La jutba – el sermón del Viernes

Abdul Karim Mullor

A-s-salamu ˤalaykum – La paz sobre vosotros

Estaba revisando hoy, y refrescando mi memoria con los hadices que tratan sobre la manera de hacer una jutba (sermón) de la plegaria del Viernes. Y, mientras estaba repasando, encuentro que hay cosas que se deberían añadir y que muchos de los jatib (predicadores del jutba) deberían saber y tener en cuenta antes de arengar con sus sermones a los musulmanes.

Es cierto, y no estoy en contra de que el sermón del viernes es obligatorio, y que además de eso debe observar una estructura y un ritmo precisos. Sin entrar en citas las cuales podrían alargar este escrito, no habiendo necesidad para ello, debo decir lo siguiente:

El sermón del viernes es obligatorio, es decir, forma parte de la estructura canónica legal de la Plegaria del Viernes.

 En cuanto a la tonalidad del discurso podemos decir que es Sunna que sea pronunciado en una voz fuerte y enérgica, puesto que su utilidad es arengar y despertar a los oyentes, así como advertirles y ponerlos en ruta.

La jutba, obligatoriamente, ha de tener dos partes: en la primera se desarrolla el tema y en la segunda se resume. Algunos hadices nos muestran como el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – cuando decía una sentencia la repetía dos veces, a fin de que quedara gravada en la mente de su interlocutor. En la segunda parte se termina por las peticiones y las súplicas a Allâh por el bien de los presentes y de los ausentes; el bien del Islam, de la Umma, de los musulmanes en general.

Como introducción se cita la grandeza de Allâh, así como las virtudes del profeta – sobre él la plegaria y la paz – pasando inmediatamente a una súplica, la cual, hoy por hoy, y desgraciadamente ha resultado ser copiada de unas mezquitas a otras; siendo, como es, que la súplica en ella misma no forma parte del cuerpo legal dela jutba, y mucho menos esa súplica en particular.

En ella, en esa súplica, la cual yo propongo que sea desterrada de las mezquitas, pues causa confusión entre los musulmanes, se termina diciendo “toda innovación es un mal y lleva al fuego”. Ahora bien, habiendo salido de un hadiz, como ella ha salido, confunde a los musulmanes haciéndoles creer que cualquier cosa ha de ser innovación. Veamos esto:

Según el Canon islámico, ya que existen varios hadices al efecto, hay dos clases de innovaciones: la loable y la detestable. A veces el profeta – sobre él la plegaria y la paz – habla sobre la detestable, prometiendo el fuego a quienes la instauren, mientras otras veces, en otros hadices, distingue entre la loable y la detestable, prometiendo una recompensa para la primera y un castigo para la segunda. En mi opinión, dicha súplica que se dice en las jutbas debería ser eliminada de ellas, debido al mal y a la confusión que causa entre los oyentes, que son los fieles musulmanes; habida cuenta, por otra parte, que si investigamos quién o quiénes la han puesto en circulación, seguramente demos con nuestras pesquisas en Riyad, capital de Arabia Saudita.

Un hadiz que podemos encontrar en Muslim bajo varias formas dice:

Quienquiera instaura una buena sunna obtendrá por ello una doble recompensa: la primera por haberla introducido, la segunda constituida por la suma de recompensas adquiridas por aquellos quienes la practiquen hasta el día del Juicio. Mientras que aquel que introduzca una mala innovación tendrá no solamente su castigo, sino el de todos aquellos que la hayan seguido hasta el Ultimo Día.

Esto indica que las introducciones en materia religiosa no han de ser todas dañinas, sino que se distinguen entre las buenas y las malas, siendo ejemplos claros de las buenas:

La institución de las cuatro escuelas jurídicas y las dos de doctrina.

La plegaria del Tarawih.

La Gramática árabe

La clasificación de los hadices

La edición del Corán en libro, etc.

Así pues, creo que os queda suficientemente claro como esta súplica pudiera significar en ella misma una innovación, provisto la confusión que causa en las almas de los creyentes, ya que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – aconsejaba hablar a cada uno según su nivel de comprensión, siendo como es que la mayoría de los asistentes el único contacto que tienen semanalmente con la doctrina del Islam es la jutba del Viernes, ya que la gafla (olvido de Allâh) ha tomado presa de los corazones.

Una vez dicho esto, y dejando a un lado el aspecto formal del sermón, debemos decir, que dicha jutba debe tratarse de un tema actual y necesario; aunque a veces no esté de más que pudieran tratarse en ella aspectos de orden general tendentes a clarificar detalles sobre el correcto cumplimiento de las prescripciones Divinas, o a determinados puntos de la Doctrina y de la creencia.

Pero yo, hoy, además de haber puntualizado sobre aquella dua que causa confusión, he de decir dos cosas más:

Primero, que es obligatorio que en la Jutba se diga la Verdad, y no se argumente sobre determinados puntos que puedan ayudar a la extensión de tal o cual doctrina reformadora de las que hoy, desgraciadamente, pueblan las mezquitas y las escuelas. Esto sí es una innovación dañina que puede llevar al castigo a quienes las extienden, las facilitan y las pregonan. Es mejor un salat sin Jutba que un sermón que extienda la disidencia y el mal.

Por otra parte, algo que nunca debe hacer el jatib es señalar a una persona o grupo de personas conocidas por los asistentes, utilizando así un mandato Divino, como es la Jutba del viernes, para conseguir una satisfacción personal o una venganza propia de aquellos cuyos corazones albergan el odio y el resentimiento.

Estos dos últimos errores pueblan las mezquitas hermanos. Es realmente complicado, hoy por hoy, encontrar un jatib que no cometa una de estas dos faltas, o las dos a la vez. Pues hoy, hermanos, la sedición ha subido a los púlpitos; el rencor anida en muchos corazones y la astucia ha ocupado el trono que debería ocupar en toda justicia la honradez y la limpieza de corazón.

¡Que Allâh nos proteja; así como al Islam y a toda la Umma!