13 abril 2024
Sufismo

La religión del Amor bajo el Sol paciente

La religión del Amor bajo el Sol paciente

Se confunde el Amor con la pasión, ni que decir tiene, mire usted. Se tiene una idea del Amor como si este se tratara de un deseo sublime, aunque en realidad lo que se intenta con dicha idea es sublimizar la pasión. No es el Amor todo cuanto se desea, sino lo que nos atrae hacia el Bien, la Belleza y la Verdad.

Ya el maestro Sócrates lo explicó una y otra vez: el Amor es a lo Bello y lo Bello lo es porque es Verdadero, sino, entonces estamos hablando de pasión.

Cuando los enamorados de lo raro escuchan lo que escribió el maestro Ibn ˤArabi sobre el Amor se emocionan pensando que todo está justificado si se sigue esa religión del Amor que cada uno toma, vamos a decirlo coloquialmente “como le apetece”. Y esta “apetencia” es exactamente lo contrario de lo que es el Amor. ¿Qué bonitas esas gacelitas, verdad; ahí pastando en las llanuras, tan esbeltas y gráciles?

No temo que nadie me obligue a beber la cicuta como hicieron con Sócrates por decir esto. Pero también es verdad que los sofistas siguen campando a sus anchas por estas amplias llanuras en las que cada uno dice y hace lo que buenamente quiere sin tener que dar cuentas a nadie.

Y es que la religión del Amor no va ni de gurús, ni de dalai lamas, ni de “qué bonita es la naturaleza”. Muchos se creyeron que Ibn ˤArabi era aquél chaval de provincias que recorrió el mundo al son “Paz, Amor y Patchuli”. Una especie de hippie del siglo XIII que iba diciendo a todos: “amaos, colegas; Dios os ama; haced lo que queráis”.

Cuando alguien de una entidad suficiente como la del maestro murciano habla del Amor, sinceramente, lo digo de nuevo en coloquial: “no hay quien lo entienda”. Y no precisamente porque él no se expresara adecuadamente; sino porque nadie ha alcanzado la preparación suficiente para comprender lo que dice. Dicho de otro modo, un niño no puede comprender las palabras de las personas mayores. La figura de Ibn ˤArabi, comparada con todos estos sofistas actuales es la de un hombre sabio y formado comparada con la de un lindo bebé en edad de lactancia.

Es el Amor la luz de Allâh que nos quema las entrañas, purificando nuestro interior a través del esfuerzo y el sufrimiento. Es una llama divina que nos acerca a la Verdad que no es otra que Allâh Mismo. Es una fuerza irresistible que nos transporta de lo múltiple a lo Uno, precisamente mediante lo que es contrario a nuestros deseos, sueños y aspiraciones.

Mûsâ vio un fuego, y dirigiéndose a él encontró la Voz de Allâh. Es el fuego que purifica y da luz a la vez (nûr y nâr).

Hay que decirlo claramente: hoy vemos a todos estos dicharacheros que hablan tanto de la religión del Amor, sea fumar hashish, sea llevar una vida de haragán, o ataviados con traje de sufí del Corte Inglés, o dándose al amor libre, o llenándose los bolsillos con sus “amorosas prédicas”, pregonando en alta voz sus inteligentes descubrimientos “espirituales”, cuando no escribiendo las páginas en blanco de su propio sin saber.

Seguramente Sócrates, si hubiera estado en nuestra época, no hubiera debido beber la cicuta para dejar este mundo. Le hubiera bastado con contemplar todas estas expresiones de los holligans de la religión del Amor, tan cacareada y tan resultona por lo políticamente correcto que da hoy en ese “quedar bien” tan de moda. Hubiera muerto de asombro. Y Platón, seguro estoy, no hubiera escrito sus “Diálogos”. ¿Para qué hacerlo, pues?

Sócrates hubiera sido acusado de “maleducado”. O quizás le hubieran dicho que se creía tener la “verdad absoluta”; o simplemente lo hubieran dejado de lado como un viejo pesado que siempre estaba con la misma cantinela. Porque, al fin y al cabo, hoy, La Verdad, la Belleza, la Virtud y el Amor no venden cuando van juntos. ¡Lo importantes es…la pasta, desde luego; y si es “gansa” mejor!

¡Pobre Ibn ˤArabi! Si hubiera sabido lo que se está haciendo con sus escritos seguramente los hubiera echado a la hoguera. No hay mayor ignorancia que la de comprender mal a un muerto que ya no puede aclarar lo que quiso decir.

¿Cómo poder defenderse de la sinrazón, del interés, del mercadeo y del vacío neuronal haciendo eco en cabezas resonantes como las que hoy podemos ver por un lado u otro en este universo en el que la sabiduría hubo de huir para resguardarse en mejores lares?

Hay un dicho español muy antiguo que reza: ¡Dame pan y llámame tonto! Seguramente alguno de los que lea estas palabras lo dirá, y añadirá: ¡Quítame el cacho si puedes!

¿Veis un gato? Su insistencia, su ir y venir en busca de un trozo de pescado con espinas. Solamente piensa en lo que le vas a dar.

Pues estos igual. Solamente piensan en la sardina y no pueden ver más allá.

Con suerte para el maestro, la cicuta resultó ser más llevadera que lo que hoy debemos soportar. Pues difícil es aguantar lo que hoy estamos viendo. Si Platón nos hubiera visto aguantar como hoy lo estamos haciendo, seguramente hubiera dejado la Atlántida a un lado y se hubiera dedicado a nosotros. Pues, ¿acaso no es verdad que somos una generación pintoresca por lo que creemos saber, que no es nada, y el saber real que hemos dejado de lado? No sé ni cómo el Sol puede llegar a aguantarnos. !Pobre Sol!