17 junio 2024
Sufismo

La Jalwa – El retiro espiritual

Abdul Karim Mullor

La Jalwa – El retiro espiritual

La palabra árabe Jalwa significa retirarse, abandonar, vaciar. Este término ha venido a utilizarse para aludir a la costumbre de realizar un retiro espiritual en el dominio de la doctrina de los sufís.

Este retiro no guarda comparación con el realizado por aquellos que se aíslan del mundo yendo a morar un tiempo bastante prolongado en una cueva o en lo alto de una montaña.

Hemos de recordar que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – meses antes de recibir la Revelación sentía la necesidad de aislarse del ruido de la ciudad. Tomó entonces la determinación de ir a la gruta de Hira para purificar su interior y tratar de aproximarse a Allâh. No olvidemos que antes de recibir la visita de Ŷibril – sobre él la paz – los animales, las plantas y las piedras ya le saludaban como profeta de Allâh.

Todos los actos de los sufís proceden exactamente del ejemplo del Profeta y de los Compañeros. Esto ocurre mismamente con la Jalwa, rito este que se ha venido practicando hasta muy recientemente. El abuelo de mi esposa, discípulo del Šayj al ˤAlawi – que Allâh esté satisfecho de ambos – edificó la mezquita de Anual y allí alguna celda que otra para la práctica de la Jalwa. El gozaba del permiso del Šayj para dirigir el retiro de los discípulos del Rif marroquí.

Al igual que ocurrió con el Profeta – ˤalayhi-ṣ-ṣalatu wa-s-salam – que tiempo antes de la Revelación se retiraba a la gruta de Hira, los discípulos que han purificado su interior terminan su periplo en la Tariqa mediante un retiro en forma de Jalwa.

En ella, el discípulo permanecía durante un máximo de 40 días. Cumpliendo con las cinco plegarias diarias y saliendo de la celda únicamente para el rezo del Viernes, el discípulo dormía tres horas y comía una sola vez diariamente.

Únicamente el maestro se ocupaba de él. Le servía la comida y le interrogaba sobre lo que soñaba, veía o le acontecía durante ese retiro.

Cuando salía de la celda lo hacía con el maqam (estado espiritual) que Allâh había destinado para él.

Han llegado a nuestro conocimiento varios casos de estas gentes que hicieron dicho retiro, casos estos que no son el objeto de este escrito y que por lo tanto, por lo particulares y privados no vamos a relatar.

En aquellas épocas una persona cualquiera podía permanecer 20, 30 o 40 días sin ser molestado por nadie ni por nada.

¡Pero hoy, eso es imposible! ¡Vivimos en un mundo de fitna creciente!

Por este motivo, así como por la alarmante disminución en número de las personas que se quieran dar por entero a Allâh, reforzado por la enorme y creciente cantidad de falsos maestros la Jalwa, no solamente ha desaparecido, sino que se ha tornado altamente desaconsejable.

Imaginemos lo que ocurre cuando, en casos como conocemos, una persona aquejada de vicios  y/o de ignorancia entra en una habitación oscura, espoleado por un falso maestro que le dice que le va a poner en comunicación con Allâh. El resultado de este desatino será seguramente que el mismo chaytan entrará con él en la habitación y le hará ver las cosas que comúnmente hace ver a los magos y brujos. Los vicios del así engañado no mejorarán, y adquirirá otros nuevos de índole más sutil y peligrosa.

No hablemos de aquellos que dan cursos online de su pretendida jalwa, porque eso es de tal manera deshonesto que sonroja. Tanto más si se pide dinero por ello.

Para terminar, digamos que la Jalwa en sí no guarda relación alguna con el Ittikaf que se realiza en la mezquita durante los 10 últimos días del mes de Ramadán.

La Jalwa de nuestros tiempos

Allâh no quita una cosa buena sin sustituirla por otra equivalente o mejor. Esto es lo que ha sucedido con la Jalwa. Y ahora voy a hablar de algo que no conoce nadie fuera de nuestro círculo que nosotros sepamos.

Hemos dicho que la palabra Jalwa procede del concepto “vaciar”, “abandonar”. La Jalwa de nuestros tiempos solamente posee un punto en común con la de los tiempos antiguos. Este punto es fundamental: se trata de que nadie puede acceder a ella si no se haya en el estado de purificación pertinente para acometer este, digamos “retiro”. Tampoco puede ser realizada sin la ayuda y supervisión de un maestro verdadero.

En cuanto a la diferencia de esta Jalwa de hoy con la de aquellos tiempos, esto es fundamental.

Hoy, aquél que se encuentra haciendo Jalwa vive entre la gente; se ocupa de sus deberes administrativos y financieros. Esto parecería su realista sino fuera verdad. Pero es verdad.

Porque toda aquella Dunya que Allâh sustraía en aquella celda de marras, hoy se la sustrae en su propio hogar, en su propia ciudad, en sus propias ocupaciones.

El aspirante al Conocimiento es sustraído a él mismo. Trabaja en el mundo, corre en el mundo, vive aparentemente como los demás; pero no es así.

Allí donde le veis, su corazón, su atención, su anhelo, su ser total se encuentra en otra parte.

Doquiera que se vuelve se encuentra envuelto por la presencia Santa de Allâh. Vosotros creéis que le veis, pero no le veis. Veis su cuerpo, pero no su alma. Él está aquí y allí a la vez. Ha sido sustraído a él mismo, encontrándose de bruces con su Yo verdadero. Sus pies caminan, su espíritu vuela y surca el Universo.

¿Quién puede comprender esto? ¿Quién puede aceptar que aquél de quien se observa su cuerpo puede morar en verdad en otro mundo; en otro plano de realidad?