La Ingeniería social – El plan de destrucción de la Familia – Los menores

El Ser humano ha sido creado por Allâh. En nuestro padre Adam – sobre él la paz – El, en Su infinita Sabiduría, ha insuflado una parte de Su espíritu, tal y como dice el Corán (Qur’an). Gracias a esto los ángeles debieron postrarse ante Adam, y gracias a este soplo de lo Divino podemos decir que el Ser humano es doblemente sagrado. Por una parte, él es una creación de Allâh, y por otra parte, él es la mejor de las creaciones de Allâh. Dañarle, de la manera que fuere, es vulnerar lo que es sagrado, es peor que dañar reliquias o templos, es peor que hacer mal al estandarte más sagrado y noble que pueda existir.

Cuando este Ser humano, repetimos, que es portador de un soplo Divino en el cual reside una parte del Espíritu de Allâh, es pequeño y no se encuentra en la posesión de todas las facultades de su condición de adulto, dañarle, abusar de él, manipularle, engañarle y pervertirle, es un crimen doblemente peor que el de hacerlo con cualquier adulto que se pueda defender de las agresiones con total sentido de causa.

Ahora bien, esta sociedad, que un “iluminado” que todos conocemos apostó por apodar “del bienestar”; esta sociedad que cacarea de manera estridente esas entelequias fantasmagóricas llamadas “derechos humanos”, “libertades”, “gobierno del pueblo”, y otras muletillas para crédulos, está haciendo precisamente eso: atacarse a los menores con el fin de destruir desde dentro el sagrado hogar familiar, enfrentándolo con los padres, robando la patria potestad de éstos, a fin de construir un Ser humano nuevo, a imagen y semejanza del ideario masón más rancio; un Hombre nuevo taimado, falaz y conspirador. Un Ser humano privado de su libertad individual, al que se le ha sido sustrayendo su bondad interior, convirtiéndole en un clon manipulable, desprovisto de generosidad, intelecto, solidaridad y amor. Una máquina de carne y hueso, con ojos y sin corazón. Un ser espurio, una calcomanía de lo Humano.

Todo comenzó cuando, entrando la mujer en el mercado de trabajo, esa aparente libertad para el sexo femenino fue utilizada para duplicar los precios de las viviendas, obligando con ello “de facto” a trabajar a ambos cónyuges y a deber confiar sus descendientes a las guarderías o al servicio de guardería de los colegios. No se trataba de liberar a la mujer, sino de utilizarla para enriquecerse y además sacarlas del hogar a fin de apartarlas de los hijos. No pretendemos aquí, ni mucho menos, abogar por que la mujer no trabaje; la mujer musulmana puede hacerlo si quiere; estamos simplemente demostrando que esa aparente libertad concedida ha sido utilizada para que la sociedad entre en las casas supliendo la educación paterna con sus consignas, que, como hemos dicho, buscan la creación, el sueño masón de un “Nuevo ser humano”.

Con esto, la mitad de la batalla tendente a destruir la unidad familiar estaba ganada; ahora solamente faltaba la otra parte: pervertir a los niños y utilizarlos contra los padres. Y esto ya ha llegado y se quiere institucionalizar.

Otro aspecto a tener en cuenta es la gran cantidad de matrimonios que derivan en divorcio, debido precisamente a que uno o ambos cónyuges no conocen cuál es su lugar, su responsabilidad en la familia, su campo de acción. Y asimismo contribuye a esto la falta de amor, inculcada por una sociedad que anima a dejarse llevar por el deseo, por el capricho del momento, por la dejadez de la responsabilidad personal, por la veleidad de lo efímero; porque, como hemos dicho, todos los mensajes que se reciben van en función a esta construcción de clones humanos, pasivos y fáciles de manejar.

Cuando un matrimonio no funciona, no ya por discrepancias de carácter, sino porque cada miembro de la pareja no sabe ubicar su responsabilidad, entonces ¿con qué criterios se podría educar a los hijos habida cuenta de que esos criterios son inexistentes? Si no se sabe cuál es la finalidad de la Familia ¿cómo entonces poder ubicar a sus miembros?

