27 mayo 2024
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La lección que nos ha dado Rayan

La paz sobre vosotros.

Si Allâh, como dice el Corán, no se avergüenza de poner como ejemplo aunque fuera un insecto, mucho menos extraño es que nos ponga a este angelito llamado Rayan – que Allâh le tenga en Su Misericordia – como un ejemplo para gente que por edad, debería tener mucha más sabiduría que él.

Esta es una prueba más de la costumbre Divina de dirigir y cambiar acontecimientos con la intervención de una persona o de un número pequeño de personas. Tenemos ejemplos de ello en la Historia del Islam y en la de los pueblos que precedieron la Revelación.

Todo el mundo se ha conmovido con el sufrimiento y la muerte de este chiquillo inocente. Pero la vida sigue, y puede ser, como ocurre casi siempre, que nadie o casi nadie extraigan las conclusiones necesarias de este hecho. Rendir homenaje a este niño no pasa únicamente por dar las condolencias necesarias y conmoverse, pasa, ante todo, por extraer las conclusiones necesarias y comprender, y ser consecuentes con lo que Allâh nos ha querido mostrar con este hecho. La Humanidad se conmueve hoy y olvida mañana.

Y si nos preguntáis cuáles son esas conclusiones que son necesarias extraer, con sumo gusto os las presentamos para vosotros:

Primero y ante todo que Allâh puede movilizar a la Humanidad por medio de una sola persona o de un pequeño grupo.

Seguidamente, que todos en nuestros corazones llevamos la semilla de la Misericordia. Ahora bien, esa semilla es necesario regarla y cuidarla para que pueda germinar.

La Bondad es más poderosa que la maldad; porque le Bondad procede de la Belleza y del Amor, mientras que la maldad procede de la rebeldía contra Allâh. Si sacamos al exterior nuestra bondad el mundo puede cambiar.

Debemos aprender que las mejores acciones son las que tienen una continuidad en el tiempo, y no las que esporádicamente podemos mostrar en un espacio de tiempo limitado.

Que el esfuerzo de todos puede sacar a la Humanidad del pozo de injusticia en el que se encuentra sumida.

Que nos pasamos la vida pensando que los semejantes no lo son. Que somos mejores que nadie, que somos el centro, y no nos damos cuenta de que los otros somos nosotros también.

Desde nuestra perspectiva Rayan nos ha dado una lección, nos ha hecho levantar la frente de la dignidad humana, nos ha movilizado por fuera y por dentro.

Imaginaos que nos olvidamos y que dejamos su sufrimiento como una anécdota de aquello que ocurrió en “aquellos tiempos”. No habremos avanzado nada, no habremos comprendido nada. Pero si interiorizamos la lección, si vivimos como si hubiéramos modificado algo en nuestra manera de vivir y de pensar, entonces si le habremos hecho justicia. ¿No podemos considerar que este pequeño angelito vivió su corta vida para enseñarnos; que Allâh le trajo para darnos una lección?

Cuando vengan el Mahdi y sus compañeros, y encuentren un mundo pleno de injusticia, seguramente sabrán gracias a este acontecimiento que hay material en los corazones; que se puede transformar el mundo con el Permiso de Allâh porque hay gentes que han encontrado y que han visto germinar en ellos mismos esa Misericordia que esta vida materialista no deja salir a la luz. Porque si es verdad, y lo es, que Allâh al ser Bello ama la belleza, entonces no hay mayor belleza que encontrar la verdad y el bien en los corazones de los hombres. La belleza del Ser humano es un reflejo de la Belleza divina que hace suspirar a todos con los deseos de alcanzarla y gozarla.

El creyente es el espejo del Creyente

Hoy no es igual que ayer, cuando Rayan correteaba por su casa, por las calles de su pueblo; hoy Rayan es alguien, tan alguien que se encuentra cerca de Allâh, gozando del calor de una Presencia divina que colma todos sus deseos.

Le amamos porque es inocente porque es puro; porque hemos sentido que nosotros podemos serlo asimismo cuando nos abandonamos en las Manos de nuestro Creador que nos ha traído al mundo para hacer el Bien.

Bajamos la frente, la cabeza en reconocimiento; llenamos nuestro corazón de esperanza en ese día donde el mundo cambiará; donde la justicia reinará en un mundo, viejo ya, quebrantado por tanto maltrato y tanta desatención; cansado de tener que soportar sobre sus hombros gentes injustas y desagradecidas, actos execrables, envidias y traiciones.

Hoy este viejo mundo, esta vieja Tierra nuestra necesita una nueva Humanidad, un hombre nuevo, renacido, cual Ave Fénix de sus propias cenizas, en una Resurrección que fije el comienzo de una nueva era en la que al Amor y la Misericordia reinen de pleno derecho y ocupen el trono que les ha sido usurpado.