17 junio 2024
Sufismo

Ibn Arabi, aquellas famosas gacelas y el Amor

Abdul karim Mullor

Ibn Arabi, aquellas famosas gacelas y el Amor

Antes de comenzar, quiero, desde aquí, enviar un saludo a mi amigo Fernando Mora, y felicitarle por su investigación profunda de la obra del eminente maestro de sabios, Muhiyyuddin Ibn ˤArabi. Ese tan conocido maestro murciano que tanto da y ha dado que hablar. Y sin pasar de largo sobre la alargada figura de éste genio singular, quisiera deciros unas palabras.

Aparte de haber sido plagiado por unos y otros, y de que se hayan editado publicaciones que falsamente se le han imputado, he de decir que no hay maestro al que se le haya comprendido tan mal, o al menos, de una manera tan pobre en el transcurso de la Historia del Islâm.

Sus escritos, he de decirlo sin ambages, han sido bien entendidos por muy pocos afortunados.

Ni que decir tiene que ese tan manido poema de las gacelas ha sido traído y llevado por todos aquellos, cuyo ideal masón, ha encontrado en él una rampa de salida que justifique su argumento de que todas las religiones son válidas en nuestros días.

Soy reacio, lo sabéis, a aceptar que ese poema sea suyo. No tengo pruebas de ello, ni a favor ni en contra. Pero a simple vista no parece que entre en la mentalidad del maestro. Unaz vez sustraído de la publicación en la que se encuentra, parece que se enfrenta de plano al resto de su obra.

¿Cómo es posible que la misma persona que manifiesta que todas las religiones quedan abolidas por el Islam, como las estrellas en el día por la luz del sol, pretenda decir que su corazón se ha convertido en templo de cada una de ellas, comprendiendo en ello el templo de los ídolos?

Es así como es comprendido dicho escrito por todos los entusiastas de ese ideario masón que tiende hacia una “religión universal”. Esa religión universal propuesta por el Daŷŷal sin duda alguna. Se ha comprendido mal, siento decirlo; peor que mal; peor que peor que mal.

Veamos. En la creación de Allâh existen el bien y el mal. El Creyente debe perseguir el bien y evitar el mal. De esto no hay ninguna duda. Nadie, hoy en día, por muy mal que entienda el citado poema, va a ponerse a sacrificar a los ídolos. Por mucho que creyera que Ibn ˤArabi lo justificara, en nombre de una hipotética religión del Amor, que todo lo permite según él, nadie cometería esa locura. Y menos, aunque, como casi nadie lo hace, comprendiera que es la religión del Amor.

Lo que queda meridianamente claro es que el poema en cuestión está sacado de contexto. Habría que ver qué es lo que hay escrito delante y detrás de él para establecer una puesta a punto. Todo lo que se encuentra sacado de contexto, incluso si se trata de una aleya del Corán, puede ser objeto de controversia y presentar más oscuridad que luz.

Vayamos entonces al corazón del Šayj al Akbar y al de todos aquellos que gozaron de un conocimiento y de un estatus de proximidad ante Allâh.

¿No es cierto que Allâh lo ha creado todo; e incluido en ello el mal y todo cuanto se refiere a él? ¿No es cierto que no podemos criticar a Allâh por haber creado el mal debido a una Sabiduría suya que nadie o casi nadie es capaz de comprender? Me diréis: “Si, es cierto”.

Si yo os pregunto: “¿Alguien es tan osado para señalar a Allâh o increparle por haber creado el mal, incluido en él el chaytan?”. Entonces responderíais que quien eso hiciera sería alguien realmente fuera de lugar, carente de inteligencia y sería irreverente hacia su Señor.

Y yo os pregunto de nuevo: “¿No ha creado Allâh un jalifa sobre la tierra?” Y me diréis: “Sí, es cierto”.

¿Entonces qué significa ser jalifa cuando Adam dio el nombre de todos los seres a los ángeles, incluidos los suyos propios?

Y a su vez es el Hombre el solo que aceptó la ‘Amana de Allâh, que no es otra cosa sino el conocimiento superior.

Cuando un conocedor de Allâh realiza su estado, su corazón se convierte en el receptáculo de toda la creación, sin que nada de ella quede fuera de él. ¿De qué otra manera pudiera él ser jalifa y que los ángeles mismos llegaran a postrarse ante él en reconocimiento de su superioridad?

Y bien, llegados a este punto, podemos asegurar de que en el Universo se encuentran el bien y el mal, ya que son obra ambos del Creador Inteligente y Sabio.

Es así que el corazón del ˤarif (conocedor de Allâh) contiene todo el Universo. El no podría apartar de éste algo que Allâh creó. Por lo tanto, ha de contenerlo todo sin exceptuar ninguno de sus elementos.

¿Acaso alguien en su sano juicio pondría fin a sus días por tener un alma que le sugiere el mal y porque el chaytan corra pos sus venas? ¿Gritaría alguien a Allâh quejándose de ello?

Es entonces que el corazón del próximo a Allâh comprende el Universo y sus elementos a fin de poder ejercer como representante Suyo.

Y él lo acepta, como acepta todo cuanto procede de Allâh.

Ahora bien, todos sabemos cuántas veces en el Corán Allâh dice que detesta a unos y a otros. Esos unos y otros forman parte de la Creación; y sin embargo Allâh los proscribe y los detesta.

A su vez, el próximo a Allâh, ama lo que El ama, y detesta lo que El detesta. Incluso, él ama y detesta aquello que por pertenecer al Universo se encuentra dentro de su corazón.

He ido despacio, a fin de que llegando al punto final haya pasado por las etapas correspondientes a fin de que, si no todos, la mayoría si hayáis podido comprender esta realidad.

En consecuencia, quienes mal entienden estas palabras de Ibn ˤArabi, provisto que él las haya pronunciado, no puede concluir al respecto que el maestro anime a ir a la iglesia, a la sinagoga o a la pagoda. ¡Qué más quisieran ellos!

En cuanto a la religión del Amor se refiere, casi nadie comprende lo que es. Nuestra religión, si vamos a analizarla en esencia, tiene un fin último y un fin intermediario.

En cuanto al intermediario se refiere, podemos asegurar que se trata de salvarnos de las llamas de Infierno y gozar de una salud y felicidad eternas.

En cuanto al fin último, se trata de conocer a Allâh. Y ese conocimiento es Tawhid (Unicidad). Es entonces que, una vez que se ha obrado el bien y evitado el mal, Allâh nos muestra para qué ha utilizado el uno y el otro. Y es en ese punto que uno, de una manera completa y verdadera, Le ama. Porque ama lo que El ama y detesta lo que El detesta. Él se convierte en el portavoz del Amado que no es otro que Allâh.

Espero que ahora todo haya quedado claro, y que los cantos de sirena de los pro-masones no resuenen como campanillas en vuestros oídos y corazones.

Amin.