19 julio 2024
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La adaptación de la Religión a las contingencias

La adaptación de la Religión a las contingencias

El Corán está vivo

Al igual que es un error pensar que el Corán da unas pautas rígidas, metodistas y encarceladas en ellas mismas; es asimismo un error creer que sus aleyas pueden ser adaptadas a los caprichos del pensamiento individualista.

La adoración (ˤibada) no es otra cosa que un vínculo entre el creado y El Creador. Su culmen es la Maḥabba (el Amor).

 Se trata pues de facilitar el despertar del adorador a las Verdades inmanentes, extensas y universales. Allâh no necesita que se Le adore y se Le sirva, pero el Ser humano si precisa de la adoración y de la servidumbre a fin de liberarse de las cadenas que le son impuestas por naturaleza.

Es así que de la servidumbre nace la Libertad. Pues no se le puede llamar libertad a escoger entre lo que se conoce y lo que se desconoce.

El Conocimiento es Libertad, otorga la Libertad. Y esta última recorre de uno a otro las montañas, los valles y los océanos de la Verdad.

La Libertad entonces no es inventarse realidades individuales y seguirlas como si fueran verdades paralelas. La Libertad es no sentir la necesidad de escoger, porque sabiendo se escoge sin necesidad de reflexionar.

El Corán está vivo

Que el Corán tiene vida es algo que muy pocos comprenden. Otros, lo dicen, pero consideran que el Libro de Allâh debe plegarse a sus deseos. Y si las verdades de Allâh no se adaptan a sus caprichos, ellos tacharán a éstas como producto de un enconado “tradicionalismo”, tratando de ocultar así que a Quien realmente están criticando es a Quien lo reveló.

No obstante, en cada palabra, en cada aleya se observa vida; algo que se mueve y que se encuentra en ebullición constante tratando de que lleguemos a zambullirnos en el océano de sus conocimientos.

Abrimos el Libro y encontramos algo; lo volvemos a leer y algo se ha movido; lo releemos y sale ante nuestros ojos y conocimiento lo que habíamos buscado, e incluso lo que no nos imaginamos que se encontraba allí. Hoy, mineral, mañana luz, pasado luz de las luces.

Las letras, pareciera que se muestran ellas mismas, diciendo “mira, aquí estoy” ¿qué deseas, ¿Qué buscas? Y entonces, cuando eres capaz de captar este mensaje, penetras y se te ofrecen nuevos horizontes, aparecen ante tus ojos realidades nuevas. Y ellas no están sujetas a tus pensamientos fluctuantes, sino que ellas fluctúan y se muestran para que las persigas hasta el final. Ellas te llevan, síguelas pues.

Sí, el Corán es un mar en ebullición. ¿Eres tú pues capaz de zambullirte en él?

Ya lo hizo Rasul – sobre él la plegaria y la paz – y de ese conocimiento surgieron sus palabras y obras (la Sunna). Es cierto.

Pero algo que muchos no comprender es que esa Sunna refleja, no un patrón rígido a seguir, sino que ella da un mensaje, como diciendo:

Mira, esto es lo que hemos sido capaces de obtener del Corán hoy. Anímate pues a descubrir lo que puedas por ti mismo”.

Estas palabras y concepto no contradicen de ninguna manera la Sunna del Profeta. Él es y ha sido la cima del Conocimiento. Pero sí te animan a conocer por ti mismo. La lectura, por muy elevado que sea el texto, no puede ofrecerte lo que te da la realidad.

Muchos buscan fuera lo que no pueden encontrar en ellos mismos. Entonces andan tomando retales de acá y de allá, pensando que en otras creencias se encuentra lo que ellos no son capaces de encontrar en el Corán.

Porque ¿qué es el Corán? Allâh habla contigo y tú hablas con Él? Eso es el Corán.

Y si alguien no es capaz de comprender a Allâh que no se recrimine sino es a él mismo que no ha logrado encontrar la Verdad gracias a su falta de disponibilidad, interés, disciplina, dedicación o ideas preconcebidas. La falta está en ti. No en el Corán, no en los hombres de luz que tiene y tuvo el Islam.

¡En absoluto! La falta es tuya porque antes de penetrar en las palabras de Allâh no te quitaste las sandalias, sin apercibirte de que entrabas en lugar sagrado.

Sí, el Corán es el Valle sagrado en el que se manifiesta el Altísimo. ¿Podrías entrar en él pleno de manchas, gobernado por tus caprichos y buscando establecer tu propia verdad?

¡No, no puedes! Descálzate entonces porque estás en territorio sagrado