17 junio 2024
Sufismo

La Silsila

Abdul Karim Mullor

La Silsila

En el dominio del Sufismo llamamos Silsila a una cadena ininterrumpida de transmisión espiritual efectiva que, comenzando en el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – llega hasta nuestros días sin haber existido un solo momento de ruptura en estos catorce siglos de Islâm.

Podemos comprender que no se entienda el valor y el alcance de dicho concepto. Cuando hay algo que no se sabe y se quiere conocer no queda otra solución que preguntar a quienes conocen y tienen experiencia.

Pero, como dice el Corán:

El hombre pide el mal de la misma manera que pide el bien, el hombre es siempre precipitado.[1]

Por eso es propio de los ignorantes extraer conclusiones de aquello que no conocen en lugar de informarse al respecto.

Dijo Sayyidinâ ˤAli – que Allâh ennoblezca su rostro -:

Quien desconoce una cosa la rechaza

¿A causa de qué se produce este rechazo? ¿A causa del desconocimiento en sí? Por supuesto que no, se produce a causa de la ignorancia y de la ausencia de humildad del que así hace. Estos dos elementos juntos son la base del orgullo seudo erudito que algunos desean mostrar a toda costa. Ellos creen que no se les ve, pero la lata guarda siempre el olor de las sardinas.

Nunca podrá aprender nada aquél que se cree iluminado. Hay una clase de ignorantes que se ciegan a ellos mismos por su propia egolatría. Se creen inteligentes, pero no saben ni quieren admitir que Allâh ha creado seres humanos cien veces más sagaces e inteligentes que ellos, tal vez por millones. Y que estos les pueden dar clases magistrales.

¡No hay peor ignorante ni más profundo que aquel que no quiere saber y vocifera a los cuatro vientos su ignorancia!

El orgulloso es ciego, mudo y sordo. Ciego, porque no ve ni quiere ver; sordo, porque por su orgullo no escucha el conocimiento ni los buenos consejos; mudo, porque con esta su actitud lo que sale de su lengua no es sino una diatriba oscurantista que delata las tinieblas que anidan en su corazón.

Volviendo al asunto este de la Silsila, diremos que esa cadena espiritual en ella misma es portadora de una baraka enorme. Se trata de gentes amadas por Allâh, Quien ha ennoblecido y sacralizado sus vidas y sus nombres.

Allâh creó al salih[2] como jalifa sobre la tierra. Lo hizo portador del depósito sagrado confiable (Amana).

Y cuando tu Señor dijo a los ángeles: Voy a poner en la tierra a un representante Mío[3]

Es cierto que ofrecimos la responsabilidad (Amana) a los cielos, la tierra y las montañas, pero no quisieron asumirla estremecidos por ello. Sin embargo el hombre la asumió.
Realmente él es injusto consigo mismo e ignorante.[4]

Tenemos entonces que aquellos quienes representan los eslabones de la Silsila son a su vez, representantes de Allâh en la tierra y portadores de Su Amana. Fueron las referencias de la época, aquellos por cuyos ojos, manos, pies y lengua Allâh actúa, tal y como dice el hadiz qudsi.

Es así que, de una manera efectiva, nombrarlos es agradecer el obrar de Allâh en la tierra a través de los siglos. En este sentido, rememorar sus nombres es portador de una Gracia (Baraka) para quien los recita, pues con ello reconoce la Grandeza divina con la que Allâh se ha mostrado en el Ser humano.

Muchos no han reparado que cuando rezamos el Tašahud (tahiyya) durante el salat, inmediatamente después de decir el Salam sobre el Profeta añadimos (a-s-salam ˤalayna wa ˤala ˤibâdi-l-Lâhi saliḥîn); es decir: “La paz sobre nosotros y sobre los siervos virtuosos o puros) de Allâh”. Esto testifica que recordamos a los eslabones de la Silsila y a otros pasados y presentes en las cinco salawat que rezamos al día.

Rememorando y recitando los nombres de los amigos de Allâh, califas y detentores de la Amana, recordamos cómo y a través de quienes nos ha llegado la gracia que recibimos en nuestros días. Ellos, en realidad, son uno. No podría haber el uno sin el precedente, y así de manera sucesiva. Es así que nombrar al último equivale a nombrarlos a todos, y nombrar a cada uno de ellos asimismo es nombrar a los demás. Nombrar a los aproximadamente 50 es nombrarlos 50 veces. Es, asimismo, demostrar que hemos reconocido en quiénes Allâh ha depositado Su Gracia inmensa.

Y en lo que nunca casi nadie repara es que cada eslabón de la Silsila comporta una peculiar y especial Gracia divina en su portador que es necesario reconocer y loar.

¿Te parece poco, ignorante?

Por otra parte, esa cadena espiritual es sagrada, incluso más que la Ka’aba, como dice el hadiz; más que ‘Arafa; más que Safa’ y Marwa, pues:

El corazón del mu’min (verdadero creyente) es más que la Ka’aba

Si en el Corán se nos dice que cuando estemos en los lugares sagrados recordemos mucho a Allâh.

¡¿Qué no será entonces en la presencia o el recuerdo de esos corazones a los que alude el hadiz?!

No adoramos las piedras, los lugares ni los hombres, sino que recordamos aquello en lo que se manifiesta la Gracia divina de una forma fehaciente.

Criticar esto es pura ignorancia. El ignorante supliría su ignorancia reconociendo que le falta conocimiento; y esto sería ya el primer paso en el camino del saber.

No obstante, el que ignora y acusa lo único que hace es ennegrecer más si cabe a la propia oscuridad que ha edificado su casa en el centro de su corazón.


[1] Corán 17-11.

[2] Santo o puro.

[3] Corán 2 – 30.

[4] Corán 38-72.