La banalización del saber y del término chayj

Abdul Karim Mullor

La banalización de la palabra šayj y del saber

Hoy, se da la circunstancia de que se llama šayj a cualquiera y de que cualquiera blande su título de šayj. Se utiliza este término como una palabra mágica que, parece asegurar que se atraiga el respeto de las gentes, cuando no su admiración, y en muchos otros casos sumisión, al personaje que se distinga mediante este apelativo.

El término šayj por su etimología significa dos cosas: una, un hombre ya mayor dotado de experiencia en la vida y de una cierta sabiduría; otro es como un título de nobleza intelectual. En esta segunda acepción, un šayj sería aquel hombre sabio que dispone de una ciencia enorme, sobresaliente y que es capaz de guiar a las gentes; es decir, un šayj es un guía, ya sea en las ciencias del Fiqhn de las cuales dominaría todas y sería una referencia, o en la del Tasawwuf, un hombre cercano de Allâh y capaz de guiar a uno o más discípulos.

Hoy, ese término se utiliza para todo, se ha banalizado, y se da la circunstancia de que muchos llaman šayj a una persona que detenta cualquier tipo de autoridad religiosa, llegando a llamar así incluso al responsable de una mezquita. El término pues se ha banalizado de tal manera que hoy se llama šayj a cualquiera, y que cualquiera se autodenomina de esa manera para atraer a las gentes hacia su persona.

Se da el caso, y esto es lo peor, de que personajes oscuros se autodenominan šayj para atraer a las gentes hacia ellos. Leen cuatro libros de los antiguos hombres de Allâh, y repiten como papagayos sus palabras a fin de hacer creer que las realidades que vehiculan las palabras de los antiguos hombres de Allâh se encuentran en ellos. Pero cuando auscultas lo que son ellos en realidad, solamente encuentras personajes ambiciosos, pillastres y “liantes” que se valen de una cierta labia para aprovecharse de crédulos y cándidos. Estos šayj de diseño hoy son legión. Para aparentar que ellos son capaces de aportar algo y que no solamente copian de los antiguos se inventan cosas que, por lo peregrinas que son, atraen a los que no saben por su rimbombancia y originalidad. Ahora bien, resulta que cuando esas palabras son pasadas por el tamiz del Corán y de la Sunna contradicen al uno y a la otra; precisamente porque son inventos para cautivar voluntades, pues hay personajes que experimentan dentro de sí el morboso gozo de dominar a las gentes.

Uno te dice que la recompensa es antes del trabajo; otro te dice que es el sultán de los awliyya y que no puede existir Allâh sin creación; otro te dice que su tariqa abroga las demás y que el espíritu tiene defectos. Es decir, palabras capaces de cautivar a personas que quieren ser engañadas o que no tienen suficientes luces para distinguir la Verdad del error.

Cuando se encuentran con el mu’min (verdadero creyente) se ven descubiertos, pues el mu’min mira con la luz de Allâh; por eso se esconden rodeados de una guardia pretoriana de “fieles” que se aseguran que nadie les ponga en un compromiso y les descubra, porque, al fin y al cabo, los de la guardia pretoriana saben que el ínclito miente más que habla.

Sea como sea, hoy, nadie conoce a ciencia cierta lo que significa o debe significar el término šayj. ¡Tan lejos se ha llegado en el mundo de la ignorancia y del sin saber! Hoy, cualquiera es un šayj.

Lo que ocurre con esto está asimismo ocurriendo con todo lo demás. En el mundo de la Sabiduría casi nadie sabe distinguir entre un conocimiento de orden superior e inferior. La falta de guía, alimentada por la pereza, la comodidad, el olvido de Allâh y la ausencia del espíritu de dedicación y de sufrimiento, han paralizado las inteligencias y han creado un nuevo tipo de gentes indolentes cuyos intelectos han sido paralizados; sus miradas, en lugar de ser penetrantes, son superficiales, y su pereza les lleva a no soportar a cualquiera que pretenda hacerles salir de su cómoda situación. Para reforzar esta actitud, llegan a decir que no puede ser que alguien sepa lo que ellos no saben y que todo depende de las opiniones; de esta manera, ellos se dan la libertad de marchar por los senderos que elijan sin molestarse en saber si esos caminos llevan a la ruina. Mientras Allâh hace salir a los siervos del Todo Misericordioso de las tinieblas a la luz, ellos se regocijan con las tinieblas diciendo que la luz no puede existir.

Por eso, el verdadero šayj permanece al margen, observando esta caótica situación. Uno de ellos dijo en una ocasión, de la que fui testigo, hablando de esta indolencia y falta de interés de mucha gente: “Yo no estoy aquí para peinar cabezas ni para dar palmaditas en la espalda. Si alguien ha de seguirnos Allâh lo traerá; si no ¿para qué habría yo de preocuparme?”.

Y así pensamos nosotros; esa es la actitud que tiene aquel que os escribe. Os dice ¡despertad! Pero al fin y al cabo los que habréis de despertar sois vosotros. Nuestra vía no es para los durmientes ni para los olvidadizos del sendero de Allâh.