La más hermosa de las historias

A-s-salamu ‘alaykum – La paz sobre vosotros

Prestemos atención a la tercera aleya de la Surat Yussuf:

Vamos a relatarte la más hermosa de las historias al inspirarte esta Recitación, antes de la cual estabas inadvertido.

“La más hermosa de las historias”, dice el Qur’an. Y como tal debe servir de ejemplo para todos en las generaciones posteriores. Pues:

En este Corán hemos expuesto a los hombres toda clase de ejemplos. (17-89)

Os hemos revelado aleyas aclaratorias, un ejemplo sacado de vuestros antecesores y una exhortación para los temerosos de Allâh. (24-34)

En este Corán hemos dado a los hombres toda clase de ejemplos. Quizás, así, se dejen amonestar. (39-27)

Ya ha precedido el ejemplo de los antiguos… (43-8)

Queda establecido entonces que las historias que Allâh nos relata en el Corán ejercen la función de ejemplo para la Humanidad en todas y cada una de las épocas; pues hay que decir que queda establecido que el Libro de Allâh ha sido revelado para toda la Humanidad.

La más hermosa de las historias, la de Yussuf (José) – sobre él la paz – comienza así:

Cuando Yusuf dijo a su padre: ¡Padre mío! He visto once estrellas, al sol y a la luna; y los he visto postrados ante mí.
Dijo: ¡Hijo mío! No cuentes tu visión a tus hermanos porque si lo haces tramarán algo contra ti, verdaderamente el Šaytán es un claro enemigo para el hombre.

La enseñanza más directa de estas dos aleyas es la de que hay personas dignas de recibir un gran Bien de Allâh, y que cuando esto ocurre son envidiadas y acosadas. Por eso el profeta Yaˤqub (Jacob) – sobre él la paz –, consciente de ésto, advierte a su hijo sobre el mal que el diablo ha instalado en los corazones de sus hermanos.

No vamos a relatar esta bella historia, la cual únicamente presentamos con la idea de extraer las enseñanzas que son interesantes para nosotros. En cuanto a Yussuf se refiere, como todos sabemos, fue traicionado por sus propios hermanos; fue tirado a un pozo del cual un mercader le sacó inspirado por Allâh; fue vendido como esclavo a Al Aziz (Putifar), ministro del rey de Egipto; creció en su palacio con múltiples cuidados y deferencias de su dueño. En resumen, Yussuf apuntaba alto para llegar a ser un hombre de confianza del palacio de Al Aziz. Fue deseado por Zulayja, la esposa de su dueño, mujer primeramente increyente, quien se vio sobrepasada por un amor que ella no pudo comprender. Ella veía la luz de Allâh reflejada en Yussuf, y por ello no pudo controlar sus deseos, de los cuales, como increyente que era, no llegaba a comprender su naturaleza. Esta luz Divina la corroboraron las mujeres que se cortaron las manos pelando la fruta:

Dijeron: ¡Válganos Allâh! Esto no es un ser humano sino un ángel noble. (12-31)

Permaneció 14 años en prisión hasta que Ŷibril – sobre él la paz – le informó de su pronta salida. Gracias a su profecía, así como a su sabiduría para interpretar las visones, salió de prisión, convirtiéndose él mismo en la mano derecha del rey de Egipto y administrando los bienes del país con sabiduría. Es así que todo Egipto reconoció a Atón como deidad, teniendo que decir que tal era el nombre que aquel pueblo daba al Dios Unico y sin asociados. Yussuf fue el profeta de Egipto.

Mientras, sus hermanos, considerando que gracias a la desaparición de Yussuf iban a poder heredar la profecía de su padre, llegaron al final de todo a apercibirse que la elección Divina se encuentra por encima de todos, y que ellos no eran quienes para coaccionar a un profeta, y mucho menos a disponer de los Favores divinos a su antojo.

Yaˤqub sufrió una separación de casi 40 años, no solamente como padre, sino como transmisor de sabiduría al no poder encontrar durante todo ese tiempo a aquel digno de aprenderla y conservarla. Yussuf llegó a alcanzar un estatus más elevado que el de su padre y una sabiduría por encima de toda consideración.

