La imitación

La imitación

El hecho de que nuestros sabios y maestros del pasado hayan realizado grandes gestas y portentosos estudios cuyos resultados maravillan a todos no impide en todo caso que podamos manifestar que es un gran error dejarse llevar por la imitación.

 Como si ellos ya hubieran realizado el esfuerzo para todos los siglos posteriores y nosotros estuviéramos únicamente para imitar sus actos, dichos y creaciones, muchos se limitan a seguir sus acciones o a citar literalmente sus dichos. Esto coloca a los imitadores en un lugar delicado, pues ellos no sabrán nunca justificar la defensa de las tesis de las cuales no son autores. Ellos se limitan a imitar sin comprender realmente el significado y el alcance de lo que hacen. Siguen por comodidad, sin comprender los motivos que llevaron a aquellos a obrar como lo hicieron, ni comprender las circunstancias que en sus tiempos dieron lugar a sus sentencias.

El núcleo de la imitación, la verdadera razón de ella, no es otra cosa que la profunda ignorancia. Incluso si a aquellos a quienes se imita fueron verdaderos sabios, seguir a aquellos que ya dejaron este mundo más tarde o más temprano es una prueba de la vacuidad del imitador. Es, asimismo, una confesión implícita de la propia inutilidad para reaccionar con arte y oficio ante las situaciones nuevas que se presentan.

Claro que, no hay que confundir la imitación con seguir las ciencias universales, las cuales, por su estructura, su temática y razón de ser, se encuentran por encima del paso del tiempo y de las condiciones de las gentes y de los lugares. En este caso, seguirlas sin comprender por qué podría ser tachado de imitación. Por esto último entonces, es imprescindible conocer las razones por las que se establecieron principios y criterios a seguir.

Lo qué no es imitación

En este sentido podemos decir que las prescripciones del Corán, actualizadas por la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -, o en su caso por el consenso, continúan incólumes a través de los tiempos, y deben ser cumplidas sin objeción. Bien es evidente que, incluso en este género de cosas, las circunstancias pueden incidir sobre las decisiones, en cómo aplicarlas y en qué momentos podemos encontrarnos eximidos del cumplimiento de algunas de ellas. Pero normalmente, no existe discusión alguna con respecto a su validez y a su resistencia total al paso del tiempo y a las circunstancias geográficas, sociales o personales. El Ser humano de hoy es el de ayer, y es el que será en el futuro.

En un caso como este lo mejor que podemos hacer es tratar de entender la razón por la que esas prescripciones nos han sido impuestas; ya que, aquél que obra con consciencia es siempre mejor que quien lo hace por simple obediencia. El que sabe no es como el que no sabe.

¿Qué es imitación?

Lo que nosotros entendemos por imitación en el presente escrito es la tendencia a resolver los asuntos copiando como otros lo hacen o lo hicieron en el pasado. Y en este sentido podemos distinguir dos clases generales, sin por ello negar que puedan existir algunas más específicas dependiendo de las circunstancias.

Dependiendo de la materia a la que se aplique una u otra clase podemos decir que en Religión las imitaciones se dan más cuando se trata de lo que no se encuentra legislado en materia de prescripción, pues en este caso, como ya hemos manifestado, poca discusión puede haber. No obstante, con respecto a esto último, podemos decir que concurre otra clase de imitación, y esto se da cuando por ignorancia se sigue ciegamente a personajes que vulneran la Religión so pretexto de cumplir con ella. Hablaremos de ella en el siguiente apartado.

Ahora estamos hablando del dominio de la Virtud y de la Espiritualidad (Iman e Ihsan).

En este sentido entonces hay dos clases de imitadores:

El primero es aquel quien, sabiendo de la ignorancia de su auditorio, se adorna exponiendo frases de personas virtuosas o sabias, yendo a buscarlas a los libros. Este imitador juega con la confianza de las gentes, haciéndoles creer que es él el autor, cuando en realidad lo único que se encuentra haciendo es repetir hasta la saciedad aquello de lo cual son otros los autores, sin tener nada que sea suyo propio en cuanto a conocimiento.

El otro imitador es aquél que sigue ciegamente lo que se encuentra escrito en los libros o/y todo cuanto dice uno de esos falsos guías que se venden por doquier como detentores de un saber del que se encuentran lejos.

En cuanto a la imitación de los que vulneran o cambian la Šari’a

Con respecto a esto habremos de decir que actualmente hay una buena parte de musulmanes que creen todo cuanto dicen gentes que vienen apoyadas por la política e intereses económicos de países que gustan manipular la Religión para tener influencia y ventajas económicas.

Estos países ofrecen títulos de un Islam modificado a las gentes que saben que van a ser fieles si se les paga convenientemente. De esta manera, estos mercenarios que se dejan comprar por dinero y prebendas son presentados al público como sabios y expertos, cuando en realidad son lo más granado en cuanto a ignorancia y egoísmo. Estos se encuentran apoyados por una propaganda falsaria que les reviste con las mejores galas del saber.

Aquellosque siguen a estos últimos ciegamente, y hacen lo que ellos dicen, “porque lo dice Fulano y Fulano es muy sabio”, son de aquellos mudos, ciegos y sordos de los que el Corán dice que no comprenden. Su pereza por buscar la verdad les ha hecho caer bajo las fauces de las hienas y las garras de los cuervos, que desgarran su religión y hacen con ellos cuanto desean. Su delegar su propia alma y religión en esta clase de depredadores les hace ser la oveja a la que se come el lobo. Y aquí debemos decir que no hay excusa, pues Allâh no hace mal a nadie. El mal nos lo hacemos nosotros mismos, y ninguno tenemos derecho a clamar justicia, cuando nosotros no hemos sido justos ni con la Religión ni con aquellos que llamamos hermanos.