La emigración por Allah
La emigración por Allah
He de precisar una cosa antes de comenzar: lo que es li-l-Lâh (por Allâh) siempre cuenta.
Aquellos que dicen seguir la Sunna, ya sea porque físicamente se comportan y se visten conforme a ella, no son iguales que los que conocen la esencia del costumbre del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -.
Los primeros no saben que seguir la Sunna, en su acepción más importante, consiste en contraer el carácter del Profeta o una parte de él. Muḥammad es designado en el Corán como una “Misericordia para los mundos”. Aquellos que realmente busquen seguir al Profeta han de ser una Misericordia para el mundo en el que vive; para su ámbito, para su entorno.
Amar al Profeta es comprender que él es el hombre universal por excelencia. Es realizar que todo cuanto de bueno es susceptible de encontrar en el Ser humano se encuentra representado en él.
Nos aventuramos a decir que, en función de su consejo de hablar a todos según su capacidad de comprensión, él tenía una Sunna en forma de consejos para aquellos que no comprendían lo esencia. De esta manera, existe otra Sunna para aquellos cuyo carácter se asemejaba al suyo. Estos últimos comprenden el significado de sus enseñanzas, mientras que los primeros no son capaces de traspasar la corteza de todos y cada uno de los asuntos.
No es que existan dos Sunnas separadas la una de la otra, sino niveles dentro de la propia Sunna en general.
Al amor a Allâh y a Muḥammad es algo vivo; algo que mueve los corazones y marca las vidas de los amantes.
Cuando, como es mi caso, se me dio el consejo de dejar mi trabajo en Madrid y venir a Tetuán, hice Istijara y soñé que en la montaña donde tengo mi casa en Tetuán, se encontraba el Profeta haciendo una jutba.
Dejar todos mis asuntos, cerrar los ojos y venir a lo desconocido cuenta como una Emigración. El Profeta emigró, yo también lo hice. Cumplí con la Sunna porque mi emigración fue li-l-Lâh. Esta es una indicación clara de que estaba en el Camino de Muhammad (el Sirat al Mustaquim). Ese aspecto de mi vida, y otros, se asemejan a la suya. Salvando siempre la gran diferencia entre él y yo, siempre a su favor, y siempre en mi desfavor.
¿Quiere decir esto que para parecerse al Profeta y seguir la Sunna es obligatorio emigrar?
No de manera categórica; aunque, sin embargo, en muchos casos que conozco dicha emigración se haya dado, de manera total o parcial, de alguna forma.
No se nos pide participar en Badr o en Uḥud, ni en Hunayn, ni en Tabuk, ni tomar la Meca, como él lo hizo. Aunque seguro es que las batallas que libra en la vida el que sigue la verdadera Sunna poseen unos elementos y características algo similares a aquellas batallas a cuerpo descubierto que acabamos de citar.
¡Cuántas veces, después de dificultades extraordinarias y acuciantes, Allâh nos ha traído el sosiego o la victoria!
En cuanto a la Emigración en particular, hemos de decir que podemos aceptar como tal el hecho de volvernos unos extraños entre los nuestros. Hemos emigrado cambiando las costumbres, las amistades, y hasta en ciertos momentos nuestros esposos o esposas, porque ellos o ellas no sean capaces de acompañarnos en intimidad en esa vida li-l-Lâh que nos hemos resuelto a tener.
Ya sea de un país a otro, o de una situación estable a otra, todo ello puede ser considerado como Emigración. Hemos soltado el fardo que nos ataba a la Dunya y hemos viajado a la Madina iluminada, tal y como lo hizo el Profeta y los emigrantes. Hemos dejado todo por Allâh y Su Profeta.
Mientras otros se mesan y miden sus barbas, y otras discuten sobre cómo ponerse el velo, nosotros hemos querido resolver lo esencial. Hemos puesto nuestras miradas, hemos dado nuestros pasos hacia lo importante, lo fundamental.
Y Allâh, cuando llegamos a nuestra particular Madina, nos ha cambiado la vida; nos ha provisto de otros bienes que no teníamos a cambio de aquellos viejos que poseíamos anteriormente. Nos ha provisto de una nueva vida; de nuevos pensamientos; de nuevas vivencias, dejando las otras, ya caducadas, atrás. Puede que así, comparando las unas con las otras, Le glorifiquemos y Le magnifiquemos por el bien preciado que nos ha dispensado; a nosotros, esas criaturas débiles y plenas de defectos que, un día, decidimos ir a El con todo, sin importarnos lo que dejamos detrás.
Emigramos de verdad por la Gracia inmensa de Allâh.
Cumplimos con la Sunna y nos convertimos en Muhammadís de una manera milagrosa, emulando a los más grandes de la Tierra.