinión con respecto a esto podría ponerme en una delicada situación, prefiero entonces no hacerlo, reservando para mí las convicciones a las que he llegado. Aunque he de decir, en honor a la verdad, que sobre este punto no me he formado una idea completa y definitiva.

Conclusiones

Yo diría que las fuentes de la Islamofobia se dividen en dos fundamentales:

Por un lado el espíritu supremacista occidental.

Por otra parte, la mala imagen que ofrecen los musulmanes, ya sea por las doctrinas masonizadas, ya sea por un defectuoso comportamiento social.

¡Qué Allâh permita que la Verdad del Islâm se extienda por todo el Planeta!