10 octubre 2026
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La astucia de Allah

Abdul Karim Mullor

La astucia de Allah

Dice el Corán que Allâh es el mejor de los que maquinan.

Y maquinaron, pero Allah también maquinó y Allah es el que mejor maquina. (3-54)

¡Tanto hacer planes para nada! ¡La astucia de Allâh (makru-l-Lâh) les alcanzará dondequiera que estén!

Es propio del nafs humana crearse expectativas y tratar de cumplirlas de cualquiera de las maneras. Si para ello se debe recurrir a la astucia, muchos no paran en mientes para planificar e intentar desarbolar a sus oponentes. Lo hacen de manera que estos no puedan estar prevenidos contra sus ataques.

La astucia solamente se encuentra justificada cuando hemos sido dañados por un enemigo y nos defendemos de manera legítima. Toda otra cosa no es factible para alguien que tenga temor de Allâh y un mínimo grado de honor personal.

El gran defecto del confabulador es que se cree el más inteligente del Universo. La opinión que tiene de él mismo es que posee una inteligencia superior capaz de vencer y engañar a cualquiera. Esto le hace vulnerable; pero él no lo sabe.

No sabe que si los demás no confabulan es porque aprecian el buen obrar y el honor de los que deben hacer acopio. El astuto, en su febril consideración, cree que éstos no actúan porque no pueden ganarle ni competir con él en inteligencia.

De otra manera, tampoco parecen saber que hay un Dios que les observa y que, en el momento que lo decida puede destruir sus planes y confiscar todo cuanto han obtenido mediante sus malas artes. Esto es el “Makru-l-Lâh” (La astucia de Allâh).

Un dicho popular, no por ello menos sabio, valora a los que “van de cara”. Este “ir de cara” forma parte de la actitud del sincero y del honesto. Por otra parte, mientras que la astucia es la manera de actuar del hipócrita y del que carece de valor.

Mediante el mal no se puede conseguir un bien. Este es un principio básico que todos deberíamos conocer, puesto que este mal solo puede triunfar de una manera efímera e ilegítima.

Pero a quienes creen y practican las acciones de bien, los recompensaremos cumplidamente. Allah no ama a los injustos. (3-57).

El que invente la mentira contra Allah después de eso… Esos son los injustos. (3-94)

La astucia de Allâh puede abarcar diferentes expresiones externas. Allâh deja hacer al malvado y al astuto, hasta que, llegado el momento. Es entonces que les aborta sus planes y les hunde en el desprestigio y lo más bajo.

Que en verdad creamos al hombre en la mejor armonía,
y luego lo convertimos en uno de los más bajos.
Excepto los que creen y llevan a cabo las acciones de bien, porque ellos tendrán una recompensa que no cesa.
(95 – 4, 5 y 6)

Tanto la Historia en general, como la vida en particular, nos muestran que las acciones de astucia y de confabulación perduran tan poco como la brisa de una noche de verano.

Si Allâh, por otra parte, consiente que haya injusticia en el mundo es debido a que el Ser humano en general ha perdido la noción de su propia naturaleza, así como la de su lugar en la Creación.

No obstante, tal y como Él lo ha dicho, enviará a alguien que, con Su Permiso, erradicará la injusticia y extenderá la Justicia por la tierra. Esto forma parte de Su costumbre y de Su actuar sobre la Humanidad, tal y como nos ha llegado de la Historia de Sus profetas y enviados.

Cuando la astucia humana se dedica a dañar a gentes a quienes Allâh ama, entonces quien la ejecuta se expone a una respuesta tan contundente como inesperada. Es así que un hadiz qudsi[1] comienza con lo siguiente:

A quien hace mal a alguno de Mis amigos (‘awliya), Yo le declaro la guerra.

Una guerra que terminará en derrota y humillación para el que haya empleado sus malas artes en aras de perjudicar a uno de los santos de Allâh.

Algo que debe ser dicho de estos awliyya o amados de Allâh es que es de costumbre que sean damnificados por gentes de su familia o de conocidos en los que un día pusieron su confianza.

Este mal cometido sobre ellos acrecienta la recompensa de la víctima, así como el castigo para quienes lo cometen.

El mismo Corán nos pone en guardia contra esto citando las traiciones de Qahil, del hijo de Nuḥ, de la mujer de Lut, de la mujer de Šams[2], de los hermanos de Yussuf. Y estos casos, no siendo aislados, actúan como ejemplo de lo que un día y otro sucede en este mundo con esos corazones plenos de codicia.

La astucia procede de un corazón enfermo en el que crea raíces y cambia la personalidad del autor, haciendo de él una persona siniestra y desconfiada.

La astucia, empleada en el bien y en el Ŷihad fi sabili-l-Lâh es la única que podemos llamar válida. Ahora bien, en un tiempo como este en el que el Ŷihad ya no existe, debe ser empleada en la defensa de nuestros legítimos intereses y en la búsqueda de nuestros fines cuando están justificados.

En este último caso no podemos hablar ya de astucia, sino de sagacidad e inteligencia.


[1] Hadiz en el que las palabras de Allâh salen por la boca del Profeta.

[2] Sansón y Dalila.

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