Hashim Cabrera, desde la playa de lo Real

Fragmentos selectos de su libro, «Una revolución de las almas» (Editorial Cántico)

«En un largo proceso que parte casi de Aristóteles, pasa por Averroes, Tomás de Aquino, Descartes, Kant, y desemboca en los filósofos materialistas de los siglos XIX y XX, el mundo tridimensional de las diversas tradiciones de sabiduría —cuerpo, alma y espíritu— se fue reduciendo —en el ahora viejo paradigma mecanicista moderno y en las religiones consuetudinarias— hasta llegar a un dualismo materia/espíritu, cuerpo/mente, etc., que finalmente ha quedado reducido al ámbito de lo meramente material, relegándose el alma, el espíritu e incluso la propia mente racional al ámbito de la subjetividad, de lo personal o no-objetivo.

En la visión tradicional, el alma ocupa un mundo intermedio entre lo sensible y material y el mundo de las ideas y arquetipos, mundo espiritual al fin y al cabo, de manera que transita entre mundos aparentemente antagónicos conciliándolos en diversas síntesis que dependen del grado de conciencia de quien las vive. El alma es el centro del ser humano, es esa identidad que a veces se identifica con el cuerpo o que incluso contempla su mente, o imagina o recuerda… Existe un alma carnal y un alma imaginadora, un alma autoconsciente y un alma espiritual. El alma transita entre todos esos mundos y mantiene su identidad. La muerte acaba con el alma sensible y con el alma psíquica pero el alma espiritual sobrevive y es la que, finalmente, participa de la verdad, de la realidad, de lo Uno. El proceso de cambio en el que estamos inmersos implica un trabajo sobre el alma y desde el alma, puliéndola, haciéndola cada vez más liviana y espiritual.

En la cosmovisión islámica esos tres planos serían el mulk, malakut y yabarut, el mundo sensible, el mundo del alma y el mundo de las ideas-arquetipo. El mundo intermedio es también el mundo de las realidades sutiles, el mundo dela imaginación activa, el mundo del ángel y de los genios, según ha advertido lúcidamente Henry Corbin. El mundo intermedio o malakut pone en contacto a los otros dos, un contacto que sería imposible sin ese alma imaginadora.

El ‘Pienso luego existo’ de Descartes supuso concebir la mente o alma psíquica como base de lo real, cuando, para las tradiciones de sabiduría es precisamente al contrario .

El ‘Pienso luego existo’ de Descartes supuso concebir la mente o alma psíquica como base de lo real, cuando, para las tradiciones de sabiduría es precisamente al contrario: es la realidad única, el espíritu, la conciencia, la que sustenta y crea la mente. Descartes, Tomás de Aquino, Aristóteles, Averroes, los filósofos de las Luces e incluso hasta los posmodernos, estaban —cada uno a su manera— convencidos de la superioridad de la razón y del mundo exterior y objetivo sin poder ni querer darse cuenta de que esa supremacía acabaría siendo, en el occidente cristiano, no sólo exclusiva sino excluyente de la vida espiritual y de otras formas de conocimiento,fundamentalmente de la gnosis: un verdadero desastre gnoseológico y supervivencial.

‘Pienso luego existo’ sólo nos lleva a uno de los términos de la ecuación. Como pensamos, como tenemos mente racional, disfrutamos de alguna suerte de existencia, aunque ilusoria, porque vivimos inmersos en la realidad, en la conciencia, porque albergamos ese Absoluto, uno y único, al que algunos seres humanos llaman Dios, para poder establecer alguna relación con él. Tal es la necesidad que las criaturas tienen de retornar a lo real, aunque en un principio esa relación se establezca desde la polaridad y la dualidad, desde el lenguaje de las palabras hasta, en el mejor de los casos, acceder a la lengua unificada del corazón.

El establecimiento de la dualidad cartesiana y la reducción del mundo intermedio, es decir, el mundo del alma, de la imaginación activa y creadora, al ámbito de la subjetividad y, por tanto, excluyéndolo de lo real y objetivo, abrió también un cauce para una más honda manipulación simbólica de la mente humana, que entonces podría ser ya inundada de imágenes y conceptos que, condicionando las conductas y actitudes de los seres humanos, servirían a los intereses de los mercados. El exagerado desarrollo de la publicidad ha sido una de sus más claras consecuencias.

Pensar y razonar es cualidad de ser humanos, pero ese pensar y ese razonar han de encauzarse hoy hacia nuestro regreso a la realidad, a la conciencia de unidad, desenmascarando los ídolos y fantasmas que pueblan un mundo que no es nuestro, desvelando, desde el mundo de las almas, la relatividad e irrealidad de nuestros egos animales, de nuestros demonios personales que asumen la forma del deseo, de la ambición, del miedo o del apego a las criaturas, haciendo de esa irrealidad un incomprensible contrapunto a la realidad sola, verdadera, esa que nos libra de nosotros mismos, de todos esos velos e idolatrías que nos mantienen prisioneros de nuestra mente dual. Sabiduría perenne, reverdeciente e imperecedera, conocimiento holístico que es el que ahora más necesita el ser humano para realizar el propósito de su creación (…).

