5 octubre 2026
Diálogo interculturalNuevos Musulmanes

La deriva histórica de la doctrina cristiana 1

Abdul Karim Mullor

La deriva histórica de la doctrina cristiana 1

Prólogo

Como antiguo católico, habiendo practicado el Catolicismo de manera sincera y exhaustiva durante mi juventud, en el periodo que va desde mis 19 hasta mis 22 años, sé que me encuentro en una posición de privilegio para analizar el estado actual del Cristianismo, así como para demostrar lo que en él hay de verdad y de falsedad.

Esto comenzaré a hacerlo desde una perspectiva histórica, a fin de mostrar cómo fue el Cristianismo desde su origen, es decir, desde los tiempos de Jesús y los Apóstoles hasta hoy; pasando por Pablo de Tarso; la constitución de los Evangelios; el Concilio de Nicea; Agustín de Hipona; los visigodos arrianos y católicos; y posteriormente el Cristianismo en la Edad Media; la Inquisición; la “Cristianización” de Al Andalus y el estado actual de la que por Católica no deja de ser Romana sin que entendamos por qué; ya que Jesús – sobre él la paz – nunca pisó y nunca mencionó la ciudad de las siete colinas.

Analizaré asimismo las razones por las cuales la Iglesia se convirtió en Trinitaria, siendo que en los periodos cercanos a la venida del Profeta del Islam – sobre él la plegaria y la paz – gran parte de los cristianos de Medio Oriente, así como los visigodos de la Península Ibérica eran Arrianos, es decir, Unitarios, para los cuales Jesús era un profeta y no un ser divino, ni mucho menos hijo de Dios.

Evidentemente, expondré parte de mi historia personal. No obstante, las conclusiones valorativas que exponga en este análisis estarán fundamentadas en las palabras de Allâh en el Corán; en las de nuestro Santo Profeta, e incluso en la misma Biblia y en los Evangelios.

No valoraré en absoluto a cristiano alguno; no es mi intención molestar a nadie. ¿Qué se yo lo que se encuentra en el corazón de las gentes, y quién soy yo para valorarlo o juzgarlo?

Sí valoraré la doctrina, explicaré cómo se formó y cuáles fueron las razones para que dicha doctrina sea la que es, y de qué manera se separó de forma sorpresiva y total de las palabras de Jesús registradas en los Evangelios originales. Estos Evangelios fueron recogidos por Bernabé, quien, desde el principio de la prédica de Jesús, fue su escriba “oficial”.

Hoy, no se puede esperar que exista la posibilidad de celebrar un debate abierto con los representantes de la Iglesia Católica. Nadie va a aceptarlo, y mucho menos nadie lo haría público. Si este debate se celebrara, y por ejemplo, un servidor participara, así como otro musulmán con mi conocimiento también lo hiciera, los representantes católicos lo enterrarían en el olvido.

Digo esto por la experiencia tenida. El Šayj Al ˤAlawi, cuando fue recibido por las autoridades francesas en su viaje a París para inaugurar la gran mezquita en los albores de los años 20 del pasado siglo, tuvo un encuentro con representantes de la Iglesia Católica en Marsella sobre el cual los representantes católicos vertieron las arenas del olvido.

¿Miedo? Podemos pensar que sí, no vemos otra razón; no se nos ocurre, sinceramente. Miedo a perder el estatus y el control sobre los feligreses porque pudiera descubrirse la verdad.

Termino este preludio con las palabras de Aḥmad Ibn Mustafa al ˤAlawi – que Allâh esté satisfecho de él – cuando, preguntado por un prelado en París sobre donde había estudiado para adquirir tanta sabiduría, él respondió:

“He estudiado en la misma escuela que Jesucristo”.

Y ahora vayamos a la época de Jesús – sobre él la paz -.

Israel se encontraba bajo la dominación romana. En este estado de cosas, los judíos estaban divididos en varios sectores:

Por un lado los doctores y guardianes de la Ley

El reinado de Herodes quien, como país ocupado que era el suyo, debía dar cuentas a los romanos de todas sus decisiones.

Los zelotes. Oposición a los romanos que contaban con el respaldo de ciertos doctores de la Ley.

El pueblo llano que estaba dividido entre los partidarios de los zelotes y los sometidos a los romanos.

La situación de los representantes de la Religión era alarmante. Los doctores de la Ley practicaban lo resultante de contar con una Torá ya adulterada. Dicha adulteración se había producido para borrar todo resquicio de la venida de subsiguientes profetas, así como para obtener un poder sobre el pueblo que, al no tener suficientes referencias religiosas de las que servirse, siempre acudía a sus rabinos para consultar todo aquello que era necesario para dirigir sus vidas.

Todo esto hacía que doctores de la Ley y levitas, por orden descendente, detentaran una autoridad real sobre los propios reyes de Israel.

Siendo así, en este estado de cosas, los doctores de la Ley engañaban al pueblo y a los gobernantes, editando leyes que no se basaban en las Escrituras originales.

