17 junio 2024
Sufismo

Ilustración sobre la doctrina de los sufís

Abdul Karim Mullor

Ilustración sobre la doctrina de los sufís

Cuando nosotros hablamos del Sufismo y de los sufís, lo hacemos del Sufismo auténtico y de los sufís verdaderos. En cuanto al Sufismo auténtico, se trata de aquel profundamente anclado en el Libro de Allâh – exaltado sea – y la Sunna del Profeta – sobre él la plegaria y la paz -. No olvidéis entonces esto y no nos incluyáis en ese sufismo de salón, hoy tan de moda, propio de patio de colegio y  de teatro de variedades.

El Sufismo es un tratamiento para el alma, a fin de que ella se cure de sus enfermedades que la privan de gozar de una visión clara de la Verdad. Esta Verdad es Una, y ella engendra verdades parciales que son sus emanaciones legítimas y que se manifiestan según el lugar y las circunstancias en las que se expresan.

La Verdad trasciende el Universo aunque se manifiesta en él a la manera en la que este es capaz de contener.

¿Es que no ves que Allâh ha creado los cielos y la tierra con la verdad? Si quiere os suprimirá y traerá una nueva creación. (14-20)

La doctrina de los sufís es la máxima expresión de la Verdad en este mundo. Es una guía y una cura adaptadas al Ser humano a fin de que él despierte de su letargo y comprenda cuál es su naturaleza y el lugar que le corresponde en cercanía con su Señor. Y esta guía y esta cura proceden mediante unas pautas generales y otras específicas. Las generales, basadas en los pilares de la Verdad; las específicas, adaptadas a las circunstancias personales y del medio.

Hemos expresado en ocasiones que la principal dificultad en el camino de aquél que pretenda acercarse a Allâh es la ausencia de criterio para distinguir todo cuanto procede del nafs, del šaytan y lo que viene de Allâh. Esta confusión se da en el mundo físico (Mulk) y en el intermediario (Malakut). Es preciso recordar de nuevo que en este último se manifiestan los ángeles, pero asimismo los demonios y los genios.

En este Malakut muchos se pierden, ya que no saben distinguir entre las falsas luces de los šayatin y las luces de Allâh. Dicha confusión es alimentada por los deseos del nafs y es justificada por ellos.

Solamente una persona de sabiduría puede ayudar a discernir, y he aquí entonces la figura del maestro que se encuentra representada en el Corán en aquel episodio, conocido por todos, del profeta Mûsâ y al Jadir.

Se nos ha facilitado una quibla. Se podría decir que la quibla es la dirección necesaria para rezar. Ahora bien, sin pretender que esa idea sea errada, sí podemos decir, que esa quibla es asimismo una dirección segura donde dirigirse.

 La quibla de aquellos que siguen el “Camino de aquellos a quienes has favorecido” (ṣirata-l-ladina ‘anˤanta ˤalayhim) no es otra que la Verdad y el Conocimiento.

Transmitió Al Irbad Ibn Sariya – que Allâh esté satisfecho de él – que el Profeta – sobre él la plegaria y la paz – dijo:

Ciertamente, os he dejado sobre una guía blanca, su noche es como su día. Quien se separa de ella se encuentra en la perdición.

(Ibn Ali Asim – Kitab a-s-Sunna)


Si alguien no está dispuesto a aceptar aquello que contradice los deseos de su nafs nunca podrá avanzar en este camino. En su ignorancia tomará por bueno lo que le agrada y por malo lo que le desagrada.

Este es el punto crítico en el que la gran mayoría tropiezan y se apartan del camino. Pero la sede del nafs es el orgullo, y ella no suele reconocer su error. Es entonces que muchos utilizan lo aprendido para extraer beneficios materiales y saciar sus ansias de control y de poder extraviando todo incauto que cae en sus redes. Su nafs y su šaytan les han vencido y sometido.

Muchos quieren creer que con la recitación de letanías es suficiente para avanzar. Se acomodan a esta idea pensando que es este el trabajo que les llevará un día a la Presencia Santa. Aunque las recitaciones de Istigfar, Salat ˤala-n-Nabi y Tawhid son indispensables, por ellas mismas no podrán llevar a ninguna parte.

Se precisa entonces una transformación alentada por la disposición de seguir las voluntades divinas. Llegados a este punto, es necesario saber cómo conocer y distinguir dichas voluntades y ejecutarlas según la Verdad.

Las voluntades Divinas contradicen las del nafs de manera natural, pues, no olvidemos, que el nafs siempre tiende al mal, y si no fuera por el Favor de nuestro Señor estaríamos entre los perdedores. Aun así, para conocerlas es necesaria la guía de un maestro que haya surcado el camino hasta el final.

Un maestro verdadero te enseña el Camino de la Verdad y te dirige a él y en él. Cuando un falso guía, haciéndose pasar por maestro, te encamina hacia él, se engrandece a tus ojos y entra fraudulentamente en lo más sagrado de tu hogar e intimidad, entonces sabe que él no es otra cosa que un šaytan. Si le sigues será tu ruina. Si gritas, nadie te escuchará; si caes, nadie te levantará. Elegiste mal porque no te cuidaste de ejercer tu responsabilidad. No pidas a nadie cuentas. Pídetelas a ti mismo, porque no te apoyaste en Allâh para elegir; lo hiciste en tu nafs y en los cantos de sirena con los que otros como tú agasajaron tus oídos.

La “santa voluntad” del nafs no ha de confundirse con la Voluntad Santa de Allâh. La luz que emite el fuego no ha de confundirse con la Luz del Discernimiento y de la Verdad.

Un gran problema es el de aquellos que son incapaces de reconocer sus errores. Adornan sus originales ideas con el aura del secretismo que les hace parecer ser especiales, o al menos intentarlo. Los ignorantes, cuando escuchan una ocurrencia que jamás habían oído en otra parte, piensan que ello procede de una verdad escondida y accesible solamente para los elegidos. Este es pues el juego del šaytan que les ha tomado el pulso, tanto a los unos como a los otros.

Hermanos/as; el Tasawwuf (Sufismo) no es un juego. No es una plataforma para mostrarse. Quien juega con la Verdad caerá sin duda en el Makru-l-Lâh.

Ellos maquinaron y Allâh también maquinó, pero Allâh es el mejor de los que maquinan. (8-30)