13 abril 2024
Destacadas

La Batalla de Badr y sus prolegómenos

La Batalla de Badr y sus prolegómenos

Los prolegómenos

El día 17 de Ramadán se conmemora la Batalla de Badr en la que los musulmanes derrotaron a un ejército tres veces superior. Esta batalla fue el punto de partida de la extensión subsiguiente del Islam

Cuando los musulmanes emigrados llegaron a Madina, y encontraron la calurosa acogida de los musulmanes de la ciudad suscitaron la cólera del Qurayš. ¡Cuánto más, cuando veían sus caravanas asediadas por los musulmanes a su retorno de Siria! Estas se encontraban repletas de mercancías, que constituían las provisiones de seis meses en un lugar tan inhóspito como Meca.

Dos hechos cruciales habían acontecido en Madina antes de que los musulmanes se dispusieran a atacar las caravanas del Qurayš. Por un lado, Allâh modificó la qibla para el rezo del ṣalat. Por otro lado, descendió una aleya que habilitaba a los musulmanes a combatir al Qurayš, quien precedentemente les había expulsado de Meca, sustraído sus casas y pertenencias, y en algunos casos, martirizado.

A quienes luchen por haber sido víctimas de alguna injusticia, les está permitido luchar y verdaderamente Allâh tiene poder para ayudarles. (22-39).

Una vez revelada esta aleya, Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – decidió que la mejor forma de asediar al Qurayš era asaltar las caravanas que venían repletas del Norte, en este caso de Siria hacia Meca. Después de algunas escaramuzas, consiguieron quedarse con las mercancías de algunas de ellas, lo que puso en alerta al Qurayš.

Los oteadores se habían apercibido de una rica caravana bien pertrechada. Estaba encabezada por Abu Sufyan, que venía de Siria, y que a poco estaría al alcance de los musulmanes. El Qurayš no tardó en avisar a Abu Sufyan, quien, previendo un ataque cambió su rumbo dirigiéndose siempre al Sur. No obstante, para poder burlar un ataque, la desvió al nivel de la costa del Mar Rojo.

Los musulmanes de Madina con el Profeta estaban preparados para atacarla. Pero de repente todo cambió. El Qurayš, temiendo perder más riquezas, y ante todo, queriendo evitar ser el hazmerreír de los visitantes que frecuentaban la Kaaba, preparó un ejército de 1000 hombres. ¡Qué vergüenza para ellos que los visitantes que venían de todas partes a visitar el antiguo templo de ‘Ibrâhîm – sobre él la paz – supieran que sus bienes eran diezmados por aquellos a quienes ellos habían expulsado de la ciudad!

Tan seguros estaban de la victoria, que en el camino a Madina se hicieron acompañar de las esposas, a la par que de poetas, músicos y bailarinas, a fin de celebrar por anticipado lo que ellos estaban seguros que iba a ser el final del Profeta y de los musulmanes.

Mientras, sintiéndose seguro, ya que los musulmanes se estaban preparando para la llegada del Qurayš, Abu Sufyan se dirigía a Meca con su rica caravana a través de la costa.

Este episodio, y el hecho de que Abu Sufyan no viniera a ayudar en la batalla, suscitaron la cólera del Qurayš. Amargamente criticado después de la derrota por los grandes de la Meca, quienes le echaron en cara haber perdido su honor, él les contestó:

“Mi honor se encuentra a lomos de mis camellos”

Los musulmanes que habían salido a asaltar la caravana, cuando se encontraban a medio camino entre Madina y el lugar donde ella debía transitar, supieron que el ejército del Qurayš se estaba acercando. Decidieron entonces dirigirse a los pozos de Badr. Este lugar se encontraba a 130 kilómetros al Suroeste de Madina.

La batalla

Llegando a Badr, los musulmanes tuvieron tiempo para pertrecharse al lado de los pozos, de manera que cuando llegara el ejército enemigo encontraran que se habían situado entre ellos y los pozos. La idea era privar a los qurayšíes del agua a fin de que se agotaran todo lo posible durante el fragor de la batalla.

Los musulmanes eran en número de 313 y solamente contaban con 70 camellos que unos y otros montaban por turnos.

