La Ciencia y la Amana

La Ciencia y la Amana

La clave de llevar una vida saludable, de adornarse con un buen comportamiento, y estar en un camino bueno y seguro pasa, de manera inequívoca y necesaria, por conocer la naturaleza humana. Esto implica que debemos conocer, no solamente nuestro exterior, lo cual es necesario, sino nuestro interior.

Si no sabemos quiénes somos y cómo somos es totalmente normal que no sepamos vivir en el sentido más amplio de la palabra. Solamente vivimos una vez. Solamente tenemos una única ocasión para aprovechar la vida.

No seamos pues, ciegos, sordos y mudos porque correremos fuera de los límites.

Si nos disponemos entonces a estudiar nuestra naturaleza, conocerla no sería posible si no atesoramos un mínimo concepto de lo que es Dios (Allâh). Efectivamente, la naturaleza humana no es nada sin la intervención Divina. Como consecuencia de ello, necesitamos unos conocimientos certeros de qué es lo que Allâh quiere, de qué le agrada o satisface, y al contrario, de qué es lo que El detesta.

El ofreció la Amana a las montañas y estas no quisieron aceptarla; pero el Ser humano sí. Ahora bien, el Ser humano en su mayoría es precipitado e ingrato, y salvo unos pocos, nadie puede ser consecuente con la Amana de Allâh.

Dijo el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – que la Humanidad está vacía salvo el sabio y el que aprende. Es más, él puso a estos dos últimos en el mismo lugar.

Es la Ciencia, el Conocimiento entonces, lo que da sentido a la Humanidad. Y este conocimiento es la Amana de Allâh que muy pocos pueden atender y salvaguardar. Cuando hablamos de Conocimiento refiriéndonos con ello a la Amana, no estamos hablando de la Ciencia religiosa exterior (Fiqh). Lo hacemos de la Haqiqa o Maˤrifa (conocimiento del Interior), que con sus rayos ilumina, tanto lo que está dentro, como lo que está fuera del Ser humano. Sino conocemos esta Ḥaqiqa habremos perdido la vida de alguna manera. Es bien sabido es que muchos sabios del exterior llorarán de impotencia en el Paraíso al constatar que no pueden acceder a los Paraísos superiores (Firdaws e Iliyyin) por haber desaprovechado su vida no aprendiendo el Saber verdadero. Allâh es Justo; ellos no se dieron la pena de aprenderlo y El los destina al lugar que les corresponde.

Dicho esto, queda comenzar a trabajar si alguien quiere ser consecuente con la Amana de Allâh. Queda desperezarse y ponerse a marchar en el buen camino. Un camino que encierra en él las garantías del éxito. Sea cual sea lo que podamos recorrer de él, al final seremos de aquellos que en el Ajira nos encontremos a la Diestra del Misericordioso; siendo que Sus dos manos son diestras. Pues es de verdaderos creyentes apoyarse los unos a los otros, de tal manera que el que va delante se ocupa de ayudar al que va detrás.

Es así que el camino de la Amana, camino de aquellos a los que has favorecido, es el camino del éxito, de la Verdad y del Conocimiento verdadero. Y si eres inteligente habrás vivido tu vida una sola vez y habrás obtenido un éxito tan rotundo que estarás junto a Allâh por toda la Eternidad. Como puedes ver, todo son ventajas.

Claro está que, si porque escuchas y das crédito a voces contrarias, te dejas convencer y te alejas, y en el colmo de tu inatención te dejas subyugar por los cantos de sirena, sin darte cuenta de que es el chaytan quien dirige esos cantos para que te separes de la buena vía, entonces perderás tu vida; llorarás de impotencia aunque vayas al Ŷanna. Pues ¿qué otro que el chaytan es el encargado de convencerte que no trabajes para el Ŷanna superior y no accedas a él? Al enemigo de Allâh, si por ventura te libras del Infierno, no le gusta que subas demasiado. Es mejor para él tu frustración.

¡Ay de ti! Descuidado del asunto de Allâh. Si te conformas con los placeres lícitos de la Dunya, habrás seguido tu nafs en su vaivén argumentativo procedente del waswas del chaytan. Al enemigo de Allâh y de Ser humano no le gusta que prosperes. Prefiere que leas el Corán a qué lo comprendas; prefiere que reces a que lo hagas comprendiendo lo que haces; prefiere que cumplas con la Šaria sin que te propongas llegar más allá. Si lo escuchas, entonces cuando llegue el momento de la Verdad, llorarás diciendo: ¡Tonto de mí! ¡Me engañé a mí mismo!

Claro que, si conoces el Nafs y sabes lo que es el Ruḥ entonces habrás abierto de par en par las puertas del Conocimiento. Pues como dice el Corán, a quien le ha sido dado el Conocimiento le ha sido otorgado un gran bien. Si conoces y eres consecuente con ello entonces habrás transitado por el camino, y aunque no hayas llegado al final, otros te ayudarán a completar tu andadura. La ayuda y el auxilio de unos a otros es una obligación requerida a los verdaderos creyentes.

Como decía el Šayj Al ˤAlawi:

Lo que buscas está en nos – nuestra ciencia, por Allâh es inmensa