La deriva del Cristianismo –Los grupos seudo espirituales de la Edad Media – Harut y Marut
Abdul Karim Mullor
La deriva del Cristianismo –Los grupos seudo espirituales de la Edad Media – Harut y Marut
Ocultistas y orientalistas pierden los papeles cuando analizan los fenómenos seudo espirituales de la Edad Media en el seno del Cristianismo, queriendo hacernos creer que en la doctrina trinitaria existía un nicho de auténtica espiritualidad, cuando en realidad, se trataba de todo lo contrario. Vayamos al Corán:
Siguen lo que practicaron los demonios en el reinado de Sulaimán. Pero no fue Sulaimán quien cayó en incredulidad, sino que fueron los demonios al enseñar a los hombres la magia que le había sido revelada a los dos ángeles Harut y Marut en Babil. Éstos no enseñaban a nadie sin antes advertirle: Somos una prueba, no caigas en la incredulidad. Así aprendieron de ellos cómo separar al hombre de su esposa. Pero no perjudicaron a nadie sin permiso de Allah. Aprendieron lo que les perjudicaba y no les beneficiaba y ciertamente supieron que quien adquiriera ese conocimiento no tendría parte en la Última Vida. ¡Ojalá hubieran sabido cuán malo era el precio por el que vendieron sus almas! (2-102)
He aquí la explicación exacta de la naturaleza de grupos tales como: Templarios, Rosacruces y el resto de lo que se ha dado en llamar con el tiempo Masonería Especulativa[1].
Se trata de la Magia negra, o el Satanismo, como lo queramos llamar. Después de su revelación en Babilonia, como hemos explicado algunas veces, pasó al Judaísmo en forma de Qabala y de Sionismo (Talmud); mientras, en el Cristianismo lo hizo en forma de sociedades secretas fundadas únicamente para disfrazarse de espiritualidad, ya que, tal y como dijo nuestro profeta Muḥammad – ˤalayhi-s-salatu wa-s-sallam -:
“Lo que más ama el Šaytan es mezclar la mentira con la verdad”.
Estas sectas mezclaban la realidad espiritual de las escuelas sufís de la época, de la que tenían parcial información. Ellos “cristianizaban” su doctrina y utilizaban el engendro resultante de ello para engañar a los incautos a quienes llevaban tirando de una cuerda enrollada en sus cuellos a la cueva de Belcebú (el dios masón).
En la época de la disputa político militar sobre Anatolia, en la que pugnaban, seljúcidas, cruzados y templarios; estos últimos eran reputados de ser verdaderos carniceros, torturadores y élites siniestras que combinaban fórmulas, brebajes y ritos satánicos a fin de perpetuarse en la zona y conseguir una independencia total, tanto del poder de turno, como de la mismísima Iglesia de Roma, pues ellos mismos se disputaban con y combatían a los cruzados.
Si bien, el grupo de los cruzados era ya una secta enviada por la poderosa Iglesia de Roma para luchar contra la verdad; los templarios constituían la voz y los actos del mismísimo diablo.
Esa pretendida herencia “artúrica” de Templarios y Rosa cruces, no era sino una tapadera que disimulaba perversos fines y oscuras realidades.
¡Qué mal gusto reivindicarse con la sangre de un profeta!
Perverso es hacer llamada a la sangre; y no solamente eso, sino feo y morboso. ¿A quién en su sano juicio le puede gustar la sangre, sea de quién sea?
No hay duda que la doctrina del susodicho Maister Eckart pecaba de las mismas argucias de templarios y rosacruces; eso sí, adaptada a una orden como la de los dominicos que podría disimularse mejor, dando el pego de ser un lugar pacífico y de reposo del alma, pero, que al fin y al cabo, no era sino otro tugurio más.
¿Cómo alguien que dice que Dios es tres podría tener luz? ¿Cómo un musulmán que se pondere de tal podría creerse semejante cuento chino?
Dante Aliglieri, aquél granuja que dijo que Muḥammad y ˤAli estaban en el Infierno, copiando y manipulando una obra de Ibn Arabi, así como los escritos del latino Virgilio recogidos en su obra “La Eneida” (o la epopeya de Eneas príncipe troyano quien casando con Lavinia, puede que fuera él el verdadero fundador de Roma). Este granuja, a sueldo del Papado, llamado Dante ha dejado una estela de maldad que todavía rezuma por su hediondez.
Volviendo a templarios y rosacruces, bien es cierto que ellos no buscaban controlar el Papado. Y no lo buscaban porque no les convenía. Las gentes de las sombras buscan las sombras para maquinar y sobrevivir. Si pretendían, no obstante, ganar poder y control en las tinieblas a fin de tener el mando sobre la Iglesia desde la oscuridad.
Tenemos pues una serie de grupos cristianos representantes de ese arte de Harut y Marut explicado en el Corán. Con ello no queremos decir que la institución del Papado no tuviera vínculos con dicho arte, que siempre los ha tenido. No obstante, dicha institución ha obrado siempre en el mundo de la política y no precisaba de las sombras para actuar, aunque se nutría de ellas para saber cómo hacerlo. Las aparentes dicotomías forman parejas compenetradas, más bien que contrarios reales.
Modernos templarios en el Monasterio de Ucle.
Asimismo, no podemos negar que si hay un pueblo que ha seguido paso a paso el arte de Harut y Marut es el pueblo judío, que antes de ser el pueblo “elegido de Dios” es el “maldecido por Dios” aunque en sus principios sí fuera el elegido. De esto da amplia información el Corán en múltiples aleyas destinadas a sus mentiras, maldades y maquinaciones. Cuando pensemos en Harut y Marut debemos hacerlo en la Qabala y en el Talmud; que no os quepa la menor duda.
Estoy seguro que nadie podrá contradecirme abiertamente a esta información que estoy dando en este escrito. Los años no pasan en balde, y ellos me han provisto de conocimientos que proceden de la Fuente, y esa fuente no es otra que La Verdad Universal que es el Mensaje y el Conocimiento divinos para la Humanidad.
Y seguiremos con la Inquisición, con las conquistas del Renacimiento, con esa doctrina que todos los días cometía crímenes y maldades y que, hipócritamente culpaba a los Mayas de realizar sacrificios humanos. Mientras la brutalidad de los Mayas sacrificaba uno, la “santa y satánica Inquisición” asesinaba centenares…
[1] Esta se reconvirtió en Masonería Operativa o Carbonería tras la muerte de Martínez de Pascuali a finales del siglo XVIII; dando a luz a la Masonería política y a los llamados “Illuminati”.