18 junio 2024
Nuevos Musulmanes

La Zakat al Fitra

La Zakat al Fitra

De los pilares del Islâm, la Zakat es el único que se practica dos veces cada año. Al ser cierto que no todos tendremos la oportunidad de satisfacer el Zakat al ma’l (patrimonio) por no cumplir con las condiciones necesarias para hacerlo, en toda justicia, Allâh nos ha dado una oportunidad para satisfacerla en el mes del Ramadán. Nadie, excepto los más necesitados y pobres pueden eximirse de abonarla al tratarse de una exigua cantidad a la que todos podemos acceder.

La cantidad mínima a satisfacer es la de un sa’. Un sa’ equivale al alimento que podemos contener cuatro veces con las dos manos juntas. Seguramente, esto varía en función del tamaño de las manos de unos y de otros. Es este el motivo por el que se ha establecido un peso que representa lo mejor posible esta medida. Estamos hablando de 2 kilos y medio.

Esta cantidad es la que hay que satisfacer por los cónyuges o cabezas de familia y por cada miembro del hogar que esté a cargo ellos.

Se puede satisfacer en dinero, calculando el equivalente de dos kilos y medio del alimento más extendido en el país, el cual, en casi todo el mundo suele ser la harina.

No tienen mucho sentido las discusiones que puedan darse entre sí se debe pagar en dinero o en especies, es decir, en granos, dátiles, etc. Lo verdaderamente importante es que tengamos claro y bien soportado cual es la cantidad que debemos satisfacer para no incurrir en falta satisfaciendo menos de lo que corresponde.

Cuando el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – lo instituyó, él recomendaba basarse en dátiles o cebada. Claro está que este dar a escoger entre la cebada y los dátiles con ello se indica que ambos deberían tener el mismo precio en aquella época. Es decir, el dátil era de bajo precio en comparación con el de la actualidad, lo cual es completamente lógico cuando comprendemos que la ciudad de Madina vivía casi exclusivamente del fruto producido por sus palmerales.

Transmitió Ibn ‘Umar – que Allâh esté satisfecho de él – que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – impuso como limosna de la ruptura del ayuno un sa’ de dátiles, o un sa’ de cebada, para el siervo y el hombre libre, tanto para hombres como para mujeres, para viejos y jóvenes entre los musulmanes, y ordenó que fuera dada antes de salir hacia la plegaria del ˤAid – Bujari


Lo que es realmente importante, no es ya el tipo de producto que se pueda utilizar como referencia, sino la cantidad de dinero, el valor que representa hoy, pues esa es la verdadera medida del esfuerzo económico que hay que dispensar, lo cual es en realidad la verdadera base para establecer la Zakat.

Tal vez a muchos pueda parecer una cantidad insignificante, dadas las cantidades que a veces pagamos por cosas que no son necesarias en nuestras vidas cotidianas. No obstante, al ser una prescripción general, y no calculada sobre la riqueza real de cada hogar, ello nos invita a reflexionar en el hecho de que si no fuera una cantidad tan exigua muchos no podrían llegar a pagarla. De esta manera ellos estarían privados de la bendición de haber cumplido a satisfacción con este pilar del Islâm.

Lo que cada uno quiera dar de más de este mínimo que hemos precisado le será entonces considerado como sadaqa (limosna voluntaria).

Quedando el aspecto legal del Zakat claramente establecido, ahora podemos pasar al significado de este acto, de este pilar del Islâm.

Allâh ha establecido una porción de riqueza para cada uno de nosotros. A esto no le podemos sustraer ni añadir nada por mucho que nos afanemos. Ahora bien, los bienes que El en Su Misericordia, nos ha otorgado no los podemos considerar como nuestros. Al contrario, ellos son una Amana de cuyo uso tendremos que dar cuentas un día u otro. Por otro lado, hemos de saber que los bienes que hemos obtenido proceden de una manera u otra de la Tierra, que es el lugar común de toda la Humanidad. La Tierra no es propiedad particular de nadie. Es así que pagando la Zakat, de alguna manera, estamos devolviendo lo que no es nuestro y otorgándoselo a aquellos quienes fueron privados de tener su parte.

De otra manera, pagar la Zakat nos obliga a no olvidar que nosotros no somos los propietarios de los bienes y que estos nos han sido acordados por una Misericordia divina. Asimismo nos anima a establecer la misericordia en nuestros corazones y ponernos en el caso de aquellos que apenas tienen lo necesario para subsistir. Esto nos hace ser humildes y conscientes de que nuestras vidas están siempre en la Manos de un Señor Todo poderoso que un día nos depositó en esta tierra y el día que El desee nos arrebatará de ella para presentarnos ante El, en toda presencia, en toda verdad.