Ibrahim: El empapado de Allah

«Muhyiddin Ibn Arabí nos propone en su libro «Los engarces de las sabidurías» (Fusus al-hikam) la figura de Abraham/Ibrahim como modelo de todos los creyentes, como arquetipo de todos los Ahl al Kitab o Gente de la Escritura.

Abraham/Ibrahim es conocido en el Islam también como Jalilu Allah, el amigo íntimo de Allah, el amado de Dios.

Nuestro sheij hace derivar el nombre árabe de jalil del verbo ‘tajallala’ que significa “impregnarse, empaparse”, dando a entender que  ‘jalil’ significa algo así como “el empapado de Dios, el impregnado de Allah”.

En palabras del cheij:

“Ibrahim recibe el nombre de Jalil por impregnar todas las cualidades que cualifican la Esencia divina y contenerlas en él igual que un color impregna un objeto coloreado de tal modo que el accidente, o sea el color, existe en todas partes de la substancia” Y añade: “Así, la cosa que impregna es alimento de la cosa impregnada, al igual que el agua impregna la lana y la vuelve más gruesa y voluminosa”. Es decir, como el agua que mezclada con la lana, toma posesión de ella y la embebe por completo».

Esa es la interpretación, el ta’wil que da Ibn Arabí al gesto de Ibrahim ocupándose de dar de comer a los tres ángeles que pasan por delante de su tienda: es alimentar a su Señor, o alimentar a su Ángel con sus criaturas y alimentar a éstas, además, con su Señor.

Es por y en su Señor como cada fiel puede alcanzar al Señor de los Señores que se manifiesta en cada Señor, es decir, es por tu fidelidad a ese Señor absolutamente propio y en su Nombre divino, del que cada uno es siervo, cómo y dónde se hacen presentes la totalidad de Sus Nombres.

“Volver a su Señor” es realizar esa pareja del fiel y su Señor, esa sizigia, que no es la Esencia divina en su generalidad, sino en su individualización en uno u otro de sus Nombres.

Eliminar esa individualización, sucedida en el mundo del Misterio, significa eliminar la dimensión teofánica propia del ser terrenal, su Ángel.

No siendo ya capaces de recurrir a su Señor, los seres se encuentran entregados a una Omnipotencia indiferenciada, equidistantes y confundidos en la colectividad religiosa o social. Entonces les es posible confundir a su Señor, al que ya no conocen tal como es, con el ser divino en sí, y pretenden imponerlo a todos.
Habiendo perdido el vínculo con su Señor propio, con la conciencia de Sí mismo, cada ego está expuesto a una hipertrofia, que degenera en imperialismo espiritual.
Con este imperialismo espiritual no se intenta que cada uno se una a su propio Señor, sino imponer a todos el mismo Señor.

Es lo ha sucedido con todos movimientos integristas en las religiones actuales. Para entender sus errores hay que recuperar la dimensión interior de las diferentes vías religiosas. El ejemplo de Ibrahim debe ser la guía, el imam, para todos los que siguen su doctrina.