La conformidad

La paz sobre vosotros.

Un análisis superficial demuestra que aquellos quienes más se conforman a la Voluntad divina son los más inconformistas ante la injusticia, la opresión y la manipulación de unas personas por medio de otras.

Y esto ocurre porque para adaptar la voluntad personal a la Divina es necesario ser inconformista ante la realidad que se vive, que no es otra que actuar ante el imperio de una nafs caprichosa que siempre nos está reclamando nuestra atención y nuestra sumisión.

La mayoría de las personas que han dejado atrás sus vidas para practicar el Islam es porque han experimentado en ellos, entre otras cosas, un grado de inconformismo que les ha permitido renunciar a una vida en la que se siguen las falsedades de las consignas sociales y religiosas erradas.

Al momento de llegar al Islam nos vemos confrontados a una nueva situación, a saber, que dentro de ese Islam salvador nos esperan gentes que actúan, manipulan y mienten como lo hace cualquier otra persona de las que, en este mundo, manipula masas y mentes. Pero la candidez, pensar que el hecho de ser musulmanes ha cambiado el interior de esos personajes, y creer inocentemente que nadie en el Islam quiere hacernos mal, puede llevarnos de nuevo a un pozo similar al del que logramos salir convirtiéndonos en musulmanes.

Nada más hay que retornar a la vida del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – para asegurarse del grado de los hipócritas que disimulaban ser musulmanes ante Muḥammad. Y sería muy cándido pensar que en estos tiempos estos personajes no existen “porque son musulmanes y hay que pensar bien de los hermanos”.

¡Pero el Profeta no ha dicho eso! Y aunque haya hadices que nos predispongan a pensar bien del prójimo, también los hay advirtiendo de la maldad de susodichos musulmanes quienes tienen la misma categoría de los hipócritas de Madina del tiempo del Profeta. Es más, él nos aseguró que cada generación sería peor que la precedente. ¡Seamos consecuentes!

Nos encontramos en un nuevo dilema, inesperado antes de la conversión; y este dilema es que el šaytan existe, y que en múltiples ocasiones lleva el bonete de musulmán. En ese momento, un nuevo peligro espera a los nuevos convertidos al Islam. Algunos, entran y se dejan convencer por hipócritas, e inmediatamente hacen lo contrario de lo que debe hacer un musulmán, comenzando a tratar de incrédulos eminentemente a los buenos musulmanes, para hacer de esta manera el juego al diablo, al que Allâh ha concedido permiso para esperarnos en los bordes del camino.

No se puede ser tan cándido de delegar nuestro interior, al que Allâh ha hecho sagrado, en el mejor postor. ¡Menos en una época en la que el Profeta nos ha advertido que estaría extraordinariamente concurrida por falsos sabios; gentes malvadas que extravían a los musulmanes con la misma facilidad con la que comen y se alimentan del dinero mal adquirido!

¡No hay excusa! O tomamos la religión con las dos manos y con todos los sentidos o seremos engañados perdiendo así toda la dignidad que se le presupone a un musulmán que se precie de ser llamado como tal.

Otro elemento que agrava y dificulta el buen desarrollo de la vida religiosa es que, al contrario de los tiempos del Profeta en Madina en los que era él quien gobernaba, hoy, los grupos religiosos (pretendidamente religiosos) en casi su totalidad se encuentran regidos por gentes malvadas, por Estados corruptos o por mafias de todo tipo. Tanto, que si alguien se acerca inocentemente a cualquier mezquita, ya en la puerta le está esperando el corrupto de turno para inocularle ideas como la de que siguiendo sus consejos no será desviado y hereje como el resto. Hoy, el šaytan puebla las mezquitas, las universidades “islámicas”, las cátedras, las cadenas televisivas, las escuelas…

Ante esto, y aunque reaccionar contra ello tenga más mérito, mucho más, que si estuviéramos en tiempos del Profeta, debemos considerar que seguimos siendo responsables de nosotros mismos.

Hacemos caso omiso de las recomendaciones del Profeta que nos decía que en estos tiempos los que se suben a las cátedras no son otra cosa que gentes malvadas, y en el mejor de los casos, ignorantes.

¡Hoy, nos conformamos con cualquier cosa!

¡Peor aún! ¡Insultamos a los buenos musulmanes haciendo lo que Allâh ha prohibido terminantemente!

Se juega con el hadiz; se juega con el Corán, se sigue el tintineo de las monedas, el cántico de una falsa sabiduría de videoteca. Se impresiona a la gente con frases hechas, poses medidas y estudiadas, palabras aprendidas en un marketing con tintes puritanos y afectaciones fabricadas; en resumen, se representa una obra de teatro a fin de que el gran público participe pasivamente en el menú “espiritual” que se les ha presentado.

Se idolatra a individuos esperpénticos; se valoran sus palabras más que las de Allâh y a las del Profeta -. En resumidas cuentas: se ha sido engañado por la más pueril y miserable de las maneras. Todo ello por sestear indebidamente.

Se dormita, se sestea, aletargados en sueños inexistentes, perezosos, incapaces de reaccionar. Esa es la realidad.

Y, por ser quien se es, se pretende ser sabio, en dos días; se practica un Islam de bolsillo, de manual de bricolaje, de maleta de testigo de Jehová. Se aprenden cuatro consignas y muchos se convierten en aquello que eran antes de pronunciar la Šahada; desandando el camino andado; volviendo al punto de partida.

Hoy, sinceramente, aquellos que nos convertimos hace 40 o 45 años no damos crédito a la situación de deterioro a la que se ha llegado.

Aquellos quienes pretenden guiar presentan una total falta de pudor; comen del Haram, del dinero que reciben por mentir y ser mercenarios del engaño. Y los que les siguen no les exigen que les demuestren de dónde vienen sus ingresos prohibidos. Se sigue a un personaje, al igual que se seguiría a un mono, porque se le ha hecho la debida publicidad. ¡Qué desastre! ¡Qué pena!

Se auto nombran cheyj; se otorgan parabienes entre ellos; se frotan las manos de tanto inocente como les sigue. Son los saldos del shaytan, los retales, las sobras de los opulentos. Poco esfuerzo para aprender tanto y tanto disparate.

Los que hayáis estudiado la figura del Esperpento de Valle-Inclán sabréis de qué os estamos hablando: han deformado el mensaje del Islam, lo han esperpentizado; lo han animalizado, lo han deshonrado, lo ha muñequizado.

Nafs sobre nafs; la bota del sin pudor en el cuello del cándido.

No decimos que cualquiera que haya caído en ese engaño por descuido o falta de información sea culpable 100% de lo que le ocurre. Pero si después de años y de años se continúa así, algo se habrá hecho para merecer tal castigo; pues, cada uno irá en el Ajira con aquel que ama, y las almas se alinean con sus semejantes. Allâh no es injusto con nadie. Eso lo podemos asegurar.

Hay que cuidar bien las compañías en el Ajira, no sea que se vaya a un lugar no deseado.

Recuerda bien: a nadie sino a ti se le pedirán cuentas. Los que abusaron de ti se desentenderán al igual que lo hace su maestro el chaytan.