18 abril 2024
Editorial

La Misericordia divina y muhammadiana

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

La Misericordia es una disposición Divina principalmente; se trata de un querer ser Benévolo con la Creación (jalq) de parte de su Creador. Esta disposición nace de la Bondad divina y tiene cuenta de la imperfección de los seres creados.

¡Creyentes! ¡Temed a Dios y creed en Su Enviado! Os dará, así, participaci6n doble en Su misericordia, os pondrá una Luz que ilumine vuestra marcha y os perdonara. Dios es indulgente, misericordioso. (57, 28)

Abu Huraira relató que el Profeta e dijo: Allah exaltado sea ha dicho: Mi misericordia ha precedido mi ira. (Muslim)

Ahora bien, Allâh ha ofrecido una parte de la Misericordia a la creación; por eso el útero de las hembras se llama raḥîm, a fin de recordar la misericordia que Allâh las ha transmitido a ellas con respecto a su descendencia. La Misericordia ha sido dada a Muḥammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – por su Creador y Señor a fin de hacérnosla llegar a las criaturas de parte de Allâh. Esto refuerza el papel de nuestro profeta de puerta de Allâh, tal y como se ha expresado con sabiduría en escritos hechos en prosa y en verso.

1-107. Nos no te hemos enviado sino como misericordia para los mundos.

Si Muḥammad es misericordia para los mundos, podemos deducir que es el mejor de la Creación, habida cuenta que la misericordia solamente puede fluir de aquel quien está arriba hacia el que está abajo, al igual que la lluvia.

Quedando esto claramente constatado y demostrado, ahora nos queda recuperar aquellos acontecimientos de la vida del Profeta –   ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – que demostraron ese papel que él desempeñó en la ‘Umma musulmana.

En una ocasión, el ángel Ŷibril – sobre él la paz – se le presentó a fin de comunicarle que Allâh – Altísimo – le había dado a escoger entre ser un profeta-rey y disponer de un lujoso palacio y abundancia de bienes, o ser un profeta del pueblo y quedarse con pocos recursos, tal y como él solía pasar su vida. Escogiera lo que escogiera, no le disminuiría en nada sus méritos ni sus recompensas de parte de Allâh. Y él escogió ser un profeta del pueblo; ser alguien accesible, abordable, debiendo incluso de soportar atrevimientos, palabras desplazadas, faltas de cortesía y manifestaciones de descontento, e incluso de ira, de unos o de otros.

Esta disposición de nuestro amado Muḥammad es de esos detalles grandiosos que nos hacen amarle sin duda y sin descanso. El, que podría haberse desentendido de trabajos y problemas, quiso trabajar y sufrir por nosotros; como un verdadero hermano mayor, dando un ejemplo que, seguramente, ha llegado más allá de los siete cielos.

Cuando los compañeros le pedían que maldijera al Qurayš, él se negaba diciendo a Allâh que los guiara porque no eran conscientes de sus decisiones y actos.

Intentaba no herir los sentimientos; por eso no decía palabra alguna que pudiera ser mal interpretada por su interlocutor.

El comportamiento de nuestro profeta era ejemplar, en cada situación, en todo momento. Él era el estandarte certero de la buena educación; una educación tal que llegaba hasta el extremo, más allá en pulcritud de los ademanes rebuscados de los reyes.

¿Cómo entonces sería posible que, siendo enviado como misericordia para los mundos, no fuera la primera creación de Allâh? ¿Acaso Allâh cuando creó el universo y sus habitantes, no había creado antes la misericordia que los iba a proteger?

Y es que Muḥammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – no es solamente un cuerpo mortal provisto de alma y ruḥ como todos los seres humanos; él es, en cambio, luz sobre luz: la luz de la Verdad sobre la luz de las prescripciones Divinas que rigen la vida de los creyentes.

Todos aman a quien les hace bien, siempre que en su corazón haya bondad. Es por eso que los ángeles, que no tienen mal en ellos, aman a Muhammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – por la misericordia que Allâh les dispensa a través de él. Se postraron ante Adam y aman a Muḥammad, porque su pureza les permite ver la Verdad.

El corazón que no tiene Raḥma (misericordia) no puede tener amor. Es como si pidiéramos que una chumbera nos procure manzanas, a que de las zarzas puedan salir uvas; o como si del huevo de la serpiente pudiera salir un gallo.

¿No dice el profeta – sobre él la plegaria y la paz – :

Quien no tiene misericordia no recibe misericordia – Man lâ yarḥam, lâ yurḥam?

De Abdu-l-Lâh Ibn Umar, que Allâh esté complacido con él, que el Mensajero de Allâh dijo: “A los misericordiosos les tiene misericordia El Misericordioso. Compadeceos de las gentes de la Tierra, y se compadecerá de vosotros quien está en el Cielo”.  At-Tirmidhi

Si somos misericordiosos podremos amar, si amamos podremos cambiar nuestras malas actitudes por buenas, y si cambiamos esas actitudes purificaremos nuestro corazón; si purificamos nuestro corazón podremos ver lo que ningún ojo vio, oído oyó ni ninguna inteligencia fue capaz de concebir. En Allâh, por Allâh, hacia Allâh, con Allâh.