13 abril 2024
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La muerte en la doctrina del cheij Ahmed Al Alawi

El Mehdi Flores

“Si le preguntasen a un morador del Otro Mundo: – ¿quién eres? y respondiese: – “Soy fulano de tal” significaría que no está realmente muerto. Si hubiera muerto de verdad, hubiera dicho: – “No lo sé”

(Cheij Ahmed al-Alaui)

El libro del cheij Ahmed al- Alaui “Al mawadd al-gaythiyya al-nashia ‘an al-hikam al-gauthiyya” ha sido traducido al español por Juán José González y publicado por la editorial Almuzara con el título de “El fruto de las palabras inspiradas”. Se trata de un comentario del cheij Ahmed al-Alaui a las sentencias o hikam del maestro andalusí Abu Medián, uno de los polos del sufismo, maestro de Ibn Arabi y de Mulay Abdusalam Ben Mashish.

En esta obra nos encontramos con una enseñanza sobre la muerte y los estados post-mortem raramente expuesta con tanta claridad por los maestros sufíes. Comentando las máximas de Abu Medián “Nadie ve al-Haqq (Lo Real) sin morir, quien no ha muerto no Lo ve» y  “La muerte (al-Maut) es una gracia (karama), el tránsito (al-Faut) es un desgracia y una pena. La muerte es cortar con la condición criaturial, el tránsito es seguir privado de la Realidad (al-Haqq)”, el cheij al-Alaui nos propone una reflexión profunda sobre la verdadera muerte, que es mucho más que pasar a mejor vida. Veamos lo que dice al respecto:

“El velo que se interpone entre la criatura y su Señor es la pretensión de una existencia propia; quien no se libera de esa pretensión no llega hasta su Señor. Estas dos existencias son excluyentes: si tú existes, desaparece el Señor; si tú desapareces, Él se hace presente. Mientras no dejes de creer que existes, no podrás contemplarLe, pues esa idea tuya de existir es lo que te está impidiendo la visión de la Realidad (al-Haqq) a pesar de que Ella es lo único que existe, el Ser necesariamente existente. Cualquiera puede ver la Realidad, a condición de que esté realmente muerto.

La muerte es de dos clases: la muerte a este mundo (dunia) y la muerte a todo lo creado. La muerte a este mundo es solo un cambio de la condición creada por Dios. Hay una muerte aplazada (âyila) y una muerte inmediata (‘âyila). La muerte inmediata es la propia de la élite de los creyentes; la muerte aplazada es la del común de los seres, puesto que “toda alma gusta la muerte” (3,185). La muerte (maut) del gnóstico (‘ârif) es la muerte real, la de los demás es un tránsito (faut), un cambio de estado. La muerte del ‘ârif es la ruptura definitiva con la condición creaturial, la de los demás es solo una ruptura con este mundo, una transformación de su condición creaturial por parte de la Realidad (al-Haqq).

La visión de la Realidad correspondiente a cada tipo de muerte es pues de dos tipos: la visión absoluta o la relativa. La visión absoluta es la de los que han alcanzado la liberación absoluta, es decir, los que conocen a Dios como Totalidad sin limitación alguna. La visión relativa es la de los hombres velados, que en la otra vida conocen a Dios de acuerdo con su estado de liberación de la condición creada. Esta liberación se produce en ellos por etapas y están sujetos a limitaciones de tiempo y espacio como lo estaban en este mundo, pues “el hombre muere en el estado que tenía esta vida y resucita en el estado en que haya muerto”. El conocimiento que se les desvela de Dios está en proporción con su capacidad y el grado en el que hayan realizado la Unificación (Tauhid) en este mundo. Dios se les desvela descendiendo desde el cielo de la trascendencia incomparable (tanzih) hasta la tierra de las formas analógicas (tashbih) y “la tierra se ilumina con la Luz de tu Señor” (39,68). El deleite de esta teofanía lo perciben sin ningún “cómo”.Quedan perplejos ante Su visión y en un estado de perplejidad por la intensidad de ese relámpago arrebatador que les rapta conforme a las capacidades de su grado de conocimiento. De este modo, la Gente del Conocimiento Lo contemplan según su grado de conocimiento y gozan del paraíso, según  su grado de distracción, puesto que se ven en el paraíso cuando se distraen de Dios, pues el paraíso está hecho para quien cumple sus condiciones. Esto es lo que le pasa al común de los creyentes y esto es lo que significa la muerte para ellos.
Sin embargo, para el ‘ârif, la muerte lo saca fuera de todo lo que no es Dios y de uno mismo, sin posibilidad de retorno. Esta es la auténtica muerte y gracias a ella se alcanza la verdadera visión. Cualquier otro tipo de muerte es solo metafórica y en consecuencia, cualquier visión de Dios tras ella es también algo figurado. Mientras no sea la muerte verdadera, es solo un paso más en la existencia.

Si le preguntasen a uno de los habitantes de la otra vida. “¿quién eres? y respndiera:”Soy fulano de tal” significaría que no ha muerto realmente. Si hubiera muerto de verdad diría:”No lo sé.”(…)

El que muere aparentemente lo primero que ve tras su muerte es lo que hay en la otra vida. Al convertirse en uno de sus habitantes, exclama: “Yo fui uno de los habitantes del Dunia” (bajo mundo). Por el contrario el que ha llegado a la Presencia Divina dirá: “Yo fui un ser creado” (…)

Un faqir dijo sobre esto: “Desde que entré en la Realidad Divina no he regresado con las criaturas. Cada vez que lo he intentado no he encontrado rastro de ellas en la existencia. La creación entera ha desaparecido de mi vista”.

Dijo también otro de ellos: “Desde que llegué, no he vuelto. Desde que me prosterné, no me he vuelto a levantar”

Otro exclamó:

“Desde que conocí a Dios,
no veo a nadie más.
Para nosotros, excepto Él, todo lo demás es haram.
Desde que me uní, no temo separarme ya.
Estamos juntos
para toda la eternidad”.

Quién ha llegado a Él, ya ha muerto. Por eso el Profeta, Dios le bendiga y salve dijo:
“Morid antes de morid” (mutu qabla an tamutu). Pues en esa muerte, está verdaderamente el descanso”