27 mayo 2024
Nuevos Musulmanes

La batalla de Badr

La batalla de Badr

Era el segundo año después de la emigración del Profeta – sobre él la plegaria y la paz – a Madina. La comunidad islámica reciente se iba afianzando, poco a poco, con nuevas conversiones; un gota a gota de algunas tribus de Arabia que se islamizaban en manos de los predicadores enviados por Muḥammad. Los emigrantes a Abisinia volvieron, pero no a Meca de donde salieron, sino a Madina.

El Qurayš no podía soportar que Madina rivalizara con Meca, y mucho menos, que el Profeta, a quien habían intentado quitar la vida, fuera el gobernante de una ciudad rival, la cual, si bien les había servido como lugar de solaz, debido a los no pocos familiares que en ella tenían algunos mequíes, ahora con Muḥammad y la ciudad islamizada, se había convertido en una rival poderosa.

El Profeta recibió la Orden divina de defenderse con las armas del expolio y de los abusos del Qurayš. Después de haber sufrido robos de casas y bienes, asesinatos y torturas, de ahora en adelante, los musulmanes podían recuperar lo que les había sido expoliado. Para ello comenzaron a realizar algunas expediciones contra caravanas del Qurayš que venían cargadas de Siria, que estaba al Norte, y que tenía en Madina y en sus alrededores el paso obligado para presentarse en Meca.

Una caravana de invierno, cercana a la primavera, venía de Siria, cargada de los  productos que escaseaban o no existían en la infértil tierra mequí; dirigida por Abû Sufian, un personaje hostil a los musulmanes, que incluso después de su conversión, dio muchas dudas en cuanto a su sinceridad y compromiso con el Islâm. Hombre orgulloso y despiadado, buen orador y de palabra fácil y artera. Un personaje astuto, por mejor decir, taimado.

Una expedición de 313 musulmanes salió a asaltar la caravana; pero el Qurayš tenía sus espías en Madina, y Abu Sufian fue avisado, en vista de lo cual se desplazó hacia el Oeste intentando ganar el mar.

Mientras tanto, las gentes del Qurayš no podían esperar a que la comunidad musulmana siguiera creciendo día a día, con lo cual decidieron que deberían dar un golpe de mano para terminar con Muḥammad para siempre. El Qurayš formó un ejército de 1.000 hombres que triplicaban en número a los musulmanes. El ejército se asemejaba más a una de esas obras de teatro épico tan amadas de los griegos; pues en él, había mujeres para animar y ser testigos del valor y de las proezas de sus hombres guerreros. Asimismo se aprovisionaron bien de poetas, cantantes, instrumentos musicales de la época, y salieron de Meca convencidos de obtener una victoria aplastante.

Todo empezó mal para el Qurayš pues los musulmanes les esperaban en los pozos de Badr, habiéndose apoderado del agua al que los mequíes nunca pudieron acceder. Esto constituía por sí mismo una ventaja considerable. Pero seguía siendo un ejército de 313 contra 1.000, unas cantidades totalmente desproporcionadas que daban en presentir lo peor.

Al ver los musulmanes la cantidad de guerreros traída por el Qurayš llegaron a descorazonarse; pero el profeta les infundió ánimo y vigor diciéndoles que la había sido anunciada una gran victoria. Al contrario, el Qurayš, al ver una cantidad tan exigua de guerreros musulmanes, se enardeció. Bebieron para infundirse valor y calentar los ánimos para la batalla.

Antes de comenzar la batalla, era 17 de Ramadán, se vio al Profeta – sobre él la plegaria y la paz – tomar agua delante de todos los combatientes, visto lo cual todos supieron que podían romper el ayuno para y durante la batalla.

Es así que las hostilidades comenzaron con tres combates singulares en los que perecieron tres idólatras y un musulmán.

El Qurayš cargó confiado, pero pronto se dieron cuenta de que no habían contado con un arma invisible: el valor que infunde la fe, la cual habilita las manos más torpes y los movimientos menos diestros. Una fe que hizo a algunos lanzarse en lo más ardoroso de la batalla dando golpes a derecha e izquierda, derrotando enemigos y aterrorizando a los contrincantes.

Unos pastores que contemplaban la batalla desde un altozano relataron que espadas tenidas por manos invisibles cortaban las cabezas de los idólatras; y es que Allâh envió a ángeles que aterrorizaron al Qurayš combatiendo a favor de los musulmanes.

La derrota del Qurayš fue definitiva; solamente 14 musulmanes perdieron la vida, mientras que los quraychies tuvieron 70 bajas y numerosos heridos. 70 qurayšitas fueron hechos prisioneros por los musulmanes.

Es cierto que Allah os ayudó en Badr, aunque estabais en inferioridad de condiciones. Así pues, temed a Allah y podréis ser agradecidos.
Cuando dijiste a los creyentes: ¿No os basta con que vuestro señor os haya fortalecido haciendo descender tres mil ángeles?
Y si tenéis paciencia y tenéis temor y vienen a vosotros de improviso, Allah os fortalecerá con cinco mil ángeles designados.(126)
Y no lo hizo Allah sino para que fuera una buena nueva para vosotros y para tranquilizar vuestros corazones. El auxilio sólo viene de Allah, el Irresistible, el Sabio.
Y también para destruir a los que se habían negado a creer, o subyugarlos, y que quedaran defraudados.
No es asunto tuyo si Él se vuelve sobre ellos con Su perdón o si los castiga, pues ciertamente ellos son injustos.
Y a Allah pertenece cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra. Perdona a quien quiere y castiga a quien quiere.
Allah es Perdonador y Compasivo.
(3 -123 a 129)

Esta batalla, de la que las crónicas dan aún más cumplidos detalles, es una demostración del Poder y de la Asistencia divinos con los creyentes. Este Badr se repite, una y otra vez, en las vidas de los creyentes cuando estos se vuelven hacia Allâh. Ellos se encuentran en un aprieto y es solamente Allâh Quien los salva, ya que El les educa de esa manera, demostrando que solamente El les puede sacar de un atolladero, que solamente El es el Auxiliador absoluto y el Poderoso Amigo de Sus entregados.

Es tan importante esta gran victoria en la Historia del Islâm que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – llegó a decir:

“Puede que Allâh haya dicho a los combatientes de Badr: Haced lo que queráis, pues habéis sido perdonados”