Habiéndose apercibido de la debilidad del nuevo entorno familiar los comisionados de esos lares oscuros saben que ha llegado el momento. Si los padres no están en guardia, si han bajado los brazos, si han perdido la brújula y no saben dónde se dirigen, hay que apoderarse de los hijos. Hace poco la ministra Celaa, haciendo alarde de su mentalidad estaliniana, decía una en una frase lapidaria su declaración de intenciones: “Los hijos son del Estado”. Efectivamente, dicha señora no habría podido decir una cosa tal si no hubiera poderes ocultos que asimismo actúan en este sentido. En esos tiempos, no muy lejanos, en un centro educativo X de la ciudad Y, una profesora de Historia en un claustro se declaraba ufana de haber suspendido a todos los alumnos en un examen en el que había incluido temas que aún no se habían estudiado. ¿Qué nos demuestra esto? Pues simplemente, no ya solamente que se quiere educar a los hijos ajenos, sino que además se les humilla para someterles. En los pasillos de ese mismo centro, y para que no existieran testigos, algunos profesores acosaban a los alumnos de 1º de Bachillerato obligándoles prácticamente a cambiarse a FP; y ello porque las directrices políticas abogaban por disminuir el número del alumnado universitario. En otra ocasión volveremos sobre temas concretos y directos del abuso que han debido sufrir algunos alumnos en el país “M” en la ciudad “R” que se han examinado de Selectividad de la entidad “U”, a los que, para evitar que pasaran a la Universidad se les ha diseñado un examen de un nivel de 2º o 3º de carrera, humillándolos, robándoles su esfuerzo y sus años de dedicación. Es así, señora Celaa como el Padre Estado se comporta con sus “amados” hijos. No, no necesitamos personajes con su mentalidad, ustedes sobran.

¡Nuestros hijos son nuestros! ¡Dejen ustedes de querer “okupar” nuestros hogares!

Es Allâh (Dios) quien nos ha creado. Toda persona creyente, sea de la religión que sea, comparte esta afirmación. Y Él lo ha hecho con el mayor de las artes y la más exacta de las precisiones. No falta nada, no se ven fallos, olvidos o dejaciones en dicha creación; solo existe la Perfección.

Si Allâh (Dios), en Su Infinita sabiduría nos ha hecho varones o mujeres, ninguno de ellos es mejor ni peor que el otro; ni el hombre que la mujer, ni esta que el hombre. Que a los pobres e inocentes menores se les quiera adoctrinar para decirles que tienen derecho a elegir su sexo, eso, primeramente vulnera la conciencia y las creencias de los progenitores que son aquellos que tienen la Patria Potestad de los menores. Aparte de reírse de las creencias de gran parte de los humanos, lo hacen de Dios a quien se le dice que lo que ha creado lo ha hecho mal. ¡Pero que Dios, si ellos no creen! Como un ladrón que entra por la ventana para saquear la casa, esos pretendidos “educadores” entran en el terreno de lo sagrado, siendo lo sagrado los corazones, mentes e inocencia de los niños, así como el derecho de los padres de la educación moral y religiosa de los hijos.

Algunos dirán que hablamos de un plan conspirador llamemos Z; que somos negacionistas o conspiranoicos. ¡No somos nada de eso!, pero ¿Quién puede negar que exista una conspiración, cuando los ricos compran acciones por las mañanas y las venden con un 20% de ganancias esa misma tarde, y ese mismo día vemos desde nuestras ventanas gentes rebuscando en los contenedores de basura? ¿Quién puede negar que exista una conspiración en un país en el que el SMI es de 1.000 Euros y la tasa de paro es vergonzosamente elevada? ¿Quién puede negar que existe una conspiración en un mundo en el que el 0.25% de la población posee el 90% de la riqueza mundial? ¿Cómo llamamos entonces a estas realidades? Algunos lo llamarán “coyuntura económica”, pero nosotros lo llamamos “conspiración”, porque la definición de conspirar es trabajar con un plan específico en la obtención de un beneficio egoísta y personal. Y moviendo absolutamente todos los hilos para ello.

Pero volvamos al abuso de menores ejercido a través de la dureza artificial de los programas “educativos” diseñados para hacer criba, ingeniería social, en un país en el que se alardea mucho y no se tiene nada. Ni libertad, ni derechos humanos, ni igualdad, ni solidaridad, ni nada que se le asemeje.

Estas criaturas de Dios, a quienes cada vez se les exige más en las escuelas, después de tenerlos todo el día ocupados con unas materias y otras se les examina con una dureza inusitada, haciéndoles sentir que son unos incompetentes cuando suspenden por capricho del profesor de turno. Esos profesores, que lloran por la mala educación que algunos padres dan a los hijos, hacen algo mucho peor, cuando, aprovechándose del esfuerzo de los menores les endurecen la vida, les ponen obstáculos para salir a un mundo laboral, corrupto donde los haya; en el que los sueldos son de miseria, y en el que los responsables, incompetentes ellos, no son capaces de realizar bien su trabajo, que no es otra cosa que procurarles un trabajo digno, tal y como ordena la Constitución. No trabajo, ni vivienda, ni estudios dignos; lo que dice la Constitución, esos responsables irresponsables lo han convertido en un cuento de hadas.

Seguiremos con datos más concretos: lugares, hechos, sucesos…