12 octubre 2026
Diálogo intercultural

La Consciencia del Universo y de lo que somos

Abdul Karim Mullor

La Consciencia del Universo y de lo que somos

No, no se trata de ningún capítulo de una tesis de Psicología; tampoco de un estudio sobre Cosmología. Es cuestión de una realidad relativa que engloba la Realidad esencial.

Podemos decir que la Consciencia es lo que somos capaces de percibir a través de nuestros sentidos y pensamientos. Ella se refiere al mundo en el que vivimos, así como a la Sabiduría adquirida; aunque, sobre y ante todo, a lo que nosotros somos o creemos ser.

La Consciencia da forma a las cosas, las ordena y estructura en base al conocimiento adquirido sobre el medio y sobre nosotros mismos.

Es ese hablar con nosotros mismos, a través del cual tomamos decisiones y actuamos. De manera voluntaria, no quiero establecer ninguna diferencia entre el pensar y el actuar, pues de alguna manera lo último va en función de lo primero. Dejemos pues la voluntad a un lado; hablemos solamente de la Consciencia como centro de operaciones.

Lo que percibimos del Universo y de nosotros mismos es una idea evanescente. No posee una realidad propia y sólida por ello mismo. Esta idea cambia a través del tiempo, siguiendo una cadena de ilusiones que desemboca en el vacío; a no ser, claro está,  que el Conocimiento y el Discernimiento se hayan instalado dentro de nuestro ser.

Cuando el deseo del Nafs ocupa el trono de nuestro ser, gobernando sobre nuestra mente y percepciones, entonces la Consciencia es voluble y difuminada. Nunca se sentirá sosegada, ya que se encuentra esperando las comunicaciones y órdenes constantes de una Nafs desenfrenada.

No creamos, que cuando hablamos del desorden del Nafs nos estamos refiriendo a actos que se encuentren prohibidos por la Religión. En efecto, la desobediencia a Allâh genera pensamientos y actos desenfrenados. No obstante, y a pesar de eso, debemos saber que cualquier acto caprichoso, aunque no se encuentre prohibido, es considerado como desenfrenado desde el punto de vista de que preferimos cumplir con nuestra voluntad, sin contar con la de Allâh.

El acto permitido asienta la Consciencia, la tranquiliza, pero no la cambia. Seguiremos percibiendo la misma “realidad”, nuestra realidad. Y esto será así hasta que no nos invadan las luces, que solamente penetran nuestro ser cuando el Nafs espesa se va evaporando, permitiendo con ello que las luces del Discernimiento lleguen hasta nuestra Consciencia y la aclaren o la inunden, según los casos.

Para ello, hay que ir, como hizo Mûsâ – sobre él la paz – hasta la confluencia de los dos mares, aunque tardemos un tiempo dilatado en ello.

Dos mares: uno limitado y encerrado por sus costas, pero con una salida posible y necesaria. Cuando llegamos a su límite y allí encontramos al Jadir que todos llevamos dentro (El Ruḥ), si tenemos Paciencia encontraremos un tesoro. Pero antes habremos de cambiar al niño rebelde de nuestro interior por uno más puro; después de haber agujereado el barco de nuestro Nafs para que los príncipes del mal no se apoderen de ella.

Es allí, derribando el muro de nuestro Nafs que encontraremos el tesoro bajo sus cimientos. El muro nos escondía la Verdad, enterrada con sumo cuidado junto a su propia base.

Cuando pasamos el Estrecho donde confluyen las aguas (sin mezclarse), salimos al gran océano del Conocimiento. Ese océano estaba siempre dentro de nuestro ser. Aun así, para encontrarlo, hubimos de llegar hasta sus confines, viajando por las aguas en un sólido barco que, sin zozobrar, nos condujo hasta nuestro destino.

Es aquella la grandeza del pequeño mar. Ella consiste en dejarse navegar, siempre y cuando se haga con la nave apropiada, la buena brújula que nos indique la dirección óptima y se conozca el arte de la navegación.

Solo entonces llegaremos a nuestro destino; y allí encontraremos el tesoro que nos llevará al mundo del Conocimiento de las Realidades esenciales que galoparán campo arriba hasta nuestra consciencia, aclarando lo que en realidad somos, y antes fuimos sin llegarlo a saber.

El trono del Nafs ha sido derribado. El mundo de las ilusiones ha tocado a su fin. Es entonces que llegarán a nuestra consciencia las luces del Discernimiento, la realidad del Universo y la nuestra propia. Dos realidades estas que son una sola; pues habremos de saber que todo el Universo se encuentra dentro de nosotros.

Ya no hay impedimento para saber quiénes somos, dónde vamos y cuál es nuestra Realidad esencial. Todo lo que siempre hubo dentro de nosotros, ahora se manifiesta de una manera total al nivel de nuestra Consciencia.

Prepárate pues. Pertréchate con el barco de la Sinceridad, los remos dele esfuerzo, las velas de la inteligencia y la sagacidad, la brújula de la ciencia.

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