Los libros revelados y un sinnúmero de tradiciones espirituales nos hablan de ese esfuerzo que los seres humanos hemos de hacer en la senda de la realidad si queremos alcanzar una paz verdadera, vivir una vida plena e integral, resolver de una manera positiva nuestras tensiones. Las grandes tradiciones filosóficas naturalistas también han buscado la manera de encarar ese desafío, de resolver de manera constructiva y racional esa tensión. En el caso del islam habrá de ser la tradición sufí, unitaria y emanacionista, neoplatónica, la que podría ayudarnos a recobrar nuestra identidad unitaria, a través del encuentro, de la meditación, el dikr, la contemplación activa, etc., de todas esas poderosas herramientas que nos ayudan a reconducir nuestra experiencia interior hacia la unidad, hacia la plenitud del vacío. En casi todas las tradiciones de sabiduría, luchar equivale a resolver las contradicciones, dilemas y paradojas de una manera dinámica y positiva, creacional. Luchar es esforzarse en una dirección resolutoria, de dentro hacia fuera, del pensamiento a la acción. Por eso el esfuerzo ha de estar sólidamente fundamentado en una experiencia interior, partir de una orientación clara y precisa hacia la unidad esencial, hacia lo Uno. Esa claridad y precisión han de buscarse entonces en lo más profundo del alma, más allá de nuestra mente dual, y para ello necesitamos eliminar todos los velos y adherencias que nos impiden discernir con nitidez la unidad absoluta que subyace tras todas esas diferencias, la irrealidad de todas esas divisiones instrumentales, los falsos conceptos y las ideas amañadas por intereses que nada tienen que ver con el conocimiento ni con la Verdad y sí con el ego y con el poder. ¿Tanto nos cuesta imaginar el bien y la belleza? ¿Tanto miedo o tanta vergüenza nos dan las buenas palabras, las bellas ideas? ¿Tanto hemos llegado a olvidar?

Recobrar el alma es reconducir nuestras naturalezas hacia el conocimiento de lo Uno y abrirnos al mundo, a los otros desde nuestro interior inmaterial e intangible, descubrir nuestra precariedad y relatividad esenciales. Desde ahí sí es posible el diálogo y la comprensión de los otros. Desde ahí sí es posible también dejar atrás las lacras imaginarias que nos impiden vivir una vida plena, dejar a un lado la arrogancia, la superioridad, la diferencia excluyente, una visión rígida y muerta, separadora, de nosotros mismos y del mundo.

La paz es nuestra condición original, el conflicto es una de las peores formas de idolatría

La paz es nuestra condición original, una condición que no es sino la expresión silenciosa y tranquila del recién nacido satisfecho con su madre, su sonrisa incondicionada por esos avatares que, sin duda, habrá de atravesar a medida que evolucione por este mundo. Condición humana que también aflora en la expresión del meditador que alcanzó por fin su nirvana, en el suspiro de los amantes que coronaron el clímax de su deseo.

El conflicto es una de las peores formas de idolatría: Hemos culpado a los demás de nuestras desgracias, de sus actitudes hirientes hacia nosotros, pero ¿Quiénes son los demás? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Quién, sino la realidad, la única realidad, es la única causa de nuestras desgracias y momentos felices?

Hemos de ser capaces de ver y vivenciar a esa realidad única en todo lo que nos está ocurriendo, en cada pensamiento que cruza por nuestra conciencia, en cada uno de los momentos que enhebran perfectamente nuestras vidas a la trama invisible de la Vida. En lugar de devolver la negatividad a quien no es sino un instrumento en manos de lo real, volvámonos hacia lo real implorándole la comprensión que necesitamos para alcanzar la paz, la comprensión cabal de nuestros actos pasados y presentes, su sentido en el contexto de nuestra vida completa hasta este instante preciso en que nos volvemos con todo nuestro ser.

¡Ay, seamos capaces de abandonar las idolatrías y paladear el bello regalo de la vida! ¡Ay, contemplemos la quietud, esa paz que siempre estuvo dentro de nosotros, librémonos de esa ficción que nos mantuvo afuera, entretenidos durante tanto tiempo! Ya sabemos que no hay sino la verdad, la realidad, lo Uno, y que, una vez hemos arribado a la playa de lo real, ya nada ni nadie podrá impedirnos que permanezcamos ahí o aquí, conscientes, vivos y agradecidos».

https://vidasana.org/noticias/el-librouna-revolucin-de-las-almashashim-cabrera-ha-llegado-el-tiempo-de-que-recobremos-nuestra-soberania-espiritual?fbclid=IwAR17OXDycCXsjOvTr9R5ESKGnuVycqbeXXo5XVyzKMQqJtr4YKeEHkhEKik