María – Maryam

María, hija de Joaquín (Imram) y de Ana (Hanan) es consagrada al servicio del templo. Cuando Hanan supo que se encontraba encinta prometió a Allâh (Dios) que el fruto de su vientre estaría consagrado al templo, como signo de agradecimiento a su Señor, ya que anteriormente ella se tenía por estéril y dio a luz a una edad avanzada.

Ella se extrañó por tener una mujer, clamando a Dios y quejándose de que no fuera un varón. A esto Dios la respondió:

Y cuando dio a luz a una hija, dijo:« ¡Señor! Lo que he dado a luz es una hembra -bien sabía Alâh lo que había dado a luz- y un varón no es igual que una hembra. Le he puesto por nombre María y la pongo bajo Tu protección contra el maldito Demonio, y también a su descendencia» (Corán 3-36).

Sigue diciendo el Corán que Zakaría – sobre él la paz – se ocupó de ella mientras estaba en el templo. Los ángeles la dispensaban alimentos de verano en invierno, y los del invierno en verano.

Una vez, durante en retiro, el Arcángel Gabriel se la presentó anunciándole el nacimiento de un hijo; a lo que ella respondió sorprendida que cómo esto sería posible si no había estado con un varón.

Cuando los ángeles dijeron: «¡María! Allâh te anuncia la buena nueva de una Palabra que procede de Él. Su nombre es el Ungido, Jesús, hijo de María, considerado en la vida de acá y en la otra y será de los allegados.  Hablará a la gente en la cuna y de adulto, y será de los justos».  . Dijo ella: « ¡Señor! ¿Cómo puedo tener un hijo, si no me ha tocado mortal?» Dijo: «Así será. Allâh crea lo que Él quiere. Cuando decide algo, le dice tan sólo: «¡Sé!» y es.  . Él le enseñara la Escritura, la Sabiduría, la Tora y el Evangelio».  (3 – 45 a 48).

Queda establecido pues que María era virgen y dio a luz a Jesús sin haber estado precedentemente con un hombre.

No vamos a extendernos demasiado citando y citando aleyas del Corán. Nos limitaremos a exponer los hechos resultantes de su lectura a fin de dinamizar nuestro escrito. Podría resultar tedioso para algunos, ya que nuestra finalidad no es establecer un debate sin rival, sino simplemente informar a todos de lo que dice el Corán, y cuando llegue el momento, también de lo que expresan los pasajes originales de los Evangelios.

El nacimiento de Jesús – sobre él la paz-.

Jesús (ˤIsâ) – la paz sobre él – fue presentado por su virgen madre a su familia. Ellos se escandalizaron de ver a su hija con un recién nacido. A esta extrañeza, habló el niño diciéndoles que Allâh le había escogido como profeta para los Hijos de Israel.

Esto significa que ya él nació con la Sabiduría; que el conocimiento de Allâh le había sido conferido desde su nacimiento.

En su niñez hacía prodigios con el permiso de Dios. Ya en su pronta pubertad discutía con los doctores de la Ley por encima del nivel de éstos, siendo objeto de admiración de todos.

No tenemos más noticias de él hasta que comenzó su prédica hacia los 30 años; y tampoco se conoce si la figura de José, esposo ficticio de María, existió o simplemente fue inventada por aquellos que cambiaron los Evangelios posteriormente.

Su predicación 1

“Nadie es profeta en su tierra”.

He aquí unas palabras de Jesús que indican la desfavorable acogida que tuvo de parte de los doctores de la Ley y de la mayor parte del pueblo judío.

Jesús, a diferencia de Mûsâ (Moisés) y de Muḥammad (sobre ambos la paz). No recibió un libro revelado, aunque los Evangelios si lo sean.

Estos Evangelios eran la vida, las palabras y los actos de Jesús que se producían paulatinamente durante los tres años de su misión profética.

Contrariamente a la información que nos ofrecen los sospechosos y modificados Evangelios que fueron aprobados por el Concilio de Nicea, tres siglos más tarde, el apóstol Bernabé fue el escribano de los Evangelios desde los primeros instantes de la misión de Jesús. Este nació puro y sin mácula. Era un ser puramente espiritual que no estaba apegado a la comida, la bebida ni el vestido. Esto lo dice él mismo en los Evangelios de la manera siguiente:

“Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” Mateo 8:30

Durante su misión realizó prodigios con el permiso de Allâh (Dios):

Curó a los leprosos, a los ciegos; resucitó a los muertos, e incluso anduvo sobre las aguas. El último y definitivo de estos prodigios fue su ascensión a los cielos, donde se encuentra en vida esperando su segunda venida en Damasco cuando llegue su momento.

Viajaba sin equipaje y no tuvo relaciones con mujer alguna. Esto es otro prodigio de Dios que le caracteriza y le hace especial.

En el siguiente capítulo hablaremos de sus palabras, sus hechos y demostraremos como no fue crucificado, y mucho menos muerto…

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