La figura del héroe fabricado

La figura del héroe fabricado

En el mundo del Tasawwuf, como lo hemos expresado en diversas ocasiones, muchos, debido a la debilidad de su Fe o a su ignorancia de lo que es en realidad el camino del Sufismo, necesitan, o sentirse alguien especial, o fabricar un personaje por el que se pueda aparentar ser alguien estando vinculado a él. Así ocurre que muchos de estos personajes representan un velo al que se adhiere uno y otro; un velo que les aparta del camino. Una excusa, y  en ocasiones una especie de ídolo a quien adherirse por reconocerse a uno mismo incapaz de  caminar con sus propios pasos.

En realidad, es inconcebible que una persona pueda vincularse a un maestro verídico sin tener en él mismo la aspiración de volverse con el tiempo alguien útil para los otros, tal y como hoy su maestro lo es para él. No obstante, gran parte de esta gente pierde el tiempo y la fe disputándose tener un cargo en el grupo o simplemente acercándose más al maestro, quien visto de esta forma, no es otra cosa que una especie de ídolo para la gente que mantiene este tipo de actitudes contrarias al espíritu de compañerismo del Islâm, a la humildad debida y a la inteligencia mínima que se le pide a un aspirante espiritual.

El mismo Šayj Al ˤAlawi – que Allâh esté satisfecho de él – decía que el hecho de acompañarle y acercarse físicamente a él no concedía a nadie ningún estatus espiritual, y que mucha gente que la había visto una sola vez sobrepasaba a estos otros en la Vía espiritual. Engrandecer a un personaje, aunque éste fuere, caso inédito en este tiempo, en realidad un amado de Allâh, es una actitud torpe y negativa. Si bien podemos relatar algunas de sus buenas obras para que sirva a fin de dar ánimo a otros en ejecutarlas, vale decir asimismo que el exceso de elogios afea los relatos.

Alguien decía hace poco, hablando de un personaje, que el ínclito tenía iyazas (recomendaciones) de diversos grupos incluida la de la Liga Islámica; ¡como si la Liga Islámica no fuera otra cosa muy distinta que un contubernio de masones y de falsos líderes buscadores de oro! Tal y como lo es hoy en día. ¡Queriendo así dar lustre a su héroe fabricando lo estaban crucificando literalmente!

La ambición mueve a muchos para acaparar espacios que no representan. Para ello han de hacerse esclavos de un poder que el Corán ha citado como de Harut y Marut. Otros se esclavizan a estos primeros pensando que así, ellos un día podrán ser considerados como los miembros de una élite, que en realidad no es otra cosa que una banda de gentes confabuladas por el mismo interés.

Allí donde hay mala tierra florecen las mentiras; allá donde hay ambición abundan las plantas dañinas. El caso es que hay nafs que son tan perversas que necesitan tener poder sobre las gentes para poderse encontrar satisfechas. Son nufus (plural de nafs) hambrientas de poder y de gloria, de que se hable de ellos; tan ciegos son, tan orgullosos que no pueden llegar a comprender que otros nos apercibamos de su gran vicio, que otros sepamos lo codicioso de su interior y que podemos llamarlos al orden desnudándoles públicamente.

Y así, en la época de la “iconografía” algunos necesitan fabricarse un “héroe” que no es otra cosa que un impedimento entre el servidor y el Señor. ¿O no es cierto que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo que en esta época los ignorantes se subirían a los púlpitos para desviar a otros ignorantes?

Estoy en el grupo del Šayj Fulano, o del Mengano o Fumengano. ¿Y no te has parado a considerar en qué responderás a Allâh cuando te recrimine haber seguido a un mentiroso? ¿Quién te salvará ese Día en el que ese mismo mentiroso sea agarrado y llevado a su destino final? ¿Le dirás a Allâh que no sabías, tratando de negociar tu rescate de esa manera? ¿Es eso pulcro para dirigirse a Allâh? ¿Es esa la manera de hablar y argumentar de un siervo sometido y bien educado?

¡No! Por tu debilidad te fabricaste un ídolo; no te paraste a medir y pesar al mm a quién seguías, cuando esa era tu obligación ineludible. No quisiste saber si su dinero procedía o no del Haram creyéndote las mentiras que te contaron para engrandecer al personaje. Te conformaste con ser de la comparsa, del séquito; obraste como si el personaje fuera un rey, cuando no era otra cosa en realidad que una estatua de pies de barro que tú mismo fabricaste y fotografiaste para tener en el salón de tu casa y de tu habitación. Te conformaste con ser el músico que amenizaba las fiestas, el número 3000 y pico de la “élite”; un bulto que magnificaba al personaje, quien vendía una cifra de seguidores en su márquetin habitual. Fuiste uno más en el estadio aplaudiendo un gol; gritando como un descosido las virtudes del juego del equipo. Perdiste tu dignidad, caíste bajo y no quieres recuperar tu honor.

Y nosotros ¿qué podemos hacer por ti? ¿Qué contestarás a Allâh el Día de la Verdad?