Introducción a la obra «La medicina del Profeta»

INTRODUCCION

El contacto con el mundo de la salud a través del trabajo me ha resultado de gran ayuda para realizar la traducción de este tratado tan, a veces, pleno de tecnicismos propios al tema en cuestión.

El autor, Ŷalaluddin Suŷuti (1445-1505), egipcio de origen, es una de las figuras más relevantes de casi todas las ciencias del Islam. Gran sabio de la Ley Islámica, dominaba además la Filosofía, la Metafísica y prácticamente todas las doctrinas de las que se ha nutrido ideológicamente el mundo islámico a través de los siglos.

Su formación en Medicina la deja patente, no solamente por sus conocimientos teóricos, sino por su capacidad para comparar figuras tan dispares como Hipócrates, Avicena y el Profeta Muhammad – sobre él la plegaria y la paz -. Hace asimismo mención en alguno de sus capítulos al profeta-rey Salomón – sobre él la paz – a quien le considera autor de un extenso tratado de Medicina.

La presente obra está centrada en las palabras del profeta Muhammad, de ahí el título; palabras estas transmitidas preferentemente por su esposa ‘Aˤiša, la cual fue, de todas sus esposas, quien más ciencia heredó de él.

Sorprende particularmente como el Profeta coincide en gran parte de sus postulados e indicaciones con Hipócrates, a quien nunca leyó. Aun así, la Medicina Profética incorpora nuevos tratamientos, y deja al descubierto una gran sabiduría en cuanto a la gran capacidad curativa de plantas y alimentos. Asimismo se hace acopio de los sortilegios utilizados por el profeta, mediante los cuales acudía al Poder Divino, fuente de toda curación, para, implorando, obtener resultados los cuales no podrían hacerse patentes de otra manera. Es en este sentido que las Palabras Divinas contenidas en el Corán resultan ser por ellas mismas fuente de curación y de bienestar.

A medida que vamos avanzando en la lectura no resulta difícil comprender que es imposible utilizar la Medicina de una manera óptima sin conocer, tanto la naturaleza corporal como la psíquica del ser humano. Incluso, podríamos decir que cada persona, dependiendo de sus circunstancias internas y externas, precisa de un tratamiento personalizado para obtener el equilibrio corporal y psíquico deseado a fin de encontrar el bien inapreciable de la salud.

El presente tratado se encuentra dividido en cuatro secciones: presenta un apartado de Anatomía, otro de Enfermedades, otro de elementos curativos y otro de tratamientos.

Los métodos de curación sugeridos en esta obra no han de ser incompatibles con la Medicina actual; antes bien se trata de un apoyo necesario en lo que se refiere a regímenes alimentarios óptimos para cada colectivo y estación del año, hábitos saludables, así como la adopción de un modo de vida óptimo para mantenerse en una buena salud.

Los principales enemigos de la salud suelen aparecer como consecuencia de los malos hábitos de vida, así como de las erradas costumbres alimenticias. El sedentarismo, el consumo de alcohol, drogas, consumo en exceso de carne, de azúcares y grasas, se encuentran junto a las puertas, que una vez abiertas, dan acceso a las peores enfermedades; puertas estas que se abren de par en par cuando se cometen excesos de manera reiterativa.

Para ilustrar con un ejemplo de las indicaciones dadas por el profeta Muhammad – sobre él la plegaria y la paz -, podemos decir que quien come carne a diario durante cuarenta días seguidos endurece su corazón, a la vez que tiene todas las garantías de sufrir todo tipo de dolencias cardiovasculares.

El estrés, la ausencia de movilidad corporal, la adicción a teléfonos móviles y, sobre y ante todo, la ausencia de comunicación real entre las personas, genera un ambiente propicio al desasosiego, la angustia y la inseguridad; todo esto contribuye a la infelicidad del ser humano, ahogando todo cuanto hay de grandioso y noble en su personalidad subyacente. Es por este motivo que la educación de la mente humana es la base para mantenerse en un buen equilibrio emocional y corporal.

Por otra parte, y de manera definitiva, la Medicina Profética nos envía un claro mensaje: es difícil encontrar el equilibrio corporal y psíquico sino se mantienen unas relaciones adecuadas con el Creador del Universo, Quien asimismo es el Creador y Formador de nuestra propia existencia.

José Luis Mullor