27 mayo 2024
Nuevos Musulmanes

La verdadera lucha

Abdul Karim Mullor

La verdadera lucha

Un hadiz que encontré en la colección titulada “Hadices escogidos” que tuve la ocasión de traducir, dice:

El mejor de los muŷŷahidun (que luchan por la causa de Allâh) es el que lucha para que la palabra de Allâh sea la más alta.

Estas palabras me recuerdan la actitud de Abu Duyyana, quien en una batalla se puso a alardear delante de los enemigos. Era un diestro jinete, un valiente combatiente. Para infundir temor en el enemigo tenía la costumbre de atar a su turbante un pañuelo rojo.

Cuando alguien le dijo al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – que esa era una actitud despreciable en el Islâm, Muḥammad respondió:

“Sí, lo es, salvo en un día y un lugar como este”

Efectivamente, Abu Duyyana alardeaba de su valor y destreza para infundir temor en el enemigo. Todo a fin de que la Palabra de Allâh venciera sobre el error.

En estos días, la verdadera Ŷihad fî sabîli-l-Lâh (la lucha por la causa de Allâh), no se realiza mediante la espada o las armas; hoy, se hace con la palabra. Decir la Verdad se ha convertido en un acto extraño, tanto y de tal manera, que es difícil encontrar personas que la expresen con sabiduría y seguridad.

Dice el Libro de Allâh:

 El hombre busca el mal lo mismo que busca el bien. El hombre es precipitado. (17-11)

Estas palabras constituyen una sentencia. Y aunque se refieran a los hombres en general, asimismo podemos aplicarlas a los musulmanes, habida cuenta de la confusión existente en sus filas, y de tantos y tantos que siguen el error en lugar de la Verdad; tantos y tantos que no saben distinguir el bien del mal; tantos y tantos que siguen las palabras de los ignorantes que resuenan con estruendo cual cañones en el fragor de una cruenta batalla.

Por eso, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

El peor castigo el Día de la Resurrección será infligido a aquel a quien las gentes estiman, mientras que nada bueno se encuentra en él.(Kanz al Ummal 7485)

Otro hadiz clarificador dice:

Allâh no retirará la ciencia arrancándola de las gentes, pero El la hará desaparecer tomando el alma de los sabios hasta que no quede ninguno de ellos. Entonces, las gentes tomarán por jefes a los ignorantes, y cuando se les pregunte a estos a propósito de ciertas cuestiones, se darán el aire de saber sin basarse en ciencia alguna. Ellos se extraviarán y extraviarán a los otros.

(De Ibn Umar, recopilado por Al Bujari y Muslim).

Se han convertido en las plagas de la religión: un teólogo desviado, un imam no equitativo y un erudito ignorante.

(De Ibn Abbas, recopilado por A-d-Daylami)

Así pues, el erudito puede ser sabio o ignorante; puede ser certero o desviado; puede ser equitativo o injusto. Con esto queda dicho que la adquisición de la ciencia legal no es suficiente para transformar el corazón de las gentes. Se trata de una ciencia necesaria para el cumplimiento de los preceptos legales, pero no puede ir más allá, porque la fuerza de la Verdad no actúa en ella sino de una manera parcial, carente de la rotundidad necesaria para transformar a la persona. Esto último es el dominio de otra ciencia superior de la que hemos hablado en diferentes ocasiones.

La prédica de la Verdad necesita de la localización del error.

En tiempos de ignorancia de la Religión, como los que estamos viviendo en la actualidad, no podemos hablar de la Verdad a secas. Esto sería una falta de inteligencia y de sagacidad. La mayoría de las situaciones, conceptos, juicios y sentencias actuales, tienen el denominador común de ser erradas. No creo que sea necesario aludir a las palabras proféticas que dicen que el Islâm se ha convertido en un extraño, cosa que en nuestros días es claramente constatable.

Para emplazar a las gentes sobre el camino recto es necesario primeramente sacarlos del camino del extravío. Es decir, hay que indicarles precedentemente que el camino que siguen no lleva a ninguna parte. Demostrando así, que el sendero que se lleva no está avalado ni por el Corán ni por la Sunna. Una vez aclarado esto, hay que enseñarles dónde se encuentra el punto de partida de ese Camino recto del que habla la primera surat del Corán.

Esto forma parte de la estrategia del combatiente que, en primer lugar habrá de escoger el posicionamiento de las tropas y la técnica de combate, antes de lanzarse sin escudo ante el enemigo.

Al igual que el “Día de Badr” los musulmanes se hicieron con los depósitos de agua, privando de ella a los enemigos; de la misma manera hay que erradicar el error para poder extender la Verdad. Es decir, debemos privar a los enemigos de argumentos y así poder derrotarlos con facilidad, contando siempre con la asistencia divina.

Si alguien en verdad quiere luchar por el Islam debe estudiar con sabiduría y aprender de aquellos de los que el Corán dice:

Preguntad a las gentes del Recuerdo si vosotros no sabéis (Is’aluka ahlu-d-dikre ‘in kuntum la taˤlamûn).

Ellos son los generales laureados de las batallas por la Verdad