La educación de un musulmán (Adab)

Puntualizaciones sobre el ‘adab (comportamiento correcto)

La paz sobre vosotros.

Hoy, como ocurre en tantas otras cosas, no se tienen claros cuáles son los valores a los que se alude en materia de comportamiento correcto y benévolo de un musulmán; ya sea de unos musulmanes hacia otros, ya sea del musulmán hacia los que no lo son.

Con estas palabras queremos demostrar que cuando se habla de ‘Adab no se está haciendo únicamente referencia a modales educados y/o cariñosos, sino que lo estamos haciendo de un comportamiento adecuado a cada situación; si bien hay que decir que dentro de toda la gama de comportamientos posibles a cada caso, en toda circunstancia debemos escoger aquellos que son más benévolos y sociables. Ahora bien, y eso lo convenimos todos, al menos así lo creemos, toda bella palabra debe ir acompañada de hechos igual de bellos o mejores.

Podemos ser muy educados y obrar mal, o decir “educadamente” frases que hieran en lo más profundo a la persona a quien se las dirige. Y es así, porque la educación no es hablar florido y adornado si el mensaje que se da es hiriente o poco afortunado.

Hace poco decíamos que el ‘Adab en su forma depende de cada situación, aunque el fondo ha de ser siempre gobernado por una bondad y generosidad de facto. Por poner un ejemplo muy claro: a veces cuando regañamos a nuestros hijos subimos el tono del discurso porque los estamos educando, siendo que en el fondo queremos  lo mejor para ellos, ocupando como ocupan un privilegiado lugar en el amor de nuestro corazón.

Lo mismo ocurre cuando educamos a la gente en materia de Religión: a veces, es necesario sacudir los pensamientos para llamar la atención sobre algún peligro, o sobre una situación potencialmente o de facto nociva para uno o para muchos. En estos casos, el Adab islámico exige que el educador se manifieste de una manera más o menos enérgica sin necesidad de llegar al menosprecio y a pronunciar palabras soeces y de mal gusto.

Por eso, el ‘Adab en Islam no es hablar con un tono afectado para hacerse pasar por “bueno”, sino hacerlo como conviene a cada caso; para clarificar esto que acabamos de decir, vamos a poner algunos ejemplos:

A / El ‘Adab del educador del Islam es decir siempre la Verdad, hablar de lo que conoce y no traspasar los límites de sus conocimientos. Siempre con las mejores palabras posibles, aunque hay que decir, que además de expresar siempre la verdad debe combatir la mentira de manera enérgica para prevenir a otros de caer en malas prácticas o falsas posturas doctrinales. Siempre, dando el “buen consejo” (nasiha).

B / El ‘Adab del que aprende es la obligación de escuchar el consejo verídico y no buscar posiciones cómodas para él en detrimento de la verdad buscando la aceptación de las gentes o bienes económicos u otros.

C / El ‘Adab no consiste en pronunciar palabras perfumadas dichas con un tono floreado; a eso se le llama antes bien: falsa afectación. Muchos confunden o quieren confundir esto con el verdadero ‘Adab, permitiéndose además faltar el respeto a otros mediante frases manidas dichas en tono musical. Asimismo es la antítesis del ‘Adab culpar a otros de no tenerlo por ánimo de ser considerados educados y de inculpar a otros de lo contrario.

D / El ‘Adab no consiste en decir: “Que bonito es dar sadaqa”, sino en darla, en silencio y sin anunciarse.

E / El ‘Adab no consiste en decir que hay que ser humilde, sino en serlo sin necesidad de hablar de humildad.

F / El ‘Adab es actuar buscando siempre la Verdad para seguirla uno mismo y clarificar a otros. ¿De qué sirve hablar con educación si lo que estamos diciendo no es lo correcto y estamos equivocando a otros? Esto, llevado a un punto, sería la base de la hipocresía. ¡Qué Allâh no lo permita!

G / El verdadero ‘Adab es salvar a otros del peligro.

Hay muchos más ejemplos, pero nos hemos limitado a enumerar aquellos que causan mayores confusiones en unos y otros. Es así que queremos salir al frente contra una frase muy manida que se presenta últimamente bajo diversas formas, siendo esta una de ellas:

“Que maleducados que son estos que no son educados como yo”.

Esta frase, en sus múltiples formas, se presenta para ganar un discurso cuando se sabe que no se lleva razón, intentando indisponer contra otro que sí la lleva. Y aunque esto en el terreno personal no deja de ser un juego de niños, toma tintes serios cuando, hablando de Religión, se utiliza para manipular y menospreciar el mensaje de la Verdad.

Esto último es la antítesis del ‘Adab.