Hikam Chayj al Alawi – Hikam 12

Hikam XII

No abandones tu alma (nafs), no la tomes en aversión, antes bien acompáñala e interrógala sobre lo que hay en ella.

Comentario

Solamente los brutos arreglan las cosas a golpes.

Solamente un cobarde huye del enemigo en pleno fragor de la batalla.

En una ocasión el Santo Profeta – sobre él la plegaria y la paz – regresaba con los musulmanes de una batalla. Uno de sus compañeros, satisfecho de haber participado en el ŷiḥad, cabalgando junto a Muḥammad, le dijo:

Enviado de Allâh, ha sido un honor y una satisfacción haber participado en el ŷiḥad.

El Profeta respondió:

Sí. Venimos de la Guerra Santa Menor y nos dirigimos a la Guerra Santa Mayor.

¿Cuál es la Guerra Santa Mayor, Enviado de Allâh? – dijo el compañero.

Y él respondió: “La que cada uno realiza contra sus pasiones”.  

Dijimos precedentemente que el alma (nafs) es el elemento espeso y opaco que nos priva de las luces divinas cuando sigue a sus pasiones. Sin embargo, al contrario, ella puede ser purificada y llegar a convertirse en un compañero fiel cuando obedece las voluntades divinas.

No se trata entonces de combatir contra ella ni de hacerla perecer. Se trata, al contrario, de educarla y adaptarla con paciencia y dulzura a su nueva realidad. Combatiendo sus pasiones, es cierto; pero no para hacerla perecer, sino a fin de sanarla de su enfermedad y de su rebeldía.

Supongamos que tenemos un recipiente lleno de agua pura. En ese momento, llega el diablo con sus proposiciones y el alma le atiende y obedece, ensuciado así el agua que contiene el recipiente.

Si obtenemos el producto adecuado, mediante un tratamiento especializado, diseñado por un maestro en el arte, podremos devolver al agua su naturaleza original. Estos maestros que diseñan los tratamientos purificantes son llamados en el argot propio del Taṣawwuf “médicos de los espíritus”. Su medicina es ancestral. Es la misma que Al Jadir aplicó al profeta Mûsâ en su encuentro en la confluencia de los dos mares[1].

Se trata de un arte ancestral, inteligente, luminoso, potente; capaz de transformar el plomo del “alma llena de vicios” en el oro del “alma aceptable y aceptada por Allâh».

Efectivamente, es más sabio el que piensa que el que embiste. Es sincero quien reconoce sus errores y vicios; y ese es el principio de la Sabiduría. Conociendo nuestros errores podemos erradicarlos. Y reconocerlos es de sabios; porque sabio es quien reconoce la realidad allá donde se encuentre.

Siendo así; ¿de qué se trata entonces esa Guerra Santa Mayor a la que alude el Profeta – sobre él la plegaria y la paz -?

Podemos decir que la guerra no es contra el alma en sí, sino contra su enemigo, que son sus vicios, sus pertenencias, sus inclinaciones y pesantez. Y esta guerra hay que librarla siguiendo el arte y la estrategia de combate.

Si uno, equivocadamente, arremete con todas sus fuerzas a campo abierto, sin un plan previo, sin calcular la fuerza de las acometidas del enemigo y las suyas, entonces podrá encontrar que todas y cada una de sus batallas terminarán en derrota.

Si el combatiente es inteligente esperará el movimiento del enemigo que, sin duda comenzará las hostilidades. De esta manera, el enemigo mostrará su posición, su rostro, su fuerza; incluso revelará su estrategia. Y este será el momento propicio para que el combate termine en victoria.

Cada victoria debilita al enemigo. Y obteniendo una victoria tras otra se ganará la contienda. Se entrará en el territorio del enemigo y se ocupará su campamento, posesiones y riquezas.


[1] Tal y como aseguran los historiadores andalusís, así como el Profesor y arqueólogo José Manuel Pérez Rivera dicho encuentro tuvo lugar en Ceuta en un lugar que se encuentra a medio camino entre el cuartel de Artillería y Benzú. Algunos ceutíes aseguran haber tenido encuentros con un personaje misterioso en diversos puntos de la ciudad. No son de extrañar dichos encuentros en esta zona, habida cuenta que Ibn Arabi declaró haberse encontrado con él en Algeciras (Al Ŷasira- l- Jadra de la época)

 Al Jadir goza de una larga historia que no ha lugar a relatar aquí. Podemos decir que aún se encuentra en vida después de muchísimo tiempo, y es uno de los portentos de Dios, que no tiene barreras ni límites para expresar Su poder. Su nombre significa “El verde”. Es llamado así porque se dice que donde él pisaba reverdecía la Tierra.