18 abril 2024
Fiqh y jurisprudencia

La Sabiduría y la Humildad

La paz sobre vosotros.

Vamos a mencionar primeramente una sentencia de un sabio musulmán actual y seguidamente una frase lapidaria de nuestro cuño.

En cuanto a la primera frase, la del sabio, dice textualmente:

Las preguntas son la llave que abre el flujo del conocimiento.

En cuanto a la frase lapidaria decimos:

Hoy, los ignorantes se piensan de ellos mismos que son vasijas llenas de saber; y cuando algo se encuentra lleno ya no puedes añadir absolutamente nada.

Y es que no hay auto atentado mayor que negarse a sí mismo la Ciencia por creer que uno lo sabe todo. Este orgullo seudo intelectual no es tan extraño como pudiera parecer, estando como esta, presente, no solamente en determinadas personas, sino en estamentos bien conocidos de la sociedad, en el mundo de la Cultura, de la Educación, de la Ciencia y en la vida de todos los días.

Primeramente deberíamos definir qué es un sabio o una persona intelectualmente relevante. Partiremos de la premisa de que nadie puede ser enteramente sabio ya que aquello que le queda por aprender es siempre más basto de lo que realmente conoce; pero si llegamos a pactar entre nosotros que un sabio es aquel que conoce y ha profundizado tanto que su saber sea una referencia ante muchos otros a quienes se encuentra capacitado para enseñar y dirigir, entonces, y solamente entonces, podremos argumentar que lo es.

Y este sabio ha llegado al Conocimiento a través de la humildad, pero asimismo mediante una inteligencia innata la cual le ha estimulado a buscar el conocimiento allá doquiera que se encuentre, cualquiera que sea su situación. Es esta humildad la que le hace ser consciente de que aún puede conocer mucho más de lo que le ha proporcionado el saber que ha adquirido. De tal manera que, cuando termine su periplo de búsqueda de conocimiento, si es que una vez llega a acabarlo pueda ser una referencia reconocida o no. Como humilde que es, el sabio ha acudido a otros que tienen conocimiento y lo pueden divulgar. Nunca llegó a pensar que él lo sabía todo; nunca llegó a cerrarse la puerta del saber; pues esa puerta solamente puede abrirla una persona con una inteligencia innata y una voluntad firme.

Hoy, el orgullo, la alta idea que algunos tienen de ellos mismos, les impide ver más allá de un estrecho campo de visión ciertamente muy limitado. Ellos mismos propician su propia ceguera y se impiden ir más allá. Algunos seguramente por la ambición de ganar y guardar un cierto estatus; otros, simplemente por incapacidad personal de escuchar a otros que les puedan transmitir conocimientos.

Esto ocurre, y sé que vamos a molestar a ciertas personas que se tienen por muy formadas e informadas, en el ámbito de la Educación, de la Enseñanza; y sobre todo de la Ciencia.

La teoría fantástica y fabricada de la Evolución no es otra cosa que una auto protección de su propio estatus por parte de las clases dominantes. Evidentemente, diciendo que el pasado fue un caos, de esta manera podemos dominar más y mejor a la gente, llevarlos por donde nosotros queremos, porque robándoles el pasado les sustraemos asimismo las referencias de lo que es y debe de ser un Ser humano.

Lo que es chocante, y a veces increíble e inaceptable, es que esa teoría de tebeos de los años 60 la hayan tomado a cargo en la Educación y la hayan incluido en los libros de texto; tal y como si Darwin fuera un profeta que ha descubierto un nuevo dios y ha creado una nueva religión. Lo que es aún más patético es que ciertos sectores de la Iglesia católica hayan renunciado a los textos evangélicos en los que se observa una genealogía de Jesús – sobre él la paz – queriendo meter a presión la Ciencia y la Creencia, diciendo que ambos son compatibles.

Renunciar a las propias señas de identidad por miedo a quedarse sin feligreses no deja de ser un signo de debilidad y de inseguridad en la creencia. Lo comprendemos, si partimos de que, históricamente los Evangelios fueron aprobados en el 325 (Nicea) y no existen pruebas de que no hayan sido alterados en los tres siglos precedentes; más aún cuando el Evangelio de Bernabé les contradice frontalmente.

Efectivamente, el control de masas se basa en un principio fundamental, a saber:

Evolucionamos; todo lo anterior fue peor; venimos del mono; somos animales y cada uno tiene derecho a tener su código moral mientras no dañe a otros.

Claro que, cuando contamos mentiras, y sobre todo cuando lo hacemos con los inocentes niños estamos haciendo daño; y esto es irrebatible.

Patético es, siquiera imaginar, como el descendiente de un chimpancé puede llegar a ser gobernante de un país, o rector de una universidad, o ministro, o presidente de una empresa o club deportivo. ¡Que Allâh nos proteja! Pues si el que represente alguna de estas figuras cree que procede del mono, ya sabemos a lo que podemos esperarnos.

Y todo esto nos hace retornar de nuevo a cuatro conceptos que actúan en parejas de dos:

Humildad-conocimiento; orgullo-ignorancia.

Todo este ideario de anti sabiduría ha de servirse de emisiones, publicaciones, simposios y leyes para extenderse; formando así una nueva religión en el que los medios de información y los libros de texto y de ciencia sustituyen a los textos sagrados de una religión; religión en la que Dios es el dinero y el Euro y el Dólar los profetas.

¡Pobres nuevas generaciones, lo que les está tocando vivir!