12 octubre 2026
Diálogo interculturalNuevos Musulmanes

La deriva doctrinal de la religión cristiana – La Inquisición – Ignacio y el burro

Abdul Karim Mullor

La deriva doctrinal de la religión cristiana – La Inquisición – Ignacio y el burro

Después de haber dejado en evidencia la falsa doctrina “seudo iniciática” de la Edad Media, y de haber demostrado que los grupos que la representaban eran los referentes de la magia de Harut y Marut citada en la Surat al Baqara del Corán, hoy vamos a hablar de la Iglesia renacentista, de su Inquisición y de sus desmanes cometidos sobre personas y almas.

Nunca fue vocación de la Iglesia de Roma poner la otra mejilla. Al contrario, sus actos siempre rayaron en la brutalidad ejercida sobre sus víctimas reales y potenciales. Esa cruz la habían de llevar los demás. La cara en la que llovían las tortas era siempre la ajena. Y aunque a mí me la hicieron cargar esa pesada cruz de pequeño sobre mis inocentes hombros, pronto pude zafarme de sus mentiras y manipulaciones.

¿Acaso no tengo yo derecho a desquitarme del abuso sufrido de pequeño, y no tan de pequeño de parte de personajes vestidos con unas sotanas negras como la oscuridad de la noche que ellos representaban? Ultrajado en la confesión, abusado por tener que ofrecer la intimidad de mi alma a un personaje siniestro dispuesto a controlar.

Esas imágenes feas e indigestas de falsos santos, de un Jesús crucificado, aunque nunca lo fue, con gesto de dolor; esa Virgen representada de una manera que nada había de ver con la verdadera naturaleza de la santa madre de Jesús. Ese Dios con canas y barbas en posturas poco más o menos que ridículas y absurdas, rodeado de nubes. Esos angélicos con mofletes y pañales, intentaban representar un concepto pueril de Dios, del cielo e incluso de Jesús y de María – sobre ambos la paz -.

Esa confesión desde la cual se controlaba a la población, entrando a saco en la intimidad personal en cuerpo y alma. Una intimidad sagrada que era violada por la fuerza. ¿Qué necesidad había en esa época de la Seguridad del Estado, si ya la Iglesia la ejercía de manera maligna y descontrolada?

Los “conquistadores” cuando llegaron a México y a Perú y vieron a los mayas y a los Incas realizar sacrificios rituales pusieron el grito en el cielo.

¡Pura hipocresía! Cuando en España se asesinaba a saco a los que no quisieron renunciar de su religión musulmana; se les robaba los hijos a quienes se adoctrinaba en las mentiras de su falsa religión.

Si hubo Inquisición es la prueba fidedigna de que la doctrina de la Iglesia era falsa e intragable. Y puesto que lo era, se dispuso de una guardia que mantuviera el poder de la Iglesia a sangre y fuego.

Bien seguro es que muchos de nosotros, españoles de generaciones, podemos descender de musulmanes; cosa que la Iglesia quiso enterrar en el olvido. Solamente un bruto convence a la fuerza. Solamente un falso de rodea de una guardia pretoriana para mantener su estatus.

Y apareció la Orden de Jesús, apadrinada por un necio llamado Ignacio. Y digo necio porque en un episodio de su Autobiografía que yo un día leí, contaba como encontrándose con un musulmán, y discutiendo sobre la naturaleza de Jesús, el musulmán negó valientemente la pretendida naturaleza divina de éste. Al separarse en un cruce de caminos, Ignacio de pronto fue asaltado por sus demonios internos y se hizo la idea de seguir al musulmán para darle muerte.

Apostado en el cruce de caminos, resulta que Ignacio decidió internamente que si su burro elegía el camino que siguió el musulmán entonces era un signo de que debía perseguirle hasta darle muerte; y si el rucio escogía el otro camino, entonces seguiría hasta donde se propuso ir sin dañar a su oponente. El burro no eligió el camino del musulmán, sino el otro, demostrando que el verdadero rucio era el tal Ignacio.

¡Qué sabio el animal! ¡Qué bruto el humano!

Hay que saber, y esto ya merece un capítulo aparte con datos varios, que la Orden de Jesús trabajó mano con mano con la Masonería. Y fue esta la que la ayudó a establecerse en países tan lejanos como Japón, así como a navegar por todo el Mediterráneo en busca de contactos con los musulmanes fáciles y prestos a venderse.

Haciéndose poderosa, pronto rivalizó con las otras facciones de la Iglesia romana, llegando casi a poner cerco al Papado. Dos organizaciones, aparentemente dispares, luchando por el control y por el poder.

Sea como sea, la Iglesia de Roma ha demostrado durante siglos ser una organización maquiavélica dedicada a hacer la vida imposible a quienes no la obedecían o se le oponían.

Una Iglesia que ha violado de manera rutilante el mensaje de Jesús; un mensaje de Sabiduría, de Bondad, de Humildad, de Paciencia y de Generosidad. Al contrario, ella siempre ha sido: mentirosa, malvada, engreída, impaciente y avara. Todo lo contrario de cuanto Jesús enseñó.

Por eso, nuestro señor Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – profetizó que en su segunda venida, Jesús seguirá el Islâm y destruirá la cruz doquiera la vea. Entonces informará sobre su verdadera naturaleza y nadie podrá tomarle como bandera o como excusa.

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