19 julio 2024
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La Umma musulmana – una comunidad dormida

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

En general la Humanidad vive un problema de identidad.  Este fenómeno no solamente se presenta de una manera global, sino que nación a nación podemos ver de una manera palpable que en ninguna de ellas existe un fin en común que movilice pensamientos y actos y que invite a sentirse formar parte de los colores de unas banderas que tiempo hace fueron vaciadas de significado.

Si somos honestos y observamos solamente nuestra tierra, nuestro país, veremos que no existe un objetivo común, un valor elevado, que salvando las diferencias legítimas de pensamiento, nos anime y nos predisponga a trabajar y soñar por la realización de un acto sublime que nos defina como nación y nos recoja bajo la sombra de una bandera. El mundo, en cuanto a valores y aspiraciones se refiere, está en “stand by”; España, asimismo está en stand by.

En los años 80 se hizo famosa aquella frase del gobierno de Felipe González, tan manida, traída y llevada, que quería definirnos paupérrimamente como “la sociedad del bienestar”. Y pensábamos en aquellos tiempos que nos habíamos apoltronado, artificialmente edulcorado. Si es el bienestar lo que puede definir a una sociedad entonces algo o mucho estamos haciendo mal. El ser Humano tiene necesidad de soñar y alcanzar ideales que vayan más allá del placer de una vida hedonista y trabada. Y son, y deben de ser, los altos ideales, se consigan o no, lo que defina una sociedad que trabaja para un fin sublime.

Esto ya no existe; vivimos en una sociedad donde la forma de pensar, de actuar, de soñar, de vivir, viene patrocinada por ideas mediocres, por fines sin substancia o por la simple falta de ellos. Se nos ha robado la capacidad tan humana de aspirar a un mundo mejor, a un ideal repleto de significado, a un motor existencial que dé sentido a nuestros actos, que nos haga vibrar.

Decidme musulmanes ¿no es esto lo que asimismo está ocurriendo en nuestra religión? ¿Dónde están nuestros ideales, nuestros objetivos comunes, nuestros sueños, nuestra capacidad de imaginar un fin tan sumamente noble y bueno que nos haga temblar de emoción?

Nosotros también estamos en “stand by”, indefectiblemente, innegablemente. Divididos artificialmente en sectas de diseño; creadas precisamente para causar división, y con ella anular la existencia de fines comunes y nobles; engañados por los piratas que dieron nacimiento y alimentan las sectas.

Ya no somos una Umma; somos un puñado de reinos de taifas, divididos y atrincherados en posturas indefendibles. Estamos muy lejos de ser un ejemplo para el mundo, y todos se ríen de nosotros porque estamos divididos; porque hace 3 siglos unos corruptos camelleros del desierto pusieron las manos boca abajo para que gente extranjera se las llenara de dinero. Y desde aquél día el enemigo supo cómo anularnos; como comprarnos, como utilizarnos. Caímos en la trampa, y aquellos que cayeron en ella los primeros hicieron sucumbir a los otros.

Y estos pastores de ovejas, camellos y cabras extendieron el fuego de la fitna y de la sedición, corrompiendo todo cuanto tocaban, convirtiéndose en un ensayo de Gog y Magog. Y, de los camelleros, la corrupción se extendió desde las pirámides de Egipto hasta el incipiente Pakistán, ayudados con el dinero producto de su deshonrosa venta y dejación.

Es así, los musulmanes carecemos de un objetivo común, y por eso no somos ya una Umma. Hemos caído en ese agujero del escorpión en el cual sayyidina Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – nos dijo que caeríamos, tal y como lo hicieron nuestros predecesores. Hemos hecho de la Umma un extraño, del propio Islam un extraño. Los ignorantes se suben a los púlpitos, los sabios callan, y apenados dan gracias a Allah por no haber caído tan bajo.

La situación se ha vuelto caótica, la realidad es que el amor ha dejado paso al odio. La simple relación bienintencionada entre los creyentes se ha convertido en recelo y enfrentamiento. La competencia desleal se ha abierto paso dejando a un lado la ayuda y la colaboración mutua.

La bandera de la religión de Muhammad – sobre él la plegaria y la paz – la perdimos hace tiempo; ahora enarbolamos en lugar de ella un paño manchado de pintura.

Los esfuerzos denodados que hacemos algunos no obtienen todo el fruto que merecen; y puede ser porque esto ya esté profetizado que no cambie hasta que llegue aquel descendiente de Hassan que traerá justicia al mundo con un poder de Allah. Pero nuestro deber no es esperar hasta que ese momento llegue, sino trabajar duro, noche y día para que la Umma se levante y darla esa ilusión de vida y objetivos de la que está falta hoy en día. Si no trabajamos por eso ¿por qué podríamos hacerlo?

Si decimos ser la religión de la Verdad debemos dar ejemplo al mundo: de claridad, de inteligencia, de unión, de paciencia, de bondad y misericordia. Pero estamos muy lejos de eso ¿verdad?

¿Acaso no reflexionaréis? Dice Allah en el Corán

Reflexionemos pues y cambiemos de actitud.

Que Allah guíe a la Umma de Sayyidina Muhammad – sala-l-Lahu ‘alayhi wa sallam.