Las enseñanzas

Lo que podemos extraer como ejemplo y enseñanzas de esta historia, que el Corán identifica como la más hermosa, es que Allâh escoge bien a aquel a quien va a colmar de Sabiduría y va a extender el Mensaje divino entre las gentes. Nadie puede coaccionar ni condicionar a Allâh por algo que Él ha decidido de antemano. Él tiene sus elegidos, y aquél que los combate y les degrada sufre las consecuencias del enfado Divino en sus propias personas. No admitir el querer Divino es rebelarse contra la Verdad, y aquél o aquéllos que lo hacen han de sufrir el mal de la envidia y de la ignorancia al haberse alejado de Allâh de manera consciente.

Las relaciones entre los humanos siguen este patrón, es decir: un hombre que recibe los dones divinos y la Sabiduría del Altísimo, un jalifa de Allâh en la tierra en consecuencia, que si es seguido culminará con un pueblo bendecido a su alrededor, y que si no lo es, o es atacado, resultará de ello la desgracia del pueblo, salvo de aquellos quienes le hayan seguido y honrado.

Esta o estas personas elegidas por Allâh tienen dentro de ellas mismas una parte de esa luz que Yussuf tenía en el rostro y en el comportamiento. La Belleza de Allâh se refleja en ellos, y ¡Ay de aquél quien rechace o menosprecie esta Belleza que procede de la luz de Allâh!, pues permanecerá en las tinieblas, solamente por la envidia de no soportar ver a otro mejor que él y la codicia de querer ser lo que en realidad no es.

Es ese el ejemplo, hermanos/as, el de no dejarse llevar por la envidia ni la codicia.

Muchos Josés han sido traicionados; porque este ejemplo se produce hoy, y se ha producido más de una vez en la historia de nuestra religión. Muchos hombres de sabiduría se han visto atacados, menospreciados, olvidados por otros que han odiado la elección divina por el solo hecho de no ser ellos los beneficiarios. Pero ellos no son hijos de un profeta, y deberían muy bien temer su suerte, no sea que no sean perdonados nunca si Allâh no les otorga la Gracia del arrepentimiento.

La envidia y la codicia, cuando traspasan los límites pueden llegar a hacer de un hombre un “hipócrita”. Sabemos que todos los musulmanes, un día u otro, saldrán del Infierno, aunque se hayan condenado; pero los hipócritas, no; aunque hayan hecho šahada, hayan rezado y ayunado. Y, hermanos/as, de la envidia y la codicia al nifak (hipocresía) no hay un camino muy largo. Pues, si por envidia y codicia, ultrajamos a las gentes de Allâh, separamos a los hermanos del bien que reside en su presencia y compañía, estamos dando un paso más allá de estas dos lacras; estamos yendo hacia un terreno pantanoso que podrá engullirnos para nunca más poder salir. Pues, como dice Allâh en un hadiz qudsi:

“A quien perjudica a uno de mis ‘awliya (allegados), Yo le declaro la guerra”.

¿Quién, en su sano juicio, querría que Allâh le declarara la guerra?

Pues algunos se toman todo a diversión y a juego, como dice el Corán:

 ¡Deja a quienes toman su religión a juego y distracción y a quienes ha engañado la vida de acá! ¡Amonéstales por su medio, no sea que alguien se pierda por razón de sus obras! (6-70)

Los Josés de hoy se encuentran escondidos, no en el pozo, sino en sus respectivos medios. Como misericordia que son, no salen a revelar públicamente su estatus; porque saben que muchos les harían mal y estos muchos podrían perjudicarse de manera definitiva por ello. Saben asimismo que si alguien siente necesidad de ellos les encontrarán; pues es la costumbre de Allâh, (“No encontrarás cambios en la costumbre de Allâh”) guiar a quienes piden la guía con sinceridad y necesidad. Allâh no olvida a nadie, y si alguien quiere acercarse a Él, le abrirá las puertas de par en par, y le hará entrar en el pueblo de aquellos adoradores sinceros e incondicionales a quienes Él ha beneficiado con Su Compañía y Su Sabiduría excelsa.

Y Allâh sabe más.