27 mayo 2024
Editorial

La Vida y la Luz

Abdul Karim Mullor

La Vida y la Luz

Vemos el mundo según las luces que pueblan nuestro corazón. Porque este mundo no es el de las realidades eternas, sino que en él nos encontramos sujetos a unas percepciones que determinan nuestra visión. Pero estas percepciones se convierten en parpadeos cuando pasamos de un plano a otro; ellas se modifican progresivamente  siguiendo nuestras luces internas; hasta que llega aquel momento en el que las luces rompen el molde y se extienden por todas partes, haciendo de este viejo mundo un lugar diferente, transformado.

¿Podríamos exigir misericordia y bondad a alguien que ya tenga luz en el corazón? Sería una redundancia, pues la luz conlleva todo lo bueno de manera natural. De esta manera, la recomendación de bondad y misericordia no debe ser dirigida sino a aquellos en quienes aún sus corazones se debaten entre las luces y las penumbras.

No sabemos evaluar la trascendencia de esas Palabras divinas que aseguran que los siervos del Misericordioso, los verdaderos creyentes, los purificados, los adelantados, los awliyya ven como sus corazones salen de las tinieblas a la luz por la Gracia divina. Y ello porque viviendo en las tinieblas no conocemos la luz; y al no conocerla no estamos en disposición de evaluar las maravillas que se producen cuando ella irrumpe inundando nuestras vidas y pensamientos. ¡Cuánta belleza!

Una vez un hombre me preguntó, no sin aire de reto, quién era yo. Tomé esta pregunta como viniendo de Allâh hacia mí, como si Allâh se hubiera apoderado de la lengua de esa persona y me estuviera retando a saber quién era yo.

Comprendí pues que había llegado el momento de realizar ese descubrimiento y me zambullí. Teme a Allâh raŷul (hombre) – me dije – teme a Allâh. Y bajé la mirada dejando hacer, y supe así que en lo bajo está lo alto, en la mezquindad la gloria, en la ausencia la presencia, en la nadidad el todo.

¿Qué puede necesitar de otros aquél quien tiene la consciencia de que Allâh todo lo provee? Aquel que sabe que vive porque Allâh lo quiso y que morirá para volver a Él. ¿Cómo entonces esperar de lo vacuo, de lo insustancial, de lo ilusorio?

Cuando considero las vidas de aquellos grandes hombres, capaces de sacrificarlo todo por Allâh, y me comparo con ellos, siento esa gran impotencia; nunca podré ser como ellos; pero hoy es hoy; no es el tiempo de Abu Madiam, de Ŷilani, de Ibn ˤArabi, de Šadili, de Ŷunayd, de Bastami, de Gazali, no, no es el tiempo. Somos sus hijos pequeños, les vemos grandes, nos abruman; y si un día Allâh nos quiere hacer crecer, nunca nos veremos como ellos. Porque aquel quien se siente verdaderamente esclavo de Allâh jamás podrá verse grande. Es su sino, es su naturaleza que no se puede alterar.

¿Qué podemos enseñarte hermano? ¿Qué podemos hacer por ti? Si no quieres aprender a ser esclavo como nosotros es mejor que cada uno siga su camino. Te cansarás, nos cansarás.

Vivimos expectantes de la Voluntad de Allâh. A duras penas sabemos lo que Él quiere hoy de nosotros; ¿cómo saber entonces lo que querrá mañana? Nos hemos despojado de nuestra voluntad hasta el extremo de no saber qué es lo que queremos.

El mar sigue la voluntad del viento, va y viene según sople de Levante, de Poniente, del Norte o del Sur. Al igual que él, nos movemos al viento de las voluntades Eternas de un Dios Misericordioso que nunca nos abandona.

Entramos por una puerta sin retorno, a una ciudad en la que las mercancías son los conocimientos, las casas son seguras, los barrios son concurridos de gentes y acontecimientos, las verdades circulan por sus calles, las mezquitas están continuamente dando el Adhan, pues en esa ciudad se llama a Allâh cada minuto, en cada soplo. En esa Madina al Munawara en el que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – aún hoy se pasea con sus compañeros apacentando sus corazones con consejos y enseñanzas. En esa ciudad en la que acudimos a las grandes asambleas en las que se determinan las condiciones de una vida al servicio de Allâh

Y este es un país seguro – Wa hada biladi-l-‘amin

Vivir por vivir no es un valor para nosotros. Sí lo es, vivir para ser, vivir para construir, vivir para amar, vivir para saber, vivir para tomar la amana de Allâh con las dos manos; firmemente, sin dudas, sin flaquezas. Nuestra riqueza es la luz; es impagable, es Eterna, porque procede de una fuente rara cual perla escondida; porque procede de la misma fuente que la de nuestro hermano Al Jadir – que Allâh esté satisfecho de él -. La fuente de la Vida y de la luz; ya que ambas van juntas donde quiera que estén. Beber, beber y beber de esa fuente hasta que por la Gracia divina, el día menos pensado, nos abrevemos en ese Estanque del Profeta prometido para todos aquellos que amándole, le han seguido sin parpadeo.