Una vez los ejércitos frente a frente, los musulmanes constataron que los efectivos del Qurayš llegaban a 1000 hombres y muchas más monturas de las que poseían ellos.

Es entonces, que antes de la batalla, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – tuvo un ligero sueño y cuando despertó dijo:

«¡Ánimo, Abu Bakr, la ayuda de Dios te ha llegado! Aquí está Gabriel, y, en su mano, las riendas de un caballo que él conduce, y él está armado para la guerra.»

Los qurayšíes, queriendo tantear a los contrincantes enviaron algunos combatientes a apoderarse de los pozos de agua. Se les dio muerte a todos, algunos por las flechas, otros por las espadas.

Es entonces que para dar coraje a la tropa del Qurayš, Utbah retó a un combate singular. Eran tres contra tres.

De parte de los musulmanes, el Profeta escogió a su tío Hamza que se enfrentó contra Šayban; a ˤAh que se enfrentó con Walid; y a ˤUbaydah que se enfrentó con Utbah. Los tres musulmanes abatieron a sus adversarios, mientras que Ubaydah, el mayor de los tres, murió a causa de la herida infringida por Utbah, quien, como hemos dicho, fue abatido en el enfrentamiento, no sin herir de muerte a Ubaydah.

Antes de la carga, el Profeta tomó unos guijarros en su mano y los lanzó hacia la dirección del Qurayš diciendo: ¡Que esos rostros sean desfigurados!

Es entonces que los musulmanes comprendieron que iban a obtener la victoria, aún a pesar de que el adversario les triplicaba en número.

Pero, no solamente los musulmanes contaban con ellos mismos, sino que Allâh envió a 105 ángeles para ayudarles y que atacaban al Qurayš siendo invisibles para estos:

Cuando tu Señor inspiró a los ángeles: Estoy con vosotros, dad firmeza a los que creen; Yo arrojaré el terror en los corazones de los que no creen. Por lo tanto golpead las nucas y golpeadles en los dedos. (8-12).

La victoria fue exultante. El Qurayš sufrió un gran número de pérdidas, cercanas al centenar, y los musulmanes solamente 7. Empavorecidos por el ímpetu de los adversarios y por los invisibles que les cercenaban la cerviz, los qurayšitas huyeron temiendo que las pérdidas llegaran a ser mucho más numerosas.

En esa batalla murieron varios nobles del Qurayš, entre ellos Abu Ŷahil y Umayya, abatido por su ex esclavo Bilal, a quien había hecho pasar penurias y calamidades.

Antes de partir del campo de batalla, el Profeta envió emisarios a Madina para que dieran parte de la victoria. Ordenó entonces que los cadáveres del Qurayš fueran enterrados en un foso común. En un momento dado, acercándose a los cadáveres del Qurayš, que estaban esparcidos por el campo, les habló así:

«¡Oh hombres del foso,» dijo, «parientes de vuestro Profeta, malo fue el parentesco que me mostraseis! Mentiroso me llamasteis, cuando otros me acogieron; luchasteis contra mí, cuando otros me ayudaron a vencer. ¿Habéis encontrado que era verdad lo que vuestro Señor os prometió? Yo he visto que era verdad lo que mi Señor me había prometido.» Algunos de los compañeros lo oyeron por casualidad y se maravillaron de que hablase a cuerpos sin vida. «No escucháis lo que yo digo mejor que ellos,» dijo el Profeta, «pero ellos no pueden responderme.»

Tal vez Allâh ya os haya perdonado

Para terminar, hemos de recordar un hermoso hadiz referente a los musulmanes que regresaron con vida de la Batalla de Badr:

El Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo a Umar:

 “¿Qué te permite decir que Hatib merece la muerte[1]? Sabe que Allâh ha considerado a los combatientes de Badr y les ha dicho: « Haced lo que queráis, Yo, os he perdonado”


[1] Hatib Ibn Abi Balta’ah había enviado una carta a sus familiares idólatras de Meca avisándoles sobre que la armada musulmana se encontraba en camino. No lo hizo para avisar al Qurayš, sino únicamente para avisar a sus familiares. Esto suscitó el enfado de Umar Ibn al Jattab quien propuso al Profeta que fuera ajusticiado por traición.