Jurisprudencia y Juris Imprudencia

Llamamos Jurisprudencia al conjunto de sentencias resultantes de aplicar los principios legales del Derecho a una persona o personas determinadas, teniendo en cuenta, no solamente las leyes en vigor, sino las condiciones particulares a los hechos y a las personas sobre las que se aplican. Es decir, es el estudio de las sentencias resultantes en el proceso judicial a fin de aplicarlas a situaciones similares en un futuro más o menos inmediato.

La palabra en sí es de origen latino y está compuesta de los términos “iuris” (Derecho) y “prudentia” (Sabiduría). Es decir, podemos asegurar que con respecto a su origen etimológico el término significa “sabiduría aplicada a la práctica del Derecho”. Y esta “prudentia” es realmente sabia cuando las leyes a las que se aplica son moral y filosóficamente justas. Es decir, no podemos llamar “jurisprudencia” a una sentencia resultante de la aplicación de leyes inmorales e injustas, ni a un uso fraudulento de leyes justas en el origen.

Ahora bien, ¿a qué llamamos Jurisprudencia en materia de Derecho Islámico? Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que al conjunto de veredictos y sentencias resultantes de aplicar las leyes del Corán, la Sunna y el Consenso (Iŷmaˤ) a un hecho, ya sea, teórico, realizable o realizado. Estos veredictos, sin duda alguna, deben ser emitidos por personas provistas del correspondiente conocimiento en la materia, de una inteligencia discursiva encomiable, de una pureza de intención impoluta, de una imparcialidad reconocible y reconocida, y de una ausencia de intereses personales a prueba de toda sospecha. Cuando uno de estos elementos falla entonces se es incapaz de juzgar y de emitir veredictos al efecto. Y precisamente esto último es lo que vemos hoy en día por una y otra parte. No solamente lo decimos nosotros aquí, sino que como lo veremos más adelante, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – nos precedió en nuestras afirmaciones.

Aquel que no dispone de conocimiento no puede juzgar; aquél quien no dispone de una facultad discursiva suficiente se encontrará incapaz para emitir un juicio equilibrado y veraz; quien no posee pureza de intención resultará ser un juez corrupto; de tal manera lo será quien no haga prueba de imparcialidad, y quien muestre tener intereses personales en la emisión de una sentencia.

Lo mismo ocurre cuando las sentencias no se emiten sobre personas sino sobre cuestiones jurídicas de orden religioso general a las cuales se les ha dado en llamar Fatwas.

¿Qué ocurriría cuando una Fatwa es emitida por un ignorante, o por una persona desprovista de pureza de intención, o por alguien sin capacidad discursiva, o por alguien con intereses otros que el bien de la religión a la que dice representar?

No contestaremos a esto, porque a quien corresponde juzgar y responder en la materia es a nuestro Guía, el profeta Muḥammad – ˤalayhi-ṣ-ṣalâtu wa-s-salam.

Allâh no retirará la ciencia arrancándola de las gentes, pero El la hará desparecer tomando el alma de los sabios hasta que no quede ninguno de ellos. Entonces, las gentes tomarán por jefes a los ignorantes, y cuando se les pregunte a estos a propósito de ciertas cuestiones, se darán el aire de saber sin basarse en ciencia alguna. Ellos se extraviarán y extraviarán a los otros.
(De Ibn Umar, recopilado por Al Bujari y Muslim).

El adorador podría ser ignorante y el sabio perverso, es por ello que es necesario distanciarse de los adoradores ignorantes y de los sabios que son muy perversos.(Abu Umama, recopilado por A-d-Daylami)

Los sabios son las personas respetuosas con el depósito confiado de los Enviados de Allâh, siempre y cuando se mantengan a distancia de los sultanes y que no se dejen ganar por este mundo. Si lo hacen, entonces traicionan a los Enviados. Desconfiad pues de ellos. (De Anas, recopilado por Al-Ukaily)

Desdicha a mi comunidad a causa de los malos sabios que enseñan el mal. (De Anas, recopilado por Al-Hakim)

…Al final de los tiempos, aparecerán unos jóvenes estúpidos cuyas palabras parecerán ser las mejores entre los humanos, sin embargo, saldrán del Islam con la misma facilidad que una flecha lo hace de su funda. Su fe no sobrepasará su garganta…. (Bujari)

Evidentemente todos conocemos y convenimos en que nos encontramos en ese periodo llamado comúnmente “Fin de los tiempos”. En ese periodo en el que como dice otro hadiz “los pastores de cabras, pobres diablos, competirán en la edificación de altos edificios”. Y si esto convenimos, deberemos aceptar que el primero de los hadices expresados es de plena actualidad; resultando directamente de ello que la Umma, y esto de manera general, se encuentra guiada por ignorantes. Pero esto no queda solamente ahí, sino que además, el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – nos aseguró que sus juicios, así como los juicios emitidos por gente sin sabiduría son injustificados e injustificables.

Efectivamente, hoy en día una pléyade de ignorantes es tenida por sabios por aquellos quienes ignoran los principios básicos del Din. Estos ignorantes disfrazados de sabios, cual lobo disfrazado de cordero, han corrompido los principios de la Religión, reduciendo estos a cuatro consignas cuyo enunciado puede caber en una cartera de esas utilizadas por los hombres de negocios. Ellos han anulado hadices, han declarado inválida o sospechosa gran parte de la Sunna de Sayyidina Muḥammad – sobre él la plegaria y la paz – ; han adulterado los significados del Santo Corán y arrojado la sospecha sobre los buenos y sabios musulmanes que quedan, a los que Muḥammad llamó sus ‘ahbabi (hermanos).

Hoy, los juicios emitidos no son sino sobre la forma de vestir, de andar y de otras cosas tan puramente superficiales que hacen enrojecer a las persona inteligentes y con firmes principos éticos. Se toma a la mujer musulmana como reo de reglas absurdas, inventadas y traficadas. Se atenta contra la inteligencia innata del ser humano, y mucho más del musulmán, cuando se presenta la religión como si se fuera modisto de una pasarela o comerciante de droguería y de botica. Se intenta humillar al musulmán para que baje su mirada a minucias sin importancia, privándole así de la contemplación de los cielos y de las maravillas de la creación.

Como si de una ironía se tratara, sus bienes, los de estos pretendidos «sabios», proceden de las entrañas de la tierra, de un producto negro, viscoso y maloliente, extraído de lo más bajo por obreros que son tratados peor que los esclavos; a quienes se les concede salarios de miseria y se tiene la ausencia de pudor de llamarles “hermanos”.

Ese “oro negro” de esos “sabios”, “de aquellos barros proceden estos lodos”, compra voluntades, paga a los mercenarios de la religión, falsifica y crea un esperpento irreconocible para el buen, sabio y sincero musulmán; para aquellos, que como dice el hadiz, hoy por hoy tienen la bienaventuranza de pertenecer a ese grupo de extraños que conservan impolutos los principios de la Religión.

Aquella Jurisprudencia, aplicada por grandes y eminentes sabios de otra época, ha sido hoy sustituida por la Juris Imprudencia, que campea a sus anchas y sin remilgos en gran parte de las mezquitas y en las redes sociales.