17 junio 2024
Hadiz

La Guía y el Conocimiento

La guía y el conocimiento con los que Allâh me ha enviado son como la lluvia generosa y abundante que cae sobre una tierra de la cual una parte es fértil y absorbe el agua produciendo pasto y hierba abundante,  y otra es un terreno duro y retienen el agua. (En ambos casos) Allâh beneficia con ella a la gente, que bebe, da de beber  y siembra. Esa misma lluvia, Allâh la hace caer sobre otra tierra que no son sino terrenos lisos que ni retienen ni producen pastos. Esta es la semblanza del que accede a la comprensión y conocimiento del Dîn de Allâh y le beneficia aquello con lo que Allâh me envió de manera que sabe y enseña; y la semblanza del que se desentiende y no acepta la guía de Allâh con la que he sido enviado”.

Sadaqa de Rasulu-l-Lah (sala-l-Lahu ˤalayhi wa sallam) 

Primeramente, hemos de reconocer que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – recurre a la lluvia a fin de convertirla en un símil de la guía y del conocimiento. En efecto, ambos a la vez, completan el estatus de aquellos que han ofrecido sus bienes y vidas para acercarse a Allâh.

Condúcenos al Camino Recto; Camino de aquellos a quienes has favorecido.

En estas dos aleyas de la Fatiḥa viene claramente explicado lo que es la Guía y lo que es el Conocimiento.

La Guía es dirigirse al Camino Recto. Mientras que el Conocimiento es transitar por él en calidad de aquellos a quienes Allâh ha favorecido.

Es así que la Guía es el preámbulo necesario para obtener Conocimiento.

En los dos casos a los que se refiere el hadiz como el terreno por el que se filtra el agua y produce frutos abundantes, así como el de aquél que la retiene para utilizarla más tarde, la lluvia cumple su función. No obstante, debemos señalar que aquella tierra que produce frutos al instante goza de una ventaja sobre la que retiene el agua, pues ella no necesita acarreo alguno de agua para reverdecer al instante mismo de recibir el don del cielo.

Es así con los creyentes: uno tiene la tierra de su corazón ya preparada y lista para recibir y dar conocimiento, mientras que la otra requiere una transformación previa a fin de llegar a ser útil.

Como quiera que fuere, ambas tierras son fértiles y provechosas; ya sea para ellas mismas como para el resto.

El Profeta dijo que solamente dos tipos de personas presentaban utilidad en este mundo: el que enseña la Ciencia y el que la aprende; diciendo además que el resto no presentaba en realidad utilidad alguna.

El sabio y quien busca aprender están ambos asociados en el bien, mientras que el resto no tienen bien alguno. (De Abu Darda, recopilado por A-t-Tabarani)


Los sabios son las personas respetuosas con el depósito confiado de los Enviados de Allâh, siempre y cuando se mantengan a distancia de los sultanes y que no se dejen ganar por este mundo. Si lo hacen, entonces traicionan a los Enviados. Desconfiad pues de ellos.

(De Anas, recopilado por Al-Ukaily)


En cuanto a aquellos a los que el Profeta alude como terrenos lisos que ni retienen ni producen pastos, son de dos clases:

¡Fijaos! Estos terrenos reciben la misma agua, pero al llegar a ellos ésta pierde su utilidad y se malgasta.

El primer grupo es el que recibe ciencia y la malgasta. A estos se refiere el Profeta como siendo eruditos falsos que extravían a las gentes causándolas perjuicio.

El sabio, la ciencia y la buena obra afluirán todos en el Paraíso. Pero si el sabio no pone en práctica lo que sabe, la ciencia y la obra estarán en el Paraíso, mientras que el sabio irá al Infierno.

(Recopilado por A-d-Daylami)

En cuanto al segundo grupo es el de los ignorantes, quienes nada saben, nada quieren saber, y llegan, en algunos de los casos, a comportarse de manera insolente con el resto al constatar que otros son mejores y más provechosos que ellos.

El Nafs tiene su trono en la mente y en la pasión; cuanto más entronizada está en ambos más ignorante y pasional es la persona. Es así pues que ignorancia y pasión van de la mano, pues ambas proceden de la misma fuente, a saber: la nafs rebelde.

Si uno desea apercibirse de cuan atado se encuentra a ella y poseído por su fuerza de rebeldía debe cuestionarse a sí mismo.


Y en este estado no podemos pedir a Allâh que nos ilumine, que nos dé sabiduría. No podremos echar nada en cara a nadie ya que nosotros mismos no estamos en disposición, ni de dar consejos ni de pedir explicaciones.

Es esta una tierra esteril; la cual, aunque bien pudiera recoger algo de agua por tener algunas virtudes, no puede dar fruto. Y es a esta clase de personas que Rasulu-l-Lâh – sobre él la plegaria y la paz – se ha referido cuando ha dicho:

«Que cuando uno de vosotros hable, que diga el bien o que calle«.

Aquellos quienes recogen el agua y dan frutos abundantes son los guías de la Umma; son reyes de la tierra aunque nadie los conozca. Dijo al chayj al Alawi a sus fuqara awliya:

«Vosotros soys los reyes de la tierra ya que os encontráis en la Presencia Divina«. (Antum muluku-l-ard min hayzu qurbihi).

Todo ello porque recibieron el agua pura y fresca de la guía, la cual penetró en la tierra esponjosa y fértil de su corazón y dio frutos